Mujeres ante la guerra: Despedir a una hermana
Cada día siete mujeres son asesinadas en México. La mayoría son adolescentes o jóvenes que dejaron hermanas o amigas con quienes compartían el espacio, el cuerpo, los sueños y las promesas de una vida que se abría ante ellas.
Retrato de graduación de la secundaria de Bárbara, tomado meses antes de su secuestro. Para la entrevista, su hermana usa un collar de fantasía con forma de mariposa, una de las pocas pertenencias que mantiene de Barbie: “Creo que las personas se alejan porque sienten que es contagioso”.

Texto: Lydiette Carrión. Fotografías: Ximena Natera/ Pie de Página (fragmento)

I. Tres hermanas

2011. María Eugenia, la mayor, tenía 21 años, estudiaba ingeniería industrial y trabajaba. María Fernanda, la mediana, acababa de cumplir 20 y entraba al segundo semestre de la carrera. Bárbara, la más pequeña, tenía 16 y cursaba la preparatoria. El 8 de agosto, Bárbara salió de casa en Cuautitlán Izcalli, rumbo a Luna Park, y desapareció. El mismo día la familia recibió un mensaje de texto que exigía el pago de un rescate. Luego no hubo más contacto. Bárbara estuvo en calidad de desaparecida durante un año y medio. Su cuerpo fue localizado en una fosa común. A finales de 2016, un hombre fue detenido como probable responsable de secuestro y homicidio. Así lo vivieron María Eugenia y María Fernanda.

María Eugenia, 26 años:

Mi paliativo siempre ha sido la evasión. El día del entierro de mi hermana, yo no estaba ahí. Es decir, yo fui pero… o sea, me bloqueé. Bloqueé todos los canales de emociones y sentimientos. Y dije: ‘pues voy a ir porque tengo que ir’ y me concentré en ponerme un vestido bonito y en quién iba a ir y en a quién iba a saludar, pero yo no estuve ahí. Decidí no hacer contacto con esas emociones. Después del secuestro tengo diez días en blanco. No tengo nada. No sé qué pasó, no sé qué hice.

Recuerdo que el día que pasó, estaba el negociador y yo veía la tele. Y subí los pies a la mesa. Estaba como cómoda. Bueno, no estaba cómoda pero así estaba mi posición. Y al día siguiente me levanté y el primer pensamiento que tuve fue: ‘esto sí pasó’. Y, no sé, creo que dejé de trabajar como una semana y luego volví a trabajar. Y seguramente esos días fui a declarar, y seguramente fui al emepé (ministerio público), pero yo no recuerdo nada de esos días. Me desconecté de tal manera…

Las primeras 24 horas las tengo más presentes. Fue un shock. Yo no podía creer lo que estaba pasando. O sea, yo había visto a mi hermana en la mañana y ya no la volví a ver nunca más. Pero en ese momento no podía entender lo que estaba pasando. Era como un sueño o un mal entendido, o sea, que iba a acabar rápido, que ese día o al día siguiente iba a tener a mi hermana de regreso.

Fue algo así como de mucho enojo. De enojo en realidad. No sabía quién había sido el responsable en ese momento, pero no se veía el trabajo de un profesional. Se veían chavitos, jugando a ser malos.

El chavo al que detuvieron había sido mi novio. Apenas lo detuvieron. Hace unos meses. En septiembre o en octubre (de 2016).

Sí. Sí fue él.

Desamor. Al principio me sentí culpable porque, pues era mi novio y conoció a Bárbara y a mi familia por mí. O sea, porque yo lo había acercado a mi familia y porque yo había puesto en peligro a mi hermana y después de eso porque, ¿cómo no me di cuenta?, ¿cómo no vi que había sido él? Era una persona nociva, era un drogadicto. Siempre mentía u ocultaba cosas. Eso lo vi en perspectiva. Todavía, después de que habían secuestrado a mi hermana, él seguía cerca de mí. Él me decía que me amaba y que quería regresar conmigo. Y cuando piensas eso… no sé, me sentía asqueada por la situación. ¿Cómo alguien que tuviste tan cerca te puede hacer algo así y todavía quedarse cerca?

