‘La literatura es una sana locura’: Ray Loriga
El escritor español habla sobre ‘Rendición’, novela con la que ganó el Premio Alfaguara 2017.
(Redacción AN/Alfaguara).

En un lugar indeterminado, una guerra indeterminada también, obliga a un conjunto de personajes a migrar. El recorrido los llevará a una situación donde la derrota y la supervivencia serán el pan de cada día. Fiel a una literatura impregnada de vitalidad, Ray Loriga (Madrid, 1957) publica Rendición, obra ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2017.

Con cincuenta años encima, el narrador asegura que el reconocimiento lo toma con serenidad. Seguidor del Real Madrid y enemigo de los teléfonos celulares, Loriga reconoce haber aprovechado hasta la última copa del exceso cuando tuvo ocasión de hacerlo y sin perder algo de rebeldía, asume que hoy vive con más recato.

Empecemos con el epígrafe que cita de Dostoievski: “¿Quiénes viven más allá de los cuarenta? Les diré quienes viven más allá de los cuarenta: los tontos y los sinvergüenzas?”

Así es y yo ya pasé de largo. Dostoievski es de mis autores favoritos y esa frase en concreto me hace mucha gracia porque ya elimina aquello de la voz de la experiencia. Hablando en serio, sabemos que es una broma. Afortunadamente la literatura es un oficio de largo aliento y envejecer no asusta, mira a Poniatowska sigue escribiendo muy bien.

¿Es un oficio de supervivencia también?… sus personajes son unos sobrevivientes.

Es un oficio de supervivencia en tanto que es un oficio incierto, de uno solo para uno solo. Cuando empiezas sueñas con vivir de esto, pero es muy difícil.  Ahora que tengo cincuenta me parece un milagro vivir del oficio que amo.

Y un sobreviviente también por lo vivido…

Sí, quizá porque tuve éxito muy temprano, comencé a viajar joven. Al no tener responsabilidades familiares puedo decir que aproveché hasta la última gota de la copa del exceso, pero sobreviví y no pasa nada. Aquí estoy.

Su literatura tiende ahora el intimismo y la introspección. Pasó de las comparaciones con los beats a la cercanía con autores como Cormac McCarthy…

Según circula el libro en distintos países, me he encontrado con referencias incluso con autores a los que no he leído. Me gustaría pensar que la novela se parece algo a mí, pero desde luego permeado por la literatura. Es normal que mis gustos literarios fueran cambiando y todo eso crea un bagaje que por supuesto influye.

Podríamos compararlo con la pintura y aquellos artistas que empiezan con lo figurativo y con el tiempo tienden a la abstracción.

Algunos, Antonio López siempre ha sido realista. Afortunadamente el arte permite caminos distintos y es cuestión de que cada quien encuentre el suyo. Picasso atravesó por varios periodos, por supuesto no me comparo con él, pero la evolución es una realidad.

Tengo que reconocer que me sorprendió que a usted le otorgaran el Premio Alfaguara. No diremos nombres, pero usted sabe el tipo de novelas que han premiado y la suya no tiene mucho que ver con la mayoría. Su libro es casi distópico.

Me hizo mucha ilusión que el jurado definiera al libro como una fábula luminosa. Entre la suma de rendiciones que acumula el narrador camina hacia una epifanía íntima, que es una victoria íntima y personal. Es decir, el personaje ve la luz al final del túnel. No es un gesto global, es algo íntimo porque creo que las soluciones íntimas son el principio de los remedios colectivos.

Volvemos al acto de resistencia…

Claro, la escritura es un acto de resistencia. Pavese lo decía muy claro: lo normal es no escribir. La literatura es una sana locura.

Es también un libro con un amplio sentido filosófico, porque sin precisar lugar ni periodo, coloca al ser humano ante una circunstancia precisa y el relato se sostiene en la forma en que la afronta.  

Intenté hacer una fábula hiperrealista: el lugar es un limbo. Hay personajes y un lugar sin precisar, pero al mismo tiempo quería ser hiperrealista en la circunstancia de los personajes afectados por la situación. Por eso hay tanto detalle.

Pero con una composición muy básica: un hombre, una mujer y un niño…

La escritura debe ser sanamente ambiciosa. Al situar la novela en espacios sin nombres ni referentes culturales concretos puedo incluir a lectores de cualquier tipo. Incluso en lugares como Turquía o Alemania, he encontrado respuestas afines a mis propuestas con lo cual. No quería que la localía limitase el tema, por eso la dejé en este limbo.

Dentro de este panorama de lecturas y más allá del dogma, tiene una interpretación mística o bíblica, incluso.

Sí. He leído varias veces la Biblia y sin duda es un libro que impregna.

Aunque no me lo imagino muy religioso…

No soy religioso de fe, aunque es un tema que me interesa. Me encanta Kenzaburo Oé y a pesar de que viene de una cultura totalmente separada a la mía, me identifico con su manera de contar las relaciones familiares y de poder. Por supuesto soy incapaz de compararme con autores de esa talla, pero el empeño es intentarlo.

En términos de la guerra que plantea en el libro, que es casi una guerra simbólica, la lectura me llevó a recordar la canción ‘There is a war’ de Leonard Cohen.

Probablemente me ronroneaba en la cabeza Leonard Cohen, un poeta al que admiro. Sus canciones se sitúan en los territorios simbólicos. Canciones como ‘There is a war’ o ‘El partisano’, son modelos de historia y dramas concretos. Es muy acertado que lo saques a colación porque es probable que fuera parte de la música que traía en la cabeza mientras escribía la novela. Su lenguaje es muy bíblico, como también lo es Nick Cave.

Dentro de esta alusión a lo simbólico, supongo que no es fortuito que en la narración no existan referencias al aluvión tecnológico contemporáneo. Usted, por ejemplo, carece de teléfono celular.

Tuve un celular, pero es verdad que hubo un momento en el que me dejó de interesar. Además, va contrario a mi trabajo. Al final es una posición personal. Hay colegas escritores buenísimos que están todo el día pegados al teléfono. En lo personal me estorba, en lo sociológico me interesa. Todos tenemos amigos que si olvidan el teléfono sienten el acabose. Yo llevo seis años sin uno y vivo muy tranquilo.

¿Lo condicionará el premio?

No, no siento ninguna presión para el próximo libro. Si ganas un premio importante joven tal vez sientas un vacio porque el Alfaguara sólo se obtiene una vez en la vida, pero alcanzarlo con veinticinco años de carrera es como llegar a un rellano para subir o bajar.

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