El caso MVS-Aristegui sigue en la prensa
Escriben Jesús Silva-Herzog Márquez, Roberto Zamarripa, Álvaro Cueva, Bernardo Bátiz, Fernando Rivera Calderón, Alejandro Páez Varela y Agustín Basave, en sus respectivos medios.
Aristegui 2
(Foto: Iván Stephens/Cuartoscuro)

Columnas publicadas este lunes y el domingo, en diferentes diarios impresos y digitales del caso MVS-Aristegui:

Jesús Silva-Herzog Márquez/Reforma

“Los medios ante la Restauración”

La salida del aire de Carmen Aristegui parece una arrebatada decisión empresarial, una afrenta a su audiencia, un problema adicional para un gobierno cuestionado, un nuevo golpe a nuestro precario sistema de equilibrios. Si tiene elementos de verdad el argumento de que se trata de un pleito entre particulares, es innegable que tiene repercusiones políticas. El espacio de Aristegui no es el único islote de crítica en el charco de aplausos y silencios de nuestros medios pero ha sido desde hace tiempo una tribuna independiente de denuncia que es, en estos tiempos, insustituible.

Roberto Zamarripa/Reforma

“Se me perdió la cadenita”

Detrás de las mutilaciones -ceses laborales, amenazas, desapariciones, asesinatos de periodistas- está la interrupción de un circuito. No solo se silencia a un profesional y con ello acaba la rabia. No solo eso.

Se rompen eslabones de una cadena y se infringe el derecho de muchos de conocer, de saber, de tener a su mano información para discernir. Es un asunto básico de convivencia democrática.

Álvaro Cueva/Milenio

“México sin Carmen Aristegui”

Pues será el sereno, pero sí se siente la ausencia de Noticias MVS con Carmen Artistegui.

Es una gran pérdida, un error, un escándalo que no se deja de comentar y que nos coloca en una pésima posición mediática mundial.

¿Cómo es posible que yo me atreva a defender, una vez más, a esta periodista? ¿Cómo es posible que insista después de todo lo que he dicho en tantas plataformas?

“Verdad y libertad”

A los poderosos con inclinaciones autoritarias y proclividad a lo opaco lo que más les irrita es que alguien diga la verdad y se conduzca con libertad; no toleran por eso periodismo como el de Carmen Aristegui y no toleran relaciones de igualdad entre las personas, por que sus referentes para entender los lazos humanos que se establecen en la vida de comunidad no son sino entre jefes y subordinados. Por un lado están los que dicen, dictan, determinan, es el lado de ellos y enfrente y abajo, los que obedecen, callan y aplauden; para eso se les lleva a los actos públicos y a las reuniones privadas.

Fernando Rivera Calderón/Más por más

“Dos tipos de periodistas”

En los muchos años que llevo mirando desde adentro al periodismo nacional he detectado que hay dos tipos de periodistas: los que se ponen del lado de las empresas y/o gobiernos y los que se ponen del lado de las personas y la libertad de pensamiento. Parece un reduccionismo casi pueril pero cotidianamente vemos ejemplos en los medios de comunicación nacionales. Y no hay puntos medios.
Los que se ponen incondicionalmente de lado de las empresas para las que trabajan casi siempre encabezan los noticieros más importantes, reciben mucha publicidad, tienen salarios y pagos estratosféricos, porque son obedientes e institucionales. Arrastraditos en la oficina del jefe, pero mamoncísimos cuando andan entre los simples mortales, asumen que un periodista debe seguir la línea editorial de su empresa y desarrollan su servilismo como si se tratara de un talento. Ante la salida de Carmen Aristegui y su equipo de MVS insisten una y otra vez en que es un problema “empresarial” entre particulares. Y justifican que la empresa actuara así porque ella “no pidió permiso”.
Los que se ponen del lado de las personas y de la libertad en el ejercicio periodístico rara vez duran mucho en una empresa, porque consideran que su trabajo obedece a los intereses de las personas y que las empresas simplemente proporcionan la infraestructura para que el trabajo intelectual sea posible.

Alejandro Páez Varela/Sin Embargo

“Sí, después de Carmen, ¿quién sigue?”

Conozco a varios periodistas-intelectuales que no soportan a Carmen Aristegui. Les he escuchado reclamos en el pasado –es un ejemplo– por abrirle los micrófonos a Andrés Manuel López Obrador, a quien consideran un loco peligroso, un perro con rabia. Carmen les parece anodina; la llaman “parcial” –en el mejor de los casos– o “activista” porque toma causas y las impulsa con tal éxito que se vuelven tema de la discusión nacional.

No haría nada por obstruir su derecho a disentir con ella. Todo lo contrario, defiendo ese derecho aunque al tiempo que la critican, algunos usan sus espacios para cruzadas que no atienden los equilibrios que supuestamente incumple Aristegui: le tunden al líder de Morena –sigo con el mismo ejemplo– con tal intensidad que parece rabia.

Agustín Basave/ El Universal

A la memoria de Luis Donaldo Colosio, veintiún años después

Una periodista revela que la esposa del presidente compró una casa a una constructora favorecida por sus gobiernos con contratos multimillonarios. Semanas después, la empresa de radiodifusión donde se transmite su programa publica un par de insólitos desplegados contra ella y corre a dos reporteros que participaron en la investigación de la ahora famosa residencia presidencial. Les reclama haber mencionado su marca, sin permiso, como parte de una nueva plataforma de denuncias anónimas de corrupción en la que la periodista participa. Ella exige la reinstalación de sus colaboradores y es despedida. Un par de antecedentes: la periodista tiene una larga trayectoria marcada por valientes denuncias periodísticas contra abusos de poder, y la empresa tiene pendientes algunos asuntos legales en los que las autoridades tienen la última palabra y que, de resolverse desfavorablemente, afectarían su negocio.

Si esto hubiera ocurrido en Estados Unidos o en algún país europeo, donde los políticos encumbrados tienen mucho menos margen de maniobra para coartar la libertad de expresión, todo mundo allá habría creído que el gobierno propició el despido de la periodista. Pero resulta que sucedió en México, donde la ”antigua” Presidencia de la República controlaba totalmente a los medios y la ”nueva” está restaurando el autoritarismo que le permitía acallar voces críticas. ¿Cómo rayos pedir credibilidad para la versión de que la salida de Carmen Aristegui de MVS fue resultado de un mero conflicto entre particulares? No se han presentado pruebas del involucramiento gubernamental, pero la especie de que no tuvo nada que ver es simple y sencillamente increíble…



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