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“A 100 años de primer genocidio del siglo XX”, artículo de Jacobo Dayán
Caronte por Jacobo Dayán
(Foto: Xinhua)

De nuevo el Papa Francisco tuvo que resistir la arremetida de un gobierno, así como la cancillería mexicana protestó por la frase de la ”mexicanización” de Argentina, ahora fue Turquía quien protestó por la afirmación de que la masacre perpetrada contra los armenios fue el primer genocidio del siglo XX.

La palabra “genocidio” exalta los ánimos, prácticamente todos los perpetradores niegan los hechos y para las víctimas el reconocimiento del crimen más inhumano es una forma de reparación, cuando ese reconocimiento no llega, por tecnicismos legales o por negación de los hechos, la memoria de las víctimas es golpeada y la reconciliación no se logra.

Para el director y compositor Leonard Bernstein, el siglo XX fue el siglo de la muerte y Gustav Mahler su profeta, esta muerte “total” quedó plasmada en su última sinfonía, la novena. El siglo de la muerte sistemática comenzó con la Primera Guerra Mundial y el genocidio armenio que se convirtieron en la impronta del siglo pasado y lo que va del presente.

Bergoglio conoce de cerca la trágica historia del pueblo armenio: convivió en Argentina con una de las comunidades más grandes de esta diáspora. Durante una misa en la basílica de San Pedro, por el centenario del genocidio armenio que se conmemorará el próximo 24 de abril, el Papa Francisco citó las palabras de Juan Pablo II al afirmar que se trata “del primer genocidio del siglo XX”, instó a la comunidad internacional a reconocerlo como tal para evitar su repetición y remató con “ocultar o negar el mal es permitir que una herida continúe sangrando”.

El genocidio armenio es a Turquía lo que el Dalai Lama a China. La respuesta turca llegó de inmediato, como suele ocurrir ante cualquier intento de catalogar como genocidio a lo ocurrido en 1915, el ministro de exteriores calificó las declaraciones como inaceptables y lejanas a la verdad histórica y legal, agregó que las instituciones religiosas no deben acusar sin fundamento ya que promueven el odio. Esto de “verdades históricas” se viene repitiendo muy seguido, cuidado. Turquía escaló el conflicto al llamar al embajador del Vaticano en señal de protesta mientras que el portavoz papal terminó la discusión diciendo que tomaron nota de la queja pero sostuvo que las palabras del Papa fueron “claras como el sol”.

Por si fuera poco, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que exige a Turquía el reconocimiento del genocidio armenio, de inmediato Azerbaiyán, enfrentado a Armenia por el control de Nagorno Karabaj, condenó esta resolución y la calificó como el acto más vergonzoso en la historia de dicho Parlamento, agregando “esta decisión ha demostrado que en la Europa de hoy y en la mayoría de las instituciones internacionales creadas por iniciativa de Occidente, incluido el Parlamento Europeo, domina la doble moral y la islamofobia”.

Los armenios son el primer pueblo que adoptó el cristianismo. Por siglos, el Imperio Otomano dominó un inmenso territorio en el que convivían comunidades musulmanas, cristianas, judías y otros grupos étnicos y religiosos. A finales del siglo XIX los armenios, al igual que otros pueblos que vivían bajo el dominio otomano, comenzaron una lucha para independizarse. En los primeros años del siglo XX tomó el poder el movimiento Unión y Progreso, conocidos como “Jóvenes Turcos”, un partido político nacionalista y progresista. Durante la Primera Guerra Mundial, Rusia atacó al Imperio Otomano contando con el apoyo de un pequeño sector de la población armenia. En respuesta, el 24 de abril de 1915, el gobierno ordenó la detención de líderes armenios y posteriormente la deportación masiva de la población de la región hacia Siria e Irak.

