Hope, Riva Palacio, Salazar, Gil Zuarth y más columnas sobre #GobiernoEspía
Columnistas escriben este miércoles sobre el espionaje a periodistas y activistas en México, así como la respuesta del gobierno.

Alejandro Hope, en El Universal:

“1. En esta historia, hay dos hechos no desmentidos: a) las huellas de NSO, la hoy célebre empresa tecnológica israelí, son visibles en 76 mensajes de texto enviados a 11 teléfonos de personalidades mexicanas, y b) al menos tres dependencias federales (Cisen, PGR, Sedena) adquirieron software de NSO en los últimos seis años.
2. De lo anterior, no sigue necesariamente que alguna de esas tres dependencias haya intentado espiar a las personas mencionadas en la historia del New York Times… Pero, como sea, hay evidencia más que suficiente para iniciar una investigación”.

Raymundo Riva Palacio, en El Financiero:

“Es decir, si Pegaso sólo era vendido a gobiernos, el gobierno mexicano es el único que pudo haberlo utilizado contra objetivos que no son criminales ni terroristas”.

Ana María Salazar, en El Financiero:

Fue patética la reacción del equipo del presidente ante las denuncias hechas en el artículo del New York Times, señalando que el gobierno federal estaría involucrado en el espionaje de periodistas y líderes sociales. También un ejemplo claro de que el instinto de supervivencia política no empuja ni al presidente, su gabinete y el mismo PRI para tomar los pasos necesarios para dar la apariencia de ser un gobierno responsable”.

Roberto Gil Zuarth, en El Financiero:

“El caso del malware Pegasus debe motivar una investigación a fondo, pero también una reforma estructural a las capacidades del Estado para hacer valer la privacidad de las personas. Se debe, en primer lugar, poner orden en los mercados de equipamiento susceptible de usos indebidos: registros de proveedores, límites estrictos a la capacidad de adquisición, controles a la importación y a las ventas de segunda mano, inventarios en tiempo real de insumos, sanciones más severas a las prácticas de espionaje ilegal, etcétera. Nos jugamos la seguridad, la competitividad de la economía y, sobre todo, nuestros derechos. Es lo correcto: para no quedarnos nada más en la pura indignación”.

Juan Ignacio Zavala, en El Financiero:

“El espionaje del gobierno a periodistas y activistas ha generado la condena generalizada y no es para menos. Ese tipo de herramientas, indispensables para combatir al crimen, no deben ser usadas para escarmentar, chantajear, extorsionar o vigilar a quienes, nos caigan bien o no, hacen una labor indispensable en nuestra sociedad. Como en la bajeza no hay límites, me parece particularmente zafio el espionaje al hijo de Carmen Aristegui”. 

Jorge Castañeda, en El Financiero:

“No existe ninguna duda en mi mente de que por lo menos desde los años sesenta, el Estado mexicano espía, vigila, sigue e interviene los teléfonos de sus adversarios, sus críticos, y sobre todo, sus integrantes y adeptos (para que lo sigan siendo). En momentos cruciales, se agudiza la vigilancia; el resto del tiempo, seguramente se lleva a cabo con la misma ineptitud, desidia e impericia que caracteriza a las fuerzas del orden nacionales en otros menesteres. No hay nada nuevo bajo el sol”.

Carlos Javier González, en El Financiero:

“La reciente nota del New York Times en que evidencia que el Gobierno Federal mexicano espía periodistas y activistas, sería demoledora en una democracia, pero no en México. En México no pasa nada, se usan aparatos sofisticadísimos y carísimos para cuidar la imagen de los políticos, que asco. El Código Penal Federal establece la existencia de delitos por acción y por omisión. Por omisión – grosso modo – son aquellos en que sabiendo que se cometerán actos delictivos, no se hace nada por evitarlos”.

Carlos Puig, en Milenio:

“El lunes conocimos un informe detallado producto de una larga investigación encabezada por Citizen Lab, de la Universidad de Toronto, en que se probó que periodistas, miembros de organizaciones de la sociedad civil y activistas habían recibido mensajes de texto cuya intención era que hicieran clic en una liga que lleva a un servidor que daría acceso, a quien lo hubiera enviado, a todo el contenido de sus teléfonos inteligentes”.

Julio Madrazo, en El Financiero:

El Congreso de la Unión debe designar una comisión especial, que cuente con el apoyo de un grupo de abogados privados, así como de empresas extranjeras especialistas en investigación digital forénsica y de espionaje, para realizar esta tarea. Sin periodismo serio y sin una sociedad civil fuerte y activa el país no tiene futuro”.

