Totoaba legal, en puerta; tecnología brinda nuevas posibilidades
Este trabajo forma parte de la colaboración entre periodistas y científicos del Centro para la Biodiversidad Marina y la Conservación, A.C., como parte de la iniciativa dataMares y el Programa Marino del Golfo de California.
(Foto: CBMC A.C.)

Por: Enrique Alvarado, Andrés M. Estrada y Alejandro Melgoza*

Se acaban las opciones para los pescadores que habitan en el Alto Golfo de California y ahora viven una crisis socioeconómica que poco a poco los ahoga.

Por un lado, los traficantes extraen el pez totoaba —cuya vejiga natatoria cuesta más que la cocaína en el mercado negro y forma parte de un contrabando trasnacional— y, por otro, las redes donde se captura a esta especie afectan a la vaquita marina, cetáceo endémico al filo de la desaparición.

De acuerdo con la WWF, quedan menos de 30 ejemplares de la vaquita marina y podrían extinguirse antes del 2018, lo que motivó hace una semanas que el presidente Enrique Peña, el empresario Carlos Slim y el actor Leonardo DiCaprio firmaran un memorándum.

Por estas razones, hace una semana las autoridades mexicanas se reunieron con líderes pescadores para dialogar la opción de un aprovechamiento regulado de la totoaba mediante la pesca deportiva. De este modo, las comunidades protegerían a la especie en peligro de extinción, generarían ganancias locales y esto provocaría el alejamiento de redes criminales.

Esta decisión no está sujeta a un plumazo de un alto funcionario como se los hicieron creer en reuniones que tuvieron en la Ciudad de México la semana pasada; llevar a cabo un proyecto de este tamaño requiere valoraciones científicas de la población y una estrategia social que no genere cotos de poder, de acuerdo con expertos.

Estas valoraciones las debió generar hace años el Instituto Nacional de Pesca (Inapesca), entidad encargada de llevar a cabo estas investigaciones, sobre todo en un momento de crisis social, económica y ambiental. Desde el año 1975 no existe una medición oficial de la especie, la cual se decidió clasificar en peligro de extinción en la misma fecha, de acuerdo con el libro Pesquerías Globalizadas, coordinado por el doctor Salvador Galindo del Colegio de Sonora (Colso).

Ante el panorama descrito anteriormente, una nueva investigación publicada esta semana por el Instituto de Oceanografía Scripps y la Universidad de Texas abre la posibilidad de aplicar un método científico que permita conocer por primera vez un dato incógnito desde hace 39 años. El trabajo titulado Estimating fish abundance at spawing aggregation from courtship sound levels, de los investigadores Timothy J. Rowell, David A. Demer, Octavio Aburto-Oropeza, Juan José Cota-Nieto, John R. Hyde y Brad E. Erisman, está basado en el conteo de la especie llamada curvina mediante ecosondas e hidrófonos, en los cuales se pueden captar sus sonidos.

Los investigadores desarrollaron el método específicamente para la curvina, un pez popular en el Golfo de California de México, pero puede adaptarse a cualquier pez que produzca sonidos de cortejo, como bacalao, meros y totoaba, según un comunicado de prensa.

El doctor Aburto-Oropeza señala que esta investigación “podría arrojar datos suficientes para saber si se abre la totoaba a la pesquería deportiva. Ahora que si los datos dijeran que sí, de todos modos hay que pensar más allá de la parte biológica: si se abriera a la pesca habría que considerar cómo llegar a la equidad social y no repetir lo que ha pasado en otras pesquerías (…) Para mí (el proyecto de) la totoaba podría ser si los pueblos entienden que la únicamente manera de hacerlo es cooperando como lo haces en una comunidad donde todos trabajan unidos; en el caso de la totoaba la idea sería que solamente haya un número fijo de lanchas y esas lanchas no deben tener un dueño, es la única manera que se genera un esquema totalmente distinto”.

Por su parte, Rowell, autor que llevó a cabo la coordinación en el trabajo de campo, dijo en entrevista: “Para empezar a trabajar con la totoaba, tendríamos que empezar a trabajar con pescadores de confianza, tendríamos que pasar tiempo buscando el sitio de desove. No es un sitio fácil para trabajar pero tenemos mucha información”.

