La farsa del nuevo modelo educativo (III y último)
"La educación pública no puede estar sometida a la lógica de la obtención de ganancias que dictan el mercado y la economía capitalista", señala Carlos Herrera de la Fuente en su artículo.

Por Carlos Herrera de la Fuente*

4. Homogeneización y privatización de la formación docente

De todos los actores que participan en el esfuerzo educativo de México, ninguno ha sido tan criticado, atacado, vilipendiado y señalado repetidamente como el sector docente. Sobre él ha caído toda la responsabilidad del desastre de la educación pública en nuestro país, como si los maestros hubieran diseñado las políticas educativas que han prevalecido en México desde hace más de tres décadas; como si ellos hubieran decidido recortar el gasto público año tras año, y con él el gasto en educación; como si, en fin, ellos hubieran definido el rumbo del “nuevo modelo educativo”, el cual promueve una formación diluida, pobre en contenido, encaminada a la generación de fuerza de trabajo técnica, flexible y barata.

Sólo basta ver (si se tiene estómago para ello) el mediocre documental De panzazo (2012), codirigido por Juan Carlos Rulfo y Carlos Loret de Mola, para entender el grado de mala fe que se puede tener a la hora de culpabilizar a un único sector de la monumental catástrofe de la educación en el país. En lugar de reproducir puntualmente la historia de desatención, desinterés, corrupción, abandono, etc., por parte de los gobiernos federales priistas y panistas (para los cuales, en el fondo, desde su concepción neoliberal, lo mejor sería que toda la educación fuera privada), el documental intenta presentar a los maestros de primaria, secundaria y bachillerato como un grupo de flojos, indolentes, ignorantes, sometidos a intereses políticos externos, etc.

¡Cuando han sido los propios maestros críticos y combativos (los maestros de la CNTE) los que han denunciado, una y otra vez, el deterioro de las condiciones de la educación en México desde hace décadas!

Pero para los poderosos la historia se lee al revés. Son las víctimas del sistema económico (despótico y autoritario) las que resultan culpables de las desgracias que éste mismo genera. Perverso corolario. Porque si se quiere hablar de víctimas, se tendría que reconocer que fueron los maestros los primeros en sufrir el ataque del sistema desde los años 80, cuando las políticas públicas federales empezaron a cambiar de rumbo con la intención de proteger a los sectores privados e históricamente más favorecidos.

Para comprobar este dicho, es necesario atender el tipo de formación docente que procura el gobierno federal. No existe ningún país con sistema educativo de calidad que no prepare a sus profesores para atender los requerimientos docentes en el sector público.

En Alemania, por ejemplo, los estudiantes universitarios (de universidades públicas) eligen, desde el comienzo de sus carreras, el tipo de ciclo de estudios (Studiengang) que habrán de seguir. Entre las múltiples posibilidades existe la del magisterio (Lehramt), la cual se divide en dos partes: la primera, que se estudia en la universidad, y la segunda, que se realiza, en forma de práctica profesional (Referendariat) dentro de las escuelas públicas de educación básica, media y media superior. La primera fase concluye con los exámenes que exige la propia universidad pública, según los requerimientos y regulaciones de los distintos estados de la federación, y un examen estatal (cuyos contenidos están coordinados con los que imparte la universidad); la segunda fase, por su lado, se lleva a cabo durante año y medio o dos en una escuela pública, la cual es la que otorga la calificación final al joven profesor (quien tiene que realizar prácticas docentes durante su estancia en dicha institución). Una vez concluida toda la preparación académica, y habiéndosele otorgado el título correspondiente, el nuevo maestro solicita su ingreso a diversas escuelas, las cuales lo aceptan o no, según sus propias necesidades. No obstante, en términos generales, en un plazo no mayor a un año se puede encontrar un puesto como profesor.