Salvador Camarena, en El Financiero:

“La respuesta del gobierno de México en el caso del espionaje a través del malware Pegasus, es (…) la respuesta de alguien harto del cuestionamiento. De un equipo que ya se enconchó en una sola visión: nada les embona, de qué sirve lo que digamos, lo que ofrezcamos, nada será suficiente, nada será bienvenido. Nunca nos creyeron, ahora que se aguanten. Vamos a negar todo y si así lo desean que vayan a la ventanilla de partes y listo, de nuestra parte a otra cosa. Cerremos la puerta a la crisis”.

Carlos Zúñiga, en El Heraldo de México:

Platiqué con Alexandra Zapata, una de las víctimas del espionaje. Su trabajo en el Instituto Mexicano para la Competitividad ha sido fundamental para conseguir leyes que intenten frenar la corrupción que nos ha avasallado en los últimos años. Las fechas de los intentos de hackeo a su teléfono no son una coincidencia. Cuando alzaba la voz para que los legisladores tomaran en cuenta sus propuestas para construir el Sistema Nacional Anticorrupción, comenzó a recibir en su celular mensajes SMS con el programa ‘Pegasus’ de la empresa NSO Group. Luego de mandar a analizar su teléfono a Toronto, confirmó que los espías habían logrado su objetivo”.

Wilbert Torre, en El Heraldo de México:

El espionaje en México es una historia de muertos y desaparecidos, de amenaza, venganza, escalera al poder y lo que sea necesario para defenderlo. En México han existido espías temidos: Fernando Gutiérrez Barrios –llamado de manera siniestra El Policía Elegante– y Miguel Nazar Haro, jefe policiaco con fama de torturador. ¿Quién no conoce aunque sea por encima la historia de la temida Dirección Federal de Seguridad en los años de la guerra sucia?”.

Sergio Sarmiento, en Reforma:

“Desde que tengo memoria los críticos del gobierno mexicano han dado por hecho que son objeto de espionaje“.

Manuel J. Jáuregui, en Reforma:

“Los argumentos de nuestro Gobierno federal para negar su responsabilidad del espionaje invasor de la vida privada de periodistas, activistas y rivales políticos, equivalen a los que usan los ‘pozoleros’ del narcotráfico”.

Yuriria Sierra, en Excélsior:

“La nota del New York Times deja muchísimas interrogantes ( 1. ¿Qué instituciones son las que habrían pagado millones y millones por la adquisición del software? 2. ¿En qué fechas exactamente fue adquirido? 3. ¿Solamente el o los gobiernos pueden adquirirlo o cabría la posibilidad de que particulares también lo hubieran comprado?; 4. ¿Con base en qué certezas puede afirmarse que esos teléfonos fueron intervenidos?), lo cierto es que la tan escueta declaración que escuchamos del titular de la Secretaría de Gobernación, así como el comunicado de la vocería del gobierno federal del lunes por la tarde, más de 12 horas después de publicada la nota, dejan mucho que desear”.

Carlos Marín, en Milenio:

“El informe del Citizen Lab de la Universidad de Toronto sobre el espionaje a periodistas, defensores de derechos humanos y activistas en México es tan amplio que abarca unas 300 veces el espacio de este Asalto… La lectura íntegra del documento (profuso en información precisa, coyuntural y contextual) doblegó mi crónico escepticismo (dudo hasta de lo que pienso) porque, a diferencia de la nota periodística del NYT, me parece verosímil y lo doy por cierto”.

Rodolfo Higareda, en La Razón:

“Por una parte, difícil será probar que el Gobierno fue el autor del espionaje (aunque todos sabemos que no fue ni la Bimbo ni Bancomer). Y por otro lado, tampoco habrá un acto de contrición del periodismo que derive en la no difusión de material obtenido de manera ilegal o sin el consentimiento de las personas (por espionaje)”.

Jairo Calixto Albarrán, en Milenio:

“Lo dice el gran Púas Olivares en una de las películas de la India María que hicieron historia, y tenía la boca retacada de razón: ‘El futuro económico de México está en el camote’. Por eso un abultado pelotón de comentócratas de hueso colorado, pero sobre todo tricolor, hurgan afanosamente en sus teléfonos celulares buscando una señal que los asocie con el escándalo de espionaje vía Pegasushoy por hoy no eres nadie si el Cisen no sigue tus pasos, tu caminar, como un lobo en celo desde la PGR, donde está su hogar— para envolverse en el lábaro patrio pero, tristemente, solo se les aparece el Negro del Whats en todo su esplendor”.



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  1. #GobiernoEspía: todos los análisis en las columnas políticas
    Junio 20, 2017 9:44 am
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