Acosta Chaparro: una vida de versiones a medias
En los 70, protagonista de la Guerra Sucia contrainsurgente. En los 90, asesor del gobernador cuando la matanza de Aguas Blancas. En 2002 procesado por vínculos con el narco y luego exonerado. En 2008 condecorado por Calderón.
El general Arturo Acosta Chaparro era un especialista en contrainsurgencia, así lo demuestra el estudio "Movimiento Subversivo en México". (Foto: Oswaldo Ramírez/Cuartoscuro)

El pasado viernes 2o de abril, en la Ciudad de México, fue asesinado el general brigadier Mario Arturo Acosta Chaparro, señalado como uno de los principales responsables de los asesinatos, torturas y desapariciones ocurridos durante el periodo de la Guerra Sucia, en los años setenta.

Militar de carrera, especialista en inteligencia y contrainsurgencia, su carrera despegó en Guerrero, al lado del gobernador Rubén Figueroa Figueroa (1975-1981).

Transitó por todos los cuerpos de combate a las guerrillas en México: el Cuerpo de Paracaidistas, la Dirección Federal de Seguridad (DFS) y la Coordinación de Seguridad Nacional que encabezó Arsenio Farell Cubillas.

Desenmarañando la guerrilla

En su libro Fascinante y terrible Acapulco, el escritor Ricardo Garibay describió así a Acosta Chaparro: “El teniente coronel no bebe gota de alcohol; su gente dice que es durísimo pero justiciero; sabe la Biblia sobre los delincuentes, mafias de drogas y activistas de todas denominaciones; le va a sus manos y a nadie más, lo cual significa que confía sólo en su memoria y destreza, y es capaz de sacarle el hilo en unos cuantos minutos a un intríngulis criminal, o de ver conexiones secretas entre 20 sucesos aislados de una maraña guerrillera…”

Nacido en 1942, fue hijo del general brigadier Francisco Acosta Chaparro. Egresó del Colegio Francés Hidalgo para inscribirse en el Colegio Militar, de donde salió en 1962 como subteniente de Infantería.

Para 1968 ya era capitán segundo de Infantería y en 1974 fue nombrado mayor de Infantería. En 1970 tomó cursos en los Fuertes Bragg y Benning y más tarde se integró al cuartel general de la Brigada de Fusileros Paracaidistas. El grado más alto que alcanzó fue el de coronel de Infantería, en 1984, aunque años después fue elevado a general brigadier.

El “fantasma” de Aguas Blancas

A pesar de todos los testimonio y señalamientos, Acosta Chaparro salvó todas las acusaciones en su contra. La última: su presunta responsabilidad en la matanza de 17 campesinos en Aguas Blancas, Guerrero.

En aquel año de 1995, Acosta Chaparro se desempeñaba como asesor del entonces gobernador Rubén Figueroa Alcocer, el hijo del otro mandatario estatal a quien había servido entre 1975 y 1981, como jefe de sus policías.

La investigaciones presumieron que Acosta Chaparro había preparado el enfrentamiento en el que murieron 17 campesinos y otros 23 resultaron heridos. Habían sido emboscados por un grupo de al menos 400 policías, de las extintas corporaciones Judiciales y Motorizada.

Samuel del Villar, entonces secretario de asuntos jurídicos del PRD, exigió que Acosta declarara, pues había señalamientos de la presencia del militar en el lugar de la matanza, pero la denuncia no prosperó.

De servicio, hasta el final

Como especialista en contrainsurgencia, sus conocimientos quedaron plasmados en el estudio Movimiento subversivo en México. Todos sus archivos quedaron en poder del Estado Mayor de la Secretaría de la Defensa Nacional.

Ya retirado, librado de las acusaciones penales en su contra, Acosta Chaparro, siguió desempeñándose como asesor en materia de seguridad. Incluso ya en el gobierno de Felipe Calderón, con el entonces secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño.

Oficialmente, nunca se reconoció su participación como asesor de Calderón, pero la revista Proceso documentó su papel como emisario de las autoridades ante los cárteles del narcotráfico, con base en investigaciones en Estados Unidos.

Versiones periodísticas también aseguran que fue contratado por la familia de Diego Fernández de Cevallos para esclarecer el secuestro del panista, ocurrido el 14 de mayo de 2010, que en principio se presumió que había sido cometido por el EPR.

Nadie confirmó la versión, pero tres días después de la desaparición del político, Acosta fue baleado en la Ciudad de México. Ese fue el primer aviso.





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