Para la maestra Catalina López-Sagástegui, coordinadora del Programa de Ciencias del Programa Marino del Golfo de California,“en el mediano plazo definitivamente esta tecnología puede hacer que las comunidades que van a depender de este recurso se sientan más conectadas a él, hay una manera de monitorearlo y un incentivo por el recurso para cuidarlo. Definitivamente el poder involucrar a los habitantes sean pescadores o personas que se dediquen a monitoreo con científicos o vigilancia, van a saber el valor que tienen en el agua y obviamente la idea o nuestra hipótesis es que genera un incentivo para que esos recursos sean protegidos de manera más eficiente, tanto por habitantes como por autoridades e incluso por científicos y organizaciones de la sociedad civil”.

Aun cuando el secretario de medio ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Rafael Pacchiano, y otros altos funcionarios aprobaron el esquema de trabajo de los pescadores mediante la pesca deportiva con anzuelo, como lo reconoció en entrevista el líder pescador Sunshine Rodríguez, Pacchiano no lo hizo de manera contextualizada con todo el proceso que conlleva.

“Estos permisos se entregarán a las cooperativas, a las federaciones. El número de captura todavía no nos han dicho de cuántas piezas por embarcación. Eso supuestamente para el mes que entra ya debe quedar definido”; comentó Rodríguez.

En respuesta a lo anterior, la Semarnat manifestó que el gobierno federal ofreció nuevas opciones a los pescadores del Alto Golfo de California, como la acuacultura y pesca deportiva, ya que el uso de anzuelo en esta actividad no es peligroso para la vaquita marina.

Con respecto a la medición de la población de la totoaba —necesaria para generar cualquier programa de aprovechamiento sustentable— la dependencia indicó que trabaja en un estudio con la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).

Por su parte, Inapesca aseguró que no le corresponde el tema del Alto Golfo de California sino a la Sagarpa, a pesar de que en su portal electrónico la institución señala que está encargada de la “investigación pesquera y acuícola con cobertura nacional en permanente contacto con el sector pesquero y acuícola, sus problemas de desarrollo y administración”.

 

Cómo medir totoaba

Medir poblaciones marinas o conocer su comportamiento implica todo un reto para la comunidad científica. Para calcular cuántos ejemplares de curvina golfina existen en las agregaciones de desove, es decir, los enormes grupos de peces que se congregan durante el periodo de reproducción, el grupo de científicos utilizó micrófonos submarinos, también conocidos como hidrófonos. Con ellos se pueden captar por ejemplo los sonidos que emite la totoaba, el pez más codiciado en el tráfico internacional de la fauna silvestre.

Timothy Rowell descubrió que las curvinas pueden generar sonidos de hasta 192 decibeles. “Es más fuerte que un concierto de rock“, agrega el Dr. Erisman. En caso de ubicarse en la superficie, el ruido sería ensordecedor para el oído humano, pero en el mar fungen como una especie de huella digital, diferente en cada uno de los peces estudiados.

Dichos aparatos, colocados debajo del agua mientras la embarcación se mueve, tienen la capacidad de percibir las fuertes ondas sonoras emitidas por los ejemplares machos, cuando buscan compañeras de apareamiento. Una vez que el ruido es producido por el pez, éste rebota en diferentes superficies como piedras y finalmente es registrado por un escáner que acompaña los micrófonos.

De acuerdo con la intensidad del sonido emitido desde la vejiga natatoria o la velocidad con que viaja, el escáner puede determinar si se trata de una curvina o una totoaba, así como dar indicios de la edad y el tamaño de los ejemplares. Si bien la técnica se desarrolló para la curvina golfina, los autores del estudio aclaran que puede adaptarse para cualquier especie que produzca sonidos de cortejo, como el propia totoaba, mero, bacalao y cualquier especie de curvina.

La importancia del método aplicado por Rowell y compañía, no sólo radica en el bajo costo que representa, su precisión o la colaboración directa con pescadores (punto medular de la investigación), sino que por medio de éste se abre la posibilidad de conocer cuándo y dónde se fecundan dichas especies, así como calcular sus poblaciones. Con esos datos, tanto administradores de pesquerías como pescadores, podrían diseñar métodos de manejo sustentable, que no sólo ayuden a mejorar la pesquería, sino también a conservar los recursos marinos.