Estas “caravanas de la muerte”, consistían en largas caminatas durante las cuales murieron cientos de miles de armenios a causa del hambre, la deshidratación, el clima extremo o la violencia. El número de víctimas se calcula en alrededor de un millón y medio de personas.

Terminada la Primera Guerra Mundial, el Imperio Otomano y las potencias aliadas firmaron el Tratado de Sevres, mediante el cual se desintegraba el Imperio Otomano y Armenia lograba su independencia. El gobierno otomano estableció un tribunal en el que enjuició y condenó a varios oficiales por haber actuado en contra de la humanidad y la civilización, sin embargo, en 1923 con la llegada al poder de Mustafá Kemal Ataturk, el Tratado de Sevres fue sustituido por el Tratado de Lausana que no hacía mención alguna de los crímenes cometidos durante la guerra.

Desde su fundación Turquía ha negado el genocidio y afirma que enfrenta una campaña sistemática de difamación, argumentando que los asesinatos no formaron parte de una política sistemática de exterminio y que la mayoría de los muertos se debieron a la guerra, en particular a las hostilidades ocasionadas por la alianza entre algunos armenios y los rusos.

En el marco legal turco, el artículo 301 del código penal, considera ilegal “insultar o debilitar la identidad turca”. Basta recordar las acusaciones y acoso a Orhan Pamuk, Nobel de literatura en 2006, por afirmar que miles de kurdos y un millón de armenios fueron asesinados, o el caso del asesinato del periodista turco-armenio Hrant Dink que produjeron una reacción social bajo el grito de “¡Todos somos armenios!”.

Dentro de los que reconocen el genocidio se encuentran: Uruguay, Rusia, Francia, Italia, Alemania, Holanda, Bélgica, Polonia, Lituania, Eslovaquia, Suecia, Suiza, Grecia, Chipre, Líbano, Canadá, Venezuela, Argentina y un buen número de estados de los Estados Unidos.

En 1985, el Relator Especial designado por la Subcomisión de Prevención de Discriminación y Protección a las Minorías de la ONU, Benjamin Whitaker, reconoció que: “[…] las acciones emprendidas por los Nazis no han sido el único genocidio cometido en el siglo XX, ya que, entre otros casos, se encuentra la masacre cometida por los otomanos en contra de los armenios en 1915-1916.”

El término “genocidio” fue acuñado en 1944 por el polaco Raphael Lemkin quien afirmaba que los crímenes perpetrados contra los armenios y lo que ocurría en la Alemania Nazi se trataba de un crimen distinto a lo que se tenía en la regulación internacional. Varios esfuerzos culminaron en 1948 con la creación de la Convención para la prevención y sanción del delito de Genocidio y posteriormente en 1998 en el Estatuto de Roma que da forma a la Corte Penal Internacional.

Hace unos días escuché una maravillosa entrevista sobre este tema realizada por Ikram Antaki a José Sarukhán. En ella Antaki comenta: “para que no ocurra otra vez, para no negarse lo que no debe negarse, para que los muertos tengan aunque sea un pequeño lugar en nuestra memoria, para conservar los libros, para conservar la historia, para conservar los sufrimientos que de eso se hace historia, por eso estoy hablando de armenios hoy”. La entrevista completa puede escucharse aquí: http://maruansotoantaki.com/2015/04/ikram-antaki-y-jose-sarukhan-sobre-armenia/

Es tiempo de reflexión, de buscar la memoria, la justicia y la reparación. En abril se conmemoran varios genocidios, Ruanda el 7, Camboya el 17 y el armenio el 24. El centenario del primer genocidio del siglo XX puede ser un momento en que la humanidad aprenda a escuchar y reflexionar ante el horror,  recordar a las víctimas, callar ante el fracaso y escuchar la Novena Sinfonía de Mahler.

@dayan_jacobo

 

Jacobo Dayán

Especialista en derechos humanos y analista internacional. Fue Director de contenidos del Museo Memoria y Tolerancia de la ciudad de México.

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