Vidas paralelas, artículo de Jaime Ornelas Delgado
A partir de una noticia, “Consuma Tribunal federal golpe a Carmen Aristegui”, el autor rememora la azarosa vida de "El hijo del Ahuizote", de los hermanos Flores Magón.
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(Foto: blogchinaco.wordpress).

ECONOMÍA A RETAZOS

Vidas paralelas

Por Jaime Ornelas Delgado

Al momento de estar leyendo la biografía de Ricardo Flores Magón, escrita por Juan Hernández Luna, apareció el miércoles 15 de julio en la primera plana de La Jornada la noticia: “Consuma Tribunal federal golpe a Carmen Aristegui.” En la página 11, los lectores pudimos enterarnos que la sentencia es inatacable; que su despido era legal; que el derecho a la información consagrado en la Constitución no importaba a tan elevado Tribunal; que la demanda de amparo ni siquiera debió haber sido admitida por “notoriamente improcedente” y que, ahora, Carmen Aristegui tendrá que enfrentar una demanda mercantil promovida por el Grupo MVS que la cesó para que la periodista pague una penalización equivalente a un año del salario que percibía, ¿la razón?, la terminación anticipada del contrato que firmó en 2009 la empresa con Aristegui. Mayor saña derivada de un odio patológico a la libertad de expresión es difícil concebir.

La dictadura de Porfirio Díaz padecía de ese mismo síndrome. Y de esa vesania fueron víctimas las publicaciones magonistas. En julio de 1902, Ricardo y su hermano Enrique Flores Magón se hacen cargo de la dirección de un modesto semanario antireeleccionista de escasa circulación en la ciudad de México. El hijo del Ahuizote, se llamaba la revista, cuyo primer número dirigido por los Flores Magón circuló el 16 de julio de 1902 y pronto alcanzaría un tiraje de 26 mil ejemplares, enorme si se toman en cuenta las circunstancias en que se editaba, la pobreza y el analfabetismo generalizado que, sin embargo, no fueron obstáculo para el éxito de El hijo del Ahuizote.

Desde el semanario se denunciaba y demostraba la corrupción de los funcionarios del gobierno porfiriano; no había complacencia, se acusaba, se señalaba a la par de ofrecer datos comprobados y comprobables, se daban nombres. Uno de ellos fue el del general Bernardo Reyes, quien era un dócil instrumento de la dictadura y supuesto delfín del Díaz, quien en 1901 lo nombra secretario de Guerra y Marina como reconocimiento a su labor de “pacificación” en Nuevo León y el aniquilamiento y encarcelamiento de los miembros del Club Liberal de Lampazos. Reyes, quien terminó levantándose en armas contra Madero en 1913, siendo secretario de Guerra fue acusado de formar un cuerpo militar de reserva del ejército que disponía de un número de efectivos que doblaba a los del propio ejército. Esa reserva militar había sido creada con el único propósito, decía El hijo del Ahuizote con extrema agudeza, de servir como fuerza disuasiva que reforzaba la aspiración de Reyes a suceder al anciano dictador. Resultado: Ricardo Flores Magón y su hermano Ricardo, son encarcelados el 12 de septiembre de 1902 y conducidos a la temible cárcel de Belén y liberados hasta enero del año siguiente.

Nuevamente en la dirección del semanario, éste sostiene su beligerancia y el 5 de febrero, con motivo de la celebración de la Constitución, se publica un Manifiesto a la Nación donde se convoca a la sociedad civil a continuar la lucha antireelecconista de los clubes liberales reprimidos por la dictadura. Ese mismo día, en los balcones de las oficinas de El Hijo del Ahuizote colgaba un enorme moño negro que enmarca una foto de Juárez y el siguiente letrero: “La Constitución ha muerto.” Al mismo tiempo, los magonistas inician una intensa campaña de agitación antireelecconista, que culmina con una manifestación el 2 de abril. Para el 15 de ese mismo mes, nuevamente es detenido Ricardo y varios de sus camaradas, que son remitidos a Belén; el 19 de abril, se publica en El hijo del Ahuizote un “Manifiesto a la Nación” donde se convoca al pueblo a organizarse y evitarla sexta reelección de Díaz y se pide a los clubes liberales nombrar candidato a la presidencia de la República.

Fue demasiado, un Tribunal decide incautar la imprenta y los talleres donde se edita el semanario y, además, emite un decreto manifestando que cualquier periódico que dé cabida a los escritos de Ricardo Flores Magón quedará sujeto a un proceso judicial. El decreto es avalado por la Suprema Corte de Justicia. Sin embargo, los liberales no cejan, compran una imprenta y vuelve a las calles El hijo del Ahuizote; toca el turno a las autoridades, que incautan la imprenta y destruyen las instalaciones del semanario; así ocurrirá sucesivamente hasta en ocho ocasiones, entre mayo y diciembre de 1903, en las que El hijo del Ahuizote pasa a ser El nieto del Ahuizote, más tarde El bisnieto del Ahuizote y, por último, El padre del Ahuizote. Poco después estallará la rebelión magonista que iniciará la caída de la dictadura.
(La Jornada de Oriente, 23/07/2015).



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