 

Posibilidades para comunidades en crisis social

Ante la reducción de la vaquita marina, las políticas de prohibición en el Alto Golfo de California en materia de pesca han limitado cada vez más a las comunidades pesqueras de los pueblos de San Felipe en Baja California y el Golfo de Santa Clara en Sonora.

El último subsidio otorgado para salvaguardar a la especie fue el Programa de Compensación Social por la Suspensión temporal. El objetivo era contribuir a la conservación del cetáceo, cuya población se prevé que se extinga en 2018, según WWF.

Con el dinero del programa, muchos habitantes decidieron emprender negocios de ecoturismo, una de las opciones recomendadas por autoridades, pero la mayoría sucumbió por la falta de políticas públicas que les sirvieran de soporte, como declaró ante la prensa la organización Greenpeace. Ante la escasez de alternativas económicas reales, muchos pescadores se preguntan por un posible aprovechamiento sustentable del pez totoaba.

La pesca deportiva es una de las opciones que ha tomado fuerza. “Podrá ponerse en marcha para las localidades de San Felipe y Santa Clara, a partir de febrero del próximo año, puesto que la población ya se recuperó y es viable su captura”, señala en entrevista Sunshine Rodríguez, líder pesquero en Baja California.

Rodríguez apunta que desde hace poco más de dos años llegaron a un acuerdo sobre la veda pesquera en el Alto Golfo de California e hicieron una solicitud al gobierno federal para que se realizara un estudio de la biomasa de la totoaba. Tras ese lapso “el Inapesca nos está diciendo que la población está sana. Entonces para febrero es muy posible que andemos pescando totoaba, con permisos de pesca deportiva, que se van a dar a las cooperativas que se han visto afectadas”, dijo.

Hace algunos días, relata el líder pesquero, se reunió con el secretario Rafael Pacchiano, titular de Semarnat, con José Eduardo Calzada Rivorosa, de Sagarpa, y con integrantes de la Secretaria de Turismo, a quienes les presentó el proyecto y explicó cómo se llevaría a cabo.

La pesca deportiva se hará con anzuelo. Estos permisos se entregarán a las cooperativas, a las federaciones. El número de captura todavía no nos han dicho, de cuántas piezas por embarcación. Eso supuestamente para el mes que entra ya debe quedar definido. El programa consiste en llevar a turistas a pescar, la pieza por lógica se la queda el permisionario, al pescador se le va entregar una pieza simbólica de plástico, como le hacen en Los Cabos”, agregó

“La totoaba se entrega al gobierno para su subasta posterior a hacer un festival en San Felipe, el festival de la totoaba y promover turísticamente la venta tanto de carne de totoaba como de buche. Se promueve también a muchos proyectos de totoaba de maricultura para poder vender su carne internacionalmente el siguiente año y darle un sustento económico a las familias del alto golfo”, explica el cooperativista.

—De darse esta pesca deportiva de totoaba, ¿cómo los beneficiaría ustedes?—se le pregunta al líder pesquero.

—Primero se legalizaría su valor adquisitivo que tiene en el mercado oriental; dos, atraería turísticamente los más de 10 millones de pescadores registrados en Estados Unidos, trayendo turismo a los puertos, porque no va ser algo barato, y a como están ahorita los mercados orientales, se prevé que todas las especies (pescadas) se metan a una subasta para que pueden llegar a un valor mucho mayor que en el mercado negro hoy en día con los buches de totoaba. De la misma forma se presentó el proyecto donde el mismo sector pesquero se compromete a vigilar que no se utilicen redes porque es lo que supuestamente está acabando con la vaquita marina. Entonces de esa forma, gobierno y sector cuidarían el Alto Golfo.

A pesar de la propuesta realizada por Rodríguez, la cual presento ante funcionarios federales y fue vista con buenos ojos, uno de los primeros pasos para retirar la totoaba de la lista de especies en peligro de extinción es determinar qué tan abundantes son sus poblaciones, es decir, realizar un conteo como no se hace desde la década de los setenta. De esta forma, según explican científicos, se puede prevenir un aprovechamiento desmedido y se puede preservar la especie.