Policía e impunidad. Yo, antes me sentía orgullosa de ser mexicana y a raíz de que pasó esto, me siento tan decepcionada de mi país. A todos los niveles. Mi mamá llegó a hablar con Margarita Zavala directamente y en frente de ella dijo, ‘yo me voy a encargar de que esto se resuelva y te voy a ayudar’. Y el caso se resolvió a la mitad del sexenio de Peña Nieto. Pero es a todos los niveles. Los ministeriales nos platicaban que ellos tenían que pagar sus propias balas, y arreglar sus patrullas. Si están contando la balas… ¡no va a disparar! Había patrullas a las que no les servían la reversa. Y los procuradores… mis papás no sé con cuantos procuradores han hablado y siempre son las mismas noticias: ‘estamos trabajando’, ‘estamos trabajando’, y no es cierto: To-do el caso lo vieron mis papás. Todo.

Mi mamá fue la que se metió al Semefo y mis papás fueron los que buscaron en la fosa común. Perder a una hija es lo peor del mundo. Yo no entendía el nivel de dolor hasta que tuve a mi bebé. Es el dolor más enorme del mundo y harías cualquier cosa por que no le pasara nada a tus hijos. Y no sólo le pasó a la hija chiquita de mi mamá, sino que mi mamá tuvo que ir y buscar el cadáver de su hija entre cadáveres de otras personas. Y además lo encontró. Yo no me puedo imaginar algo más horrible que eso: reconocer la osamenta de tu hija, ya ni siquiera el cuerpo. Alguien decidió que no era buena idea investigar, puso a mi hermana en una bolsa y la echó en un hoyo. Es algo totalmente antihumano.

Resiliencia. Con el tiempo, con los años, porque ya son cinco años, entendí que no era mi culpa. Yo no hice nada para que se diera esa situación. Pero es difícil porque era alguien cercano a mí. O sea, lo que le pasó a su hija fue por alguien que yo acerqué… Es algo con lo que todos los días lucho. El dolor… Te pasa algo horrible que no le debería pasar a nadie, que es perder a tu hermana de una forma tan violenta y tan antinatural. Y no sólo eso, después viene la segregación de la sociedad. Te conviertes en parte de los números rojos, ¿no?, de la estadística de víctimas y de familias, y es algo que tienes que vivir todos los días, o sea, todos los días sabes que tu hermana ya no está, que a tu hermana la lastimaron y que fue alguien que tú conocías, a quien tú acercaste. Yo todos los días lucho por no comprarme la culpa. Porque poco a poco… no sé si la palabra es que me pueda ‘perdonar’. Más bien, poco a poco comprender que yo no tuve responsabilidad en eso.

Familia. Mi hijo y mi esposo. Ellos no tienen por qué cargar con mi dolor. No se lo merecen. Y además ellos son mi razón para vivir y encontrar algo bueno en la vida otra vez. Pero es también decir que él (el asesino) no me va a quitar más de lo que ya me quitó. Él no va a ganar, porque él no va a arruinar mi vida, ni todo lo bueno que venga para mí. Él, cuando secuestra a mi hermana y la mata, él arruina su vida. Él pierde toda oportunidad para recuperarse y para hacer una carrera, o tener un trabajo, o una familia. Él tiró todo eso a la basura, porque a raíz de eso, él ha estado en juicios, y estuvo en la cárcel, y su hermano se suicidó. Tenía un hermano más chico que se suicidó. Él perdió ya su vida, perdió a su hermano. Sus papás, su economía, su estado de ánimo, su salud. Él ya, con la decisión que tomó de hacerme daño, de dañar a otro ser humano, él ya perdió su vida. Yo no dañé a nadie. Yo no me vengué ni lastimé ni maté a nadie. Yo siempre traté de actuar sin dañar. Que yo viviera triste y amargada, e inmersa en el dolor, siento que si eso pasara, él gana.

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    Enero 19, 2017 2:37 pm
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