“Acción Nacional frente al Estado democrático”, artículo de Pablo Gómez
Las alianzas entre el PRD y el PAN volverían a éste último partido inviable, como instrumento para la democracia; aliarse con el blanquiazul no es algo que pudiera inscribirse en el propósito de la transición democrática.
"Acción Nacional frente al Estado democrático", artículo de Pablo Gómez
(Foto: Archivo Cuartoscuro/Guillermo Pera).

Durante los doce años en que Acción Nacional tuvo en sus manos el Poder Ejecutivo demostró que no comparte la lucha por conquistar un Estado democrático de derecho. La corrupción siguió siendo un sistema estatal, la legalidad mantuvo su inmensa deficiencia, la administración pública fue prácticamente la misma, la relación de poderes empeoró, la Constitución sufrió varios golpes promovidos por el Ejecutivo con reformas contrarias a los derechos humanos, la policía y la procuración de justicia siguieron el mismo patrón anterior, el diálogo político siempre se produjo en medio de engaños, los altos sueldos y demás privilegios de los mandos se incrementaron, el poder se siguió usando para propósitos ilegítimos, la impunidad se mantuvo en los más altos niveles mundiales.

¿Cuál sería el propósito de que desde la izquierda se buscaran alianzas electorales con el PAN aunque fueran “casuísticas”? La respuesta no podría ser más que obtener posiciones de poder, puestos, pero, ¿para qué? En 1999 el PRD abrió con el PAN unas negociaciones para convenir un programa hacia el Estado democrático de derecho y para postular candidaturas comunes con el fin de realizar la transición a la democracia sin el PRI pues este partido, a toda evidencia, no estaba dispuesto a avanzar en esa dirección. Las negociaciones se rompieron luego de que el PAN se atrincheró en que Vicente Fox fuera el candidato común y, por tanto, rechazó la propuesta del PRD de que la candidatura saliera de una votación abierta de carácter popular. En realidad el PAN no estaba en la ruta de la transición al margen del PRI sino que buscaba ganarle a éste pero sin llegar a las reformas democráticas, como en los hechos se pudo comprobar sobradamente. La alternancia no es en sí misma transición democrática.

En efecto, el PAN triunfó con Vicente Fox en la elección del año 2000 pero las cosas no mejoraron desde el punto de vista de la democracia y del Estado de derecho. La PGR resolvió el no ejercicio de la acción penal por la trama conocida como Amigos de Fox luego de que el presidente se negara al nombramiento de un fiscal independiente. Lo mismo de antes y lo mismo de ahora: el poderoso es exonerado por sus propios secretarios. Mas también Fox perdonó a los que robaron mil millones a Pemex para la campaña priista. Así fue todo, desde el toalla gate hasta la colusión del PAN con el PRI que llevó al desafuero de López Obrador para impedir que fuera candidato en uno de los actos de poder más antidemocráticos de la historia contemporánea del país. Se reeditó, en suma, el mismo sistema de corrupción con su impunidad y su arbitrariedad.

Calderón fue algo peor pues le pegó a la Carta Magna e inventó normas contrarias a los derechos humanos, declaró una guerra antinarcóticos que no puede ganarse ni perderse, llevó al Ejército al lodazal de los atropellos contra delincuentes y no delincuentes, por unos cuantos dólares transó la aplicación de los planes de Washington en materia de narcotráfico, aumentó los privilegios de la alta burocracia y no intentó en absoluto perseguir la corrupción. En ese sexenio hubo un alarmante aumento del número de presos políticos en el país.

Aliarse hoy con el PAN para integrar “gobiernos de coalición” no es algo que pudiera inscribirse en el propósito de coadyuvar a una transición democrática sencillamente porque ya vimos la inviabilidad práctica de ese aliancismo. Moreno Valle es como Mario Marín, el góber precioso, y Yunes sería igual o peor que Duarte, por sólo poner dos ejemplos. La tesis renovada dentro del PRD en el sentido de que hay que detener al PRI con alianzas electorales con el PAN es como apoyar lo mismo que se rechaza. El cambio de siglas no es nada. Lo importante, lo principal, la conquista de un Estado democrático de derecho, seguirá postergado.

La perspectiva de la izquierda en unidad consiste en alcanzar el tercio mayor en las elecciones dentro de una amplia concertación de fuerzas progresistas. Ningún gobierno de coalición con PAN o PRI podría ser progresista, ya no digamos democrático y menos aún apegado a la legalidad. El PRD no tendría que pagar por el fracaso del PAN como fuerza democrática sino a costa de lanzarse por una cuesta. Con las alianzas con el PAN en realidad el PRD se haría inviable como instrumento de la democracia. Veremos pronto hasta donde se puede evitar un nuevo desbarranco.



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