El método utilizado por los científicos de la Instituto de Oceanografía Scripps y la Universidad de Texas, podría ayudar en esa labor.

Desde la perspectiva del doctor Octavio Aburto, calcular la población de totoaba es el primer paso que el sector gubernamental debería tomar de cara a cualquier actividad de aprovechamiento que pretenda ser sustentable. “No solamente necesitas eso, necesitas fundamentar por qué vas a sacar a una especie en peligro de extinción para que la puedan pescar como se lo prometieron a los pescadores”, añade.

“Es factible en comparación con los subsidios que se han dado con todo lo de la vaquita, no sólo creo que exista en conjunto el conocimiento técnico de las organizaciones que han trabajado, sino creo que ahorita hay una voluntad desde el punto de vista pesquero para que esto de totoaba, que es solicitado por pescadores, pueda ser como una pipa de la paz entre lo que necesita la vaquita y la lana que necesitan los pescadores. Pero sólo si se piensa en un proyecto innovador de pesca deportiva”, comenta el académico.

 

El pez más costoso del siglo XXI

El pez totoaba es una especie marina endémica del Alto Golfo de California en los estados de Baja California y Sonora, la cual llega a medir hasta dos metros de largo, de acuerdo con la Conabio. Su pesca afecta a la vaquita marina, pues queda atrapada y muere en las redes de enmalle, empleadas para sustraer totoaba, según el CIRVA y la WWF.

Un kilo de buche o vejiga natatoria, cuesta en México aproximadamente 8 mil dólares, en Estados Unidos 16 mil y en Asia 60 mil, muy por encima de la cocaína. Una sopa con ese ingrediente se vende hasta en 4 mil pesos, sólo accesible para las élites asiáticas, según estimaciones del gobierno estadunidense.

En el país, durante los últimos 16 años se intentaron traficar 4 mil 50 buches, equivalente a casi 300 millones de pesos. Todas las incautaciones se realizaron en las entidades de Baja California, Sonora y la Ciudad de México. Sus principales puntos de salida son Tijuana, Ensenada y la capital del país, de acuerdo con solicitudes de información documentadas en el libro Tráfico de animales. Comercio ilegal en México.

Actualmente no existen cabezas del crimen organizado dedicado al tráfico de totoaba en los registros de la Procuraduría General de la Republica. Las detenciones se han centrado en los eslabones más bajos de la cadena de trasiego que son algunos pescadores.

Actualmente, sólo hay dos criaderos con manejo sustentable: en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y Earth Ocean Farms, en La Paz, Baja California Sur, ambos regulados y con miras al repoblamiento.

Se ven muchas totoabas cuando pescamos”, comentan pescadores, quienes se dicen preparados para atender un proyecto sustentable con esta especie emblemática en el Alto Golfo.

Con la implementación de estas actividades, aseguró Comunicación Social de Semarnat, la economía de esa región pesquera podría incluso triplicarse; asimismo, mencionó que la actual administración, por medio de Semarnat y Sagarpa, trabajará en conjunto con la Fundación DiCaprio y la Fundación Carlos Slim para generar alternativas de desarrollo económico para las comunidades del Alto Golfo.

No obstante, el aprovechamiento sustentable del ejemplar de la fauna silvestre más costoso del mercado negro mexicano requiere de una evaluación científica de su población como la investigación del Instituto de Oceanografía Scripps y la Universidad de Texas.

*Periodistas independientes especializados en temas ambientales. Autores del libro Tráfico de animales. Comercio ilegal en México.



Temas relacionados:
Medio Ambiente
SOCIEDAD
Tecnología




    Contenido Relacionado


  1. Vaquita marina une a Peña Nieto, DiCaprio y Slim
    Junio 7, 2017 8:16 pm
  2. Empresas de mariscos de EU llaman a boicotear el camarón mexicano para salvar a la vaquita marina
    Marzo 16, 2017 12:59 pm
  3. 22 lobos marinos mueren atrapados en redes en Baja California
    Marzo 8, 2017 7:47 pm
Escribe un comentario

Nota: Los opiniones aquí publicadas fueron enviadas por usuarios de Aristeguinoticias.com. Los invitamos a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características, será removido.

Si encuentras algún contenido o comentario que no cumpla con los requisitos mencionados, escríbenos a [email protected]