¿Qué es lo que sucede en México? En México, gracias al impulso de Justo Sierra, se creó a finales del siglo XIX la Escuela Normal y de Altos Estudios, siguiendo un modelo inspirado en la educación francesa (la Escuela Normal Superior). Retomando este proyecto, durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas se fundó, en 1936, el Instituto de Profesores de Enseñanza Secundaria, que para 1942 pasó a llamarse Escuela Normal Superior de México. Con el paso del tiempo, y después de diversas movilizaciones estudiantiles y magisteriales, las normales urbanas y rurales terminaron por convertirse en el espacio principal de formación docente, fuente de profesores que trabajaban en la educación pública básica, media y superior. La importancia de las normales fue tal, que en 1980 se alcanzó una matrícula de 332 mil 505 estudiantes. Pero ése fue su máximo histórico. A partir de ese momento, todo fue en retroceso. Acusadas por el propio Estado de ser fuentes de disturbios e, incluso (en el caso de las normales rurales), semilleros de guerrilleros, poco a poco se les fue quitando apoyo y presupuesto, a tal punto de que, para el ciclo escolar 2014-2015, su matrícula había perdido más de 200 mil estudiantes, pasando a ser tan sólo de 121 a mil 342 (Laura Poy Solano, La Jornada, “Escuelas normales, en el abandono oficial”, 14/IV/2016).

De esta manera, el Estado neoliberal mexicano se ha ido desentendiendo de la formación docente, requisito indispensable para poder pensar en una educación de alta calidad. En lugar de mejorar el funcionamiento de las escuelas normales, los diversos gobiernos neoliberales decidieron que eran ineficientes y malas, y que lo mejor era buscar profesores en otros lugares. Con la finalidad enfrentar los problemas derivados de la pobre formación docente en la actualidad (resultado del abandono estatal de las escuelas normales), el “nuevo modelo educativo” propone la aplicación de un examen de ingreso al servicio profesional docente, así como uno de evaluación periódica para diagnosticar el nivel de los profesores y obligar a su actualización. Estos exámenes son los mismos para todos (dependiendo de la disciplina académica), y no toman en cuenta las diferencias educativas, socioeconómicas, etc., de cada región geográfica. De esta forma, se homogeneizan los criterios de evaluación y se pasan por alto diferencias sustanciales (entre ámbitos rurales y urbanos, por ejemplo) que las escuelas normales siempre tenían en cuenta.

Ahora bien, si el Estado le ha ido robando a las escuelas normales su función de formación docente, ¿quién se hará cargo de la preparación para los nuevos exámenes de ingreso y evaluación de los maestros? Aquí es donde aparece de nuevo la iniciativa privada para “resolver” el dilema.

En febrero de 2016, la SEP firmó un convenio con el Tecnológico de Monterrey por el que éste se comprometía a ofrecer cursos de formación docente junto con otras instituciones, como la Universidad Autónoma de Madrid, el Instituto Mexicano para la Excelencia Educativa A. C., la Asociación de Bancos de México (programa Bécalos) y Fundación Televisa (Noticias del Tecnológico de Monterrey, “Firman acuerdo Tec de Monterrey y la SEP para contribuir a la Reforma Educativa”, 18/II/2016). El programa coordinado por el Tecnológico de Monterrey se llama Formando formadores, y ofrece diversos cursos (de lectura, de matemáticas, de técnicas didácticas, de desarrollo de competencias educativas, etc.), casi todos con costo, sólo uno o dos gratuitos.

Así, el negocio es redondo. El Estado le quita recursos a las escuelas normales, de carácter público y gratuito; disminuye radicalmente su matrícula, con lo que le quita a México la posibilidad de contar con una institución pública que forme a sus futuros profesores; impone un examen homogeneizador que desconoce las divergencias radicales de la educación en el país, según las diferencias regionales, y, finalmente, decide que sean las instituciones de carácter privado las que se hagan cargo de la formación docente, por medio de una educación de paga, para que los aspirantes puedan pasar ese examen. Conclusión: privatización de la formación docente.

