Los “vuelos de la muerte”
En 2002, Arturo Acosta Chaparro fue acusado del asesinato de 143 personas en Guerrero. El general, condecorado en 2008 por "patriota y leal" tuvo un papel destacado en las operaciones conocidas como "vuelos de muerte", que consistieron en lanzar al mar Pacífico los cuerpos de los detenidos por presuntas actividades guerrilleras.
De acuerdo con investigaciones "Los vuelos de muerte" estuvieron a cargo del mayor Acosta Chaparro y del teniente coronel Francisco Quirós Hermosillo. (Foto: Oswaldo Ramírez/ Cuartoscuro)

I. El arribo a Guerrero

Arturo Acosta Chaparro es personaje emblemático en los relatos de tortura de todos los informes sobre el periodo de la Guerra Sucia en Guerrero, en los años 70.

Poco se sabe del militar Acosta Chaparro antes de 1974. Se ha escrito que formó parte de la Escuela de Paracaidistas de la Sección Segunda del Estado Mayor Presidencial, que participó en la Brigada Blanca –el grupo que combatió la guerrilla en los setenta–, y que estuvo en la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la policía secreta que combatió y espió a cualquiera tomado por subversivo.

Sin embargo, a partir de 1974, luego del secuestro y la liberación del entonces gobernador guerrerense Rubén Figueroa Figueroa, su nombre tomó relevancia. Acaso por su papel en la liberación del político priista, como parte de un grupo que se integró especialmente para el rescate.

A partir de ese momento, se convirtió en uno de los hombres fuertes de Figueroa, quien lo nombró delegado de Tránsito en la entidad, luego director de la Policía de Acapulco, y posteriormente jefe de todas las corporaciones policiacas del estado.

Al parecer fue por órdenes del entonces secretario de la Defensa, Hermenegildo Cuenca Díaz, que Acosta Chaparro llegó  comisionado a la 27 Zona Militar, en Guerero,  donde colaboró en la persecución y asesinato de Lucio Cabañas.

II. Los vuelos de la muerte

Acusado en 2002 del asesinato de 143 personas en Guerrero, Acosta Chaparro tuvo un papel destacado en las operaciones conocidas como “los vuelos de muerte”, que consistieron en lanzar al mar Pacífico los cuerpos –algunos todavía con vida– de los detenidos por presuntas actividades guerrilleras.

Estas operaciones estuvieron bajo la responsabilidad del entonces mayor Acosta Chaparro y del teniente coronel Francisco Quirós Hermosillo.

El informe de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp), elaborado entre 2002 y 2007 –año de su desaparición–, recopiló denuncias de estos “vuelos de la muerte” desde 1975.

De acuerdo con el informe de la Femospp, entre el 8 de junio de 1976 y el 7 de enero de 1979 se habrían realizado al menos siete vuelos para arrojar los cuerpos de los detenidos.

Poder extendido

El poder de Acosta Chaparro en Guerrro era extenso: no sólo encabezaba a las policías, también formó cuatro grupos a su mando: el grupo Chihuahua, el grupo Espindosky, el grupo Chumacero y el grupo Caballo.

Todos habían sido creados para combatir las actividades subversivas en la entidad, donde había destacamentados al menos 25 mil militares, de acuerdo con los informes de este periodo.

Acosta sólo rendía cuentas al gobernador Figueroa y se coordinaba directamente con las dos zonas militares del estado: la 27 y la 35.

De hecho, el informe de la Femospp advierte que durante su desempeño como jefe de la policía en Guerrero se volvió práctica común entregar a los detenidos por presuntas actividades guerrilleras al Ejército, que a su vez los trasladaba a la Zona Militar 27, ubicada en Atoyac y convertida en un especie de “campo de concentración”, de acuerdo con los testimonios.

Esta forma de operar, de entregar los civiles detenidos al ejército, se convirtió en norma. Cuando Rubén Figueroa nombró a Acosta Chaparro jefe de la policía, éste entregaba al ejército a todos los detenidos que consideraba tenían alguna vinculación con la guerrilla, en lugar de entregarlos a la autoridad civil”.

“Todos los detenidos que eran llevados allí eran torturados, a muchos los subieron en helicóptero para no regresar jamás o fueron llevados a Pie de la Cuesta o bien al CM1 (Campo Militar número 1, en la Ciudad de México)”.

 





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