‘Donald Trump refleja los problemas y contradicciones de nuestra época’: David Rieff
El analista y periodista estadounidense publica su libro ‘Elogio del olvido’.
(Debate/Redacción AN).

‘Ensalzar el patriotismo es un error’, advierte David Rieff. El periodista estadounidense ha sido testigo de primera mano de algunos de los conflictos bélicos más llamativos de la segunda mitad del siglo XX. A partir de hechos concretos ha descubierto que el exceso en la glorificación de la memoria puede ser una injusticia con el presente, así lo advierte en su libro Elogio del olvido (Debate), título que bien se puede entender como la continuación de una de sus obras anteriores Contra la memoria.

Despreocupado de la crítica de sus reflexiones, Rieff -hijo de la intelectual Susan Sontag-, enfatiza que la memoria histórica se usa por los políticos para manipular la realidad.

En su libro cuestiona la memoria colectiva, ¿por qué?

Hay deficiencias muy importantes desde el punto de vista moral o intelectual, en nombre del uso de la memoria histórica. En realidad, las conmemoraciones o recuerdos colectivos pueden tener algún tipo de valor, pero también pueden ocasionar daños y atrocidades como genocidios o persecuciones. En los Balcanes, Irlanda del Norte, Israel o Palestina, la memoria histórica ha sido nociva para la paz.

¿Pero no es necesaria para aportar identidad?

Sí, pero la identidad puede ser negativa o positiva. Necesitamos hablar más en términos específicos y menos desde posturas sentimentales e incoherentes. El patriotismo, por ejemplo, puede ser tan bueno como malo; ensalzarlo es un error. Los nazis eran patriotas, no niego que haya patriotismos honorables, pero hablar de la memoria colectiva o de la solidaridad nacional como algo bueno por definición, me parece un error.

Donald Trump enarbola el patriotismo…

Es un ejemplo del uso peligroso del patriotismo, pero la historia de Donald Trump es complicada. A él lo veo como un síntoma de realidades más profundas, para mí él refleja los problemas y las confusiones de la época. Es algo más que un populista, lo más sencillo es reducirlo a eso, pero tendríamos que enfocarnos en lo que hay detrás. Me cuesta trabajo hablar del futuro, por eso no hablaré sobre el futuro.

Parte de su crítica a la memoria colectiva, se puede aplicar en las dificultades que ha enfrentado el proceso en Colombia.

Sí, hay que tomar conclusiones prácticas. En casos como el colombiano hay que elegir entre paz y justicia. En guerras sin ganadores ni perdedores, ¿cómo imponer una versión del pasado? Cuando existe el consenso en una sociedad, muy bien, ahí si podemos hablar de una posibilidad realista de alcanzar la justicia o la verdad, pero en Colombia no veo cómo llegar a la paz sin al menos un sacrificio bastante importante de la justicia. El gobierno no ganó la guerra y las FARC no la perdieron. No es mi posición, pero puede ser admisible que alguien diga que prefiere el conflicto en aras de hacer justicia.

Sus reflexiones apelan más que al debate ético a reacciones humanas.

Soy un buen lector de poesía porque creo que es un género que aporta profundidad. No es que ayude a determinar, pero sí ayuda a tomar otro tipo de reflexiones.

¿Cómo entiende el uso de esta memoria histórica en las naciones europeas donde estamos viendo el resurgimiento de los nacionalismos, como Gran Bretaña o España?

Gran parte de los ciudadanos de los países ricos tienen miedo del futuro y eso ha detonado la nostalgia por un pasado más coherente y menos complicado; y este pasado funciona como un refugio frente a un presente lleno de ansiedad y un futuro poco prometedor. Por eso la sociedad británica vota por cerrar las puertas. Añoran la Inglaterra de hace cincuenta años. En todos los países, incluyendo a México, se usa la memoria histórica para manipular la política. La memoria colectiva es una metáfora, los mexicanos no tienen un recuerdo de Porfirio Díaz, tienen una narrativa. Se habla de la memoria histórica, pero ya casi no hay quien sobreviviera a esa época.

¿Habría que ir de las memorias colectivas a las individuales?

Sí, pero tampoco se trata de caer en el olvido. Toda narrativa del pasado es un solo una versión y necesitamos entenderlo. En cada época el pasado se reinterpreta, por eso es necesario discutirlo sin los grandes preceptos de una “gran memoria colectiva”. Piense en la historia de la dominación de los estados del sur por la capital y el norte, en México nunca ha sido un gran tema y hoy un debate al respecto es necesario.

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