Con este último punto, queda ya completamente claro que la única función y finalidad del mal llamado “nuevo modelo educativo” es avanzar en el proceso de privatización de la educación, en el que ni la educación ni la escuela están en el centro, sino únicamente el mercado y los empresarios. Que, por ejemplo, sea ahora Televisa, a través de su “Fundación”, la que se encargue, junto con otras instituciones, de educar a los nuevos docentes, cuando ella ha sido una de las empresas que, a través de su lamentable y mediocre programación televisiva, así como por otros medios de comunicación masiva (radio, cine, revistas, etc.), se ha encargado de idiotizar a gran parte de la población mexicana a lo largo de décadas, representa un insulto, una verdadera afrenta para una institución histórica como la Escuela Normal Superior de México, que ha formado grandes profesores y ha cumplido una función esencial en el país.
No queda más que hacer una evaluación final de este desastroso “modelo” y proponer algunas alternativas hacia el futuro.

5. Conclusiones generales. Pensar en nuevos principios para la educación en México

Que la educación pública es ineficiente y mala, es uno de los clichés neoliberales que no guardan ninguna relación con la realidad. Sólo basta ver un poco más allá de las fronteras nacionales para darse cuenta de que esto no es así. Por supuesto, si se habla de un Estado que descuida y abandona su función como garante de la educación, que deja de invertir en el futuro de sus estudiantes y profesores, y prolonga las redes de corrupción hasta la mismísima aula escolar, entonces es claro que esa educación será pésima. Pero ello no tendría por qué ser así necesariamente. Por ejemplo, la educación básica, media, media superior y superior que se imparte en Finlandia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Bélgica y Alemania, líderes en este rubro a nivel mundial, es pública y gratuita. ¿Por qué no podría seguir siendo así en México, con resultados excelentes?

El gran pecado del Modelo educativo 2016 es que, tras una fachada aparentemente inofensiva e, incluso, “idealista”, oculta una trama de sometimiento de la educación a la lógica del mercado que sólo se puede develar con tiempo, investigación y paciencia. Esto es lo que hemos tratado de hacer en la presente serie de artículos. Lo que se ha demostrado es que, subordinada a un principio externo, el de la obtención de ganancias, la educación pública queda desvirtuada, ya que, en lugar de asumirla como un derecho constitucional que debe ser garantizado por el Estado, se le trata como un simple negocio, del que las agrupaciones, fundaciones, bancos, empresas, etc., pueden conseguir jugosos beneficios.

Pero la educación pública no puede estar sometida a la lógica de la obtención de ganancias que dictan el mercado y la economía capitalista. Su interés está en formar ciudadanos cultos, conscientes, críticos, comprometidos con los valores más elevados de nuestra época y capaces de enfrentar la realidad nacional e internacional con inteligencia, destreza y eficacia, y, además, de generar herramientas (teóricas y prácticas) que ayuden a transformarla. Por todo ello, en contra de este tramposo “nuevo modelo educativo”, que debería suspenderse de inmediato, nos atrevemos a plantear cuatro pilares básicos para cualquier proyecto educativo futuro en el país.

1. Educación no mercantil. No basta con preservar la gratuidad de la educación, garantizada por el artículo 3° constitucional, sino que es necesario desvincular el esfuerzo educativo del Estado de toda injerencia de empresas, organismos privados, fundaciones, patronatos, bancos, inversionistas, etc. Éstos no deben participar ni en la financiación, ni en la renovación ni el mantenimiento de la infraestructura escolar con la finalidad de obtener una ganancia de ello, ni tampoco deben inmiscuirse en la formación docente, obligación única y exclusiva del Estado. El Estado debe privilegiar el gasto en las áreas que beneficien a la mayoría (salud, educación, seguridad, etc.), y debe disminuir su compromiso con intereses privados, a los que protege al asumir sus deudas o exentarlos del pago de impuestos.

