La “capital de la pirotecnia”: de la fiesta a la tragedia
Lo que debía ser una fiesta por la temporada navideña, se convirtió en un infierno de luces de colores, humo y explosiones. Grupos de familias buscan a sus seres queridos que no aparecen en las listas de fallecidos o heridos.

Sebastián Barragán y Rafael Cabrera

En la entrada del pueblo, un gran arco de color amarillo anuncia: “Tultepec, Capital de la Pirotecnia”.

Hoy, esta localidad del Estado de México es capital de una tragedia que, hasta ahora, lleva consumidas 33 vidas, decenas de heridos y de desaparecidos.

El mercado San Pablito, donde ocurrió la cadena de explosiones el pasado martes, era una fiesta horas antes. Había gente que iba y venía por la temporada navideña.

Después, con la misma velocidad de un cohete que brilla y desaparece, todo cambió. Aquello se convirtió en un infierno de luces de colores, humo y explosiones.

El mercado era un conjunto de puestos en un área al aire libre, al fondo del pueblo de Tultepec. En total, 300 puestos organizados en un predio con forma de rectángulo.

De acuerdo con el Gobierno del Estado de México, tras la explosión sólo quedaron en pie 10 puestos.

En medio del campo quemado, justo en una esquina, el puesto marcado con el número 300 está en pie y sin rastros del fuego.

El resto del área quedó arrasada: paredes de ladrillo derruidas y fierros retorcidos, donde soldados y peritos continuaban la búsqueda de fallecidos o, quizá, la explicación de cómo inició aquel desastre.

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Durante años, la señora Eva Báez ha vendido fuegos pirotécnicos en su casa, en Nicolás Romero, Estado de México. Siempre conseguía que un familiar le llevara la mercancía desde el mercado San Pablito, en Tultepec. Excepto este año.

La tarde del martes 20 de diciembre, contra su costumbre, fue por primera vez al mercado. Entonces ocurrió una cadena de explosiones. Su familia, ahora, no la encuentra.

Su hija, Concepción Hernández Báez, ha ido a buscarla a hospitales y a la Procuraduría del Estado de México. La mujer de 65 años sigue desaparecida después de la explosión, junto a su hijo Getsemani, de 29 años.

“Mi mamá vende todos los años, en su casa, en Nicolás Romero. Siempre alguien le llevaba la mercancía. Pero este año no se pudo y vino al mercado. Es la primera vez que venía. No la encuentro. No nos dicen nada. No está en las listas. En los hospitales nos dicen que sigamos buscando, ¿pero dónde?”, dijo Concepción.

La tarde del martes, madre e hijo iban acompañados por una sobrina, de 27 años y embarazada de siete meses. Cuando empezaron las explosiones en San Pablito la ayudaron a salir corriendo y ya no pudo entrar a buscar a sus familiares.

“Mi sobrina tomó un taxi y se fue a la casa a avisarnos. Vino otra hermana acá a ver si hallábamos a mi mamá y mi hermano pero nada…”, agregó la señora Concepción.

La familia acudió a la entrada principal del mercado San Pablito. Pero la reja estaba cerrada. Dentro del predio, militares, policías y peritos revisaban la zona del siniestro.

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A unos kilómetros de ahí, afuera del Ministerio Público de Tlalnepantla, tres familias esperaban informes. Querían confirmar si sus familiares, estaban o no entre los fallecidos.

En el primer caso, se corroboró la identidad de un fallecido y funcionarios de la Procuraduría mexiquense presentaron a los familiares los servicios funerarios gratuitos que se harían cargo de llevar el cuerpo hasta el municipio de Ecatepec.

Aunque los cinco integrantes de la familia se veían cabizbajos, ya tenían certidumbre sobre el paradero de sus seres queridos; no fue así con las otras dos familias.

Al menos dos personas entraron a las instalaciones del Servicio Médico Forense para revisar dos cuerpos cuya identidad no se ha confirmado. En ninguno de los casos se encontró a la persona buscada, por lo que los afectados siguieron buscando en otros hospitales y servicios periciales.

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Un señor, quien prefirió guardar su nombre, ayer buscaba a dos menores de su familia: Óscar, de 9 años, y Juan Antonio, de 15.

Aunque en el mercado San Pablito supuestamente se prohíbe la entrada a niños, su presencia era tolerada.

“Vinieron para acá, andaban jugando. Y a la hora que empezó el siniestro, se hizo toda una confusión y ya no supimos más de ellos”, dijo.

En las listas de heridos o de personas fallecidas, tampoco aparecen el par de menores.

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Apenas el pasado 12 de diciembre, con motivo de la fiesta de la Virgen de Guadalupe, el Municipio de Tultepec y el Instituto Mexiquense de la Pirotecnia aseguraron que San Pablito cumplía con las medidas de seguridad para evitar una explosión en cadena y presumieron que el mercado pirotécnico era el “más seguro” de América Latina.

Hoy, en Tultepec no hay más fiesta. El aire sigue viciado al olor de la pólvora y la tragedia.

 





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