“Los jóvenes necesitan saber en qué país viven”: Élmer Mendoza
A partir de un secuestro, el narrador sinalonse desarrolla una novela donde mezcla la situación de violencia que vive el país con el misticismo del chamanismo.
Los jóvenes necesitan saber en qué país viven
Élmer Mendoza y portada. (Foto: H. González/Tusquets).

Élmer Mendoza concreta un proyecto que desde hace tiempo traía en mente: escribir una novela para jóvenes.

Creó a “El Capi” Garay, un chico inseguro que de pronto tiene que resolver problemas de adultos. Su padre es secuestrado y solo él puede negociar con los criminales. En paralelo el chico tendrá que viajar al jardín surrealista de Edward James, en la huasteca potosina para buscar una salida. Esta es la historia de El misterio de la orquídea calavera (Tusquets). En entrevista con Aristegui noticias, el autor que porta un orquídea blanca en la solapa para ir a tono, desmenuza las razones que lo llevaron a escribir su obra más reciente.

Escribe una novela sobre jóvenes pero carece de los elementos de la literatura juvenil de moda…

No tiene porque ser así. Nosotros tenemos nuestras propias tradiciones por eso escribí realismo. Aquí los jóvenes no enfrentan vampiros o zombis.  Nuestra realidad es tan fuerte que hace que nos olvidemos de tradiciones mexicanas como el chamanismo o el sentido de la vida que practicamos en nuestra cultura. La historia de Edward James me permitió adentrarme en estos elementos para que “El Capi” Garay descubriera que hay otras cosas dentro de la vida y que esas cosas pueden tener una influencia en lo su día a día.

La novela es iniciática. “El Capi” tiene que aprender a resolver problemas de adultos como negociar un rescate. Pero a la vez, el trayecto místico en Xilitla es también fundacional en términos espirituales. 

Para crecer debes enfrentar lo desconocido, incluyendo lo mágico de tu cultura. Cuando uno es niño los días de muerto va a los cementerios y es casi una fiesta; pero después de un tiempo, cuando eres adolescente reflexionas y te cae el veinte de lo que es eso.

¿Cambia la forma de abordar la violencia cuando se escribe para jóvenes, en relación a cuando lo hace para adultos?

Sí, el tratamiento del delito es más suave, no sangriento. En el rescate de El misterio de la orquídea calavera no hay disparos. Desde luego no lo hice consciente simplemente me salió así porque quería darle lugar a lo fantástico que es lo que me ayuda a articular los dos planos de la historia. También aquí el discurso es más atemperado. Hay menos adhesiones a mi estilo habitual. Esto no quiere decir que haga concesiones con los jóvenes porque sería insultar a los chavos, dado que son listos. Sin embargo sí creo que no confían en la lectura como un acto de aprendizaje profundo.

¿Por qué dice que no confían en la lectura como recurso de aprendizaje?

Ahora confían más en la imagen y lo inmediatista. Si intentas poner a reflexionar a un chavo sobre la frase de Sócrates, “solo sé que no sé nada”, se quedará varado porque los procesos de reflexión que practica son de otra naturaleza. La novela Momo de Michel Ende no tuvo tantos lectores como La historia interminable porque no es igual.  Cuando la use en el taller mis alumnos me decían que no la entendían porque era más pausada e introspectiva, fue necesario hacer lecturas juntos y ejercicios de interpretación.

¿Pero no es contradictorio? Se dice que no leen pero hay un amplio mercado de literatura juvenil.

Leen siempre que no les represente mayores complicaciones. Tienen noción del zombi o de los vampiros, no les cuesta meterse en esas historias. El problema viene cuando tienen que ir despacio e identificar procesos. Este es el juego que propone El misterio de la orquídea calavera, una ayuda para la formación de los jóvenes.

Francisco Hinojosa recién publicó Emma, él al igual que usted ya había publicado libros infantiles. Sin embargo, como usted también, apenas debutó en la literatura juvenil. ¿A qué lo atribuye?

En mi caso he hecho poco para niños y mucho para adultos. Los jóvenes se me hacen muy complicados. Siendo maestro descubrí que un muchacho que va a la secundaria puede encontrar como su peor enemigo a su papá o mamá, su esquema familiar es variable eso hace que tomarlo como personaje sea complicado. Tengo un amigo que escribe para niños y jóvenes; hace diez años me dijo, lo que les gusta a los jóvenes es el terror y se dedicó a eso. Le funcionó. A mí no me gusta el terror como tema pero sí el ser humano. Yo hablé con Hinojosa de esto y me recomendaba ir despacio porque es una literatura muy traicionera, es fácil que el joven identifique los errores. Aun así creo que necesitan saber en qué país viven.

 



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