2. Separación de las instituciones educativas de las no educativas. De nuevo, no basta con garantizar la laicidad de la educación pública, tal como lo establece la Constitución, sino que el esfuerzo debe extenderse a la separación de los intereses de los educandos de cualquier institución que busque inmiscuirse en la labor de las escuelas para imponer una ideología o una visión particular del mundo. Éste es el caso de los partidos políticos, agrupaciones como la Unión Nacional de Padres de Familia, fundaciones como Mexicanos Primero, etc., cuyos fines, a pesar de las apariencias, poco o nada tienen que ver con el proyecto de mejorar la educación en el país.

3. Educación humanista y crítica. Reducir el currículo escolar a “conocimientos claves” significa condenar a la infancia y juventud a una ignorancia respecto a la cultura general. Es necesario fomentar una labor cognitiva que abarque aspectos globales del saber universal, en el que la lectura y conocimiento de los clásicos en todas las áreas y disciplinas, así como también de los saberes más novedosos, jueguen un papel central capaz de brindar una perspectiva amplia que ayude a entender al estudiante su situación en el mundo, así como la de la nación de la que forma parte. Aunado a ello, la educación debe ir más allá del conocimiento inmediato de contenidos, y debe promover el desarrollo de una conciencia crítica que no sólo se “adapte” a la sociedad que la rodea ni a las necesidades de la economía, sino que sea capaz de oponerles a ambas un pensamiento autónomo que cuestione sus fundamentos para transformarlas en beneficio de la mayoría.

4. Educación para transformar la sociedad. El conocimiento no debe ser únicamente entendido como una herramienta para el desarrollo individual, sino que, a la par, tiene que aprender a vincularse con la resolución y superación de problemas y conflictos sociales. La educación debe, entonces, estar vinculada desde el comienzo con la problemática social y con la necesidad de desarrollar una conciencia que ayude a pensar soluciones comunes para problemas comunes. La finalidad sería avanzar en la búsqueda de una sociedad más igualitaria, donde el desarrollo de las capacidades intelectuales y prácticas del individuo se coordinaran equilibradamente con las necesidades de la comunidad que lo forma.

Como se ve, estos cuatro principios nada tienen que ver con una concepción mercantil de la educación, y sí con una visión de futuro en la que ésta jugaría un papel esencial en el desarrollo de una sociedad más justa, libre y democrática. Para ello, sin embargo, es necesario insistir, hoy y siempre, en un punto fundamental e irrenunciable: la educación no es una mercancía.

*Carlos Herrera de la Fuente (México, D. F., 1978) es un filósofo, poeta y ensayista. Licenciado en economía por la UNAM y doctor en filosofía por la Universidad de Heidelberg, Alemania. Ha publicado dos poemarios (Vislumbres de un sueño, 2011 y Presencia en fuga, 2013) y un ensayo de filosofía (Ser y donación. Recuperación y crítica del pensamiento de Martin Heidegger, 2015). Ha colaborado en las secciones culturales de distintos periódicos y revistas nacionales: El Financiero, De largo aliento, El Presente de Querétaro, etc. Actualmente escribe la columna Excursos en el periódico cultural La Digna Metáfora, donde aborda temas relacionados con la estética y la literatura.



Temas relacionados:
Educación
Opinión
SOCIEDAD




    Contenido Relacionado


  1. La farsa del “nuevo modelo educativo” (Parte II)
    Mayo 15, 2017 12:23 pm
  2. La farsa del “nuevo modelo educativo” (Artículo)
    Mayo 7, 2017 6:10 pm
Escribe un comentario

Nota: Los opiniones aquí publicadas fueron enviadas por usuarios de Aristeguinoticias.com. Los invitamos a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características, será removido.

Si encuentras algún contenido o comentario que no cumpla con los requisitos mencionados, escríbenos a [email protected]