Oswald y su misterioso paso por México
En septiembre de 1963 Oswald viajó en autobús a la Ciudad de México y visitó las embajadas de Cuba y la Unión Soviética, en un esfuerzo por conseguir permiso para viajar a Rusia a través de Cuba, lo cual no logró.
Oswald: el misterioso paso por México

Lee Harvey Oswald -a quien las investigaciones oficiales señalaron como el asesino del presidente estadunidense John F. Kennedy- habría estado en México semanas antes del crimen que conmocionó a toda Norteamérica el 22 de noviembre de 1963.

Oswald habría sostenido reuniones con diplomáticos de la Unión Soviética y Cuba. Este capítulo en la vida de Oswald -asesinado dos días después de su detención- es confuso, pues el material al respecto fue destruido por las agencias de inteligencia estadounidenses.

De acuerdo con los documentos, el asesino estuvo en México a finales de septiembre de aquel año. El Archivo General de la Nación guarda la forma migratoria de entrada y salida del país con la firma: Lee H. Oswald.

Visitó durante 2 días consecutivos a las embajadas de Cuba y de la Unión Soviética con el objetivo de tener una visa para poder visitar legalmente a estas naciones, pero los funcionarios se la rechazaron.

El periódico Excélsior reconstruyó los días que Oswald pasó en el DF, buscando conseguir una visa cubana de tránsito hacia Rusia, a través de los testimonios a la Agencia Central de Inteligencia (CIA); a la entonces Dirección Federal de Seguridad (DFS) o la agencia de inteligencia rusa KGB.

Incluso, un ex estudiante de la UNAM aseguró que estuvo con él en la Facultad de Filosofía y Letras; además de que se menciona que acudió a ver una corrida de toros.

Lee Harvey Oswald llegó a Nuevo Laredo, Tamaulipas, el jueves 26 de septiembre de 1963, entre la 1:30 y dos de la tarde, en el autobús No 5133 de la línea Continental Trailways, que había abordado entrada la madrugada en Houston, Texas, pasando por Corpus Christi y Alice.

Según la biógrafa de Lee Harvey Oswald, Priscilla Johnson Mcmillan, por lo menos cinco años antes de que él pisara el Distrito Federal, se había obsesionado con ir a La Habana y convencer a los cubanos que lo dejarán vivir allá.

El viernes  27 de septiembre, Lee Harvey Oswald llegó a la capital, donde se trasladó hacia el hotel Comercio, en la colonia Buenavista. Después se dirigió al consulado cubano.

Presentó a Silvia Tirado de Durán, secretaria del cónsul, los documentos que había adquirido durante los tres años que vivió en Rusia y que creyó suficientes para lograr el permiso: un pasaporte que acreditaba su estadía en la URSS; la cédula de trabajo de ese país escrita en ruso; cartas en el mismo idioma y su certificado de matrimonio con la ciudadana soviética Marina Prusakova.

Durán fue arrestada un día después del asesinato de Kennedy y narró detalles sobre su entrevista con Oswald a Fernando Gutiérrez Barrios, subdirector Federal de Seguridad.

Declaró que lo reconoció por la televisión como el mismo individuo que había atendido. Cuando la secretaria negó la visa cubana al estadunidense por no contar con la soviética, Oswald pidió hablar con su jefe, el cónsul Eusebio Azcue, para ver si podían darle un permiso para viajar sólo con los documentos que llevaba, pero el funcionario respondió negativamente.

A pesar de que  a Lee Harvey Oswald se le cerraron las puertas de ambos consulados, al día siguiente, el sábado 28, no se dio por vencido y regresó a las dos sedes. Incluso, habría rogado que le dieran la visa y se soltó llorando, porque temía que el FBI lo mandara matar.

El domingo 29 de septiembre de aquel año fue el único día que no se tiene registro de un Oswald persiguiendo obsesionado las visas socialistas. Las horas las aprovechó para pasear por la ciudad, asistir a una corrida de toros e incluso visitar museos.

Pero como Oswald ya había agotado cualquier posibilidad de volver a los consulados, el lunes 30 se le ocurrió ir a la UNAM en busca de alumnos pro castristas que le ayudarán a persuadir a la embajada cubana para otorgarle la visa. Aquel día Oswald comenzó los preparativos para regresar a Dallas, Texas, a lado de su esposa. Reservó por la tarde un espacio en la línea Transportes del Norte, a través de la Agencia de Viajes “Transportes Chihuahuenses”.

Aunque la fallecida pintora Elena Garro negó siempre las declaraciones que supuestamente hizo sobre Oswald de manera confidencial a Charles William Thomas (funcionario de la embajada de Estados Unidos), se filtró a través de un memorando de la CIA, que ese lunes 30 por la noche, estuvo en la misma fiesta que Lee Harvey Oswald, organizada por funcionarios cubanos y a la que también asistió la secretaria Silvia Durán.

Al el hombre que ella reconoció como Oswald “vestía un suéter negro. Estuvo callado y mirando al piso” y no se movió de la chimenea, donde platicaba con otras dos personas.

El martes 1 de octubre, a las 6:30 de la mañana, Oswald pagó la cuenta del hotel Comercio y se fue del lugar para dirigirse hacia la Terminal de Transportes del Norte y abordar el autobús 332, asiento 12, con destino a Nuevo Laredo. En la ciudad de Monterrey, Nuevo León, a las 10 de la noche, los pasajeros transbordaron a un vehículo de relevo de la misma línea, número 373.

El miércoles 3 de octubre del 63, el funcionario mexicano Alberto Arizmendi Chapa se encargó de autorizar la salida del país de Oswald. Al mes siguiente, sería acusado como asesino de Kennedy. Y dos días más tarde, sería asesinado.

El informe de la Comisión Warren afirma que Oswald “actuó impulsado por su gran hostilidad hacia su medio ambiente… (y) no parece haber sido capaz de establecer relaciones significativas con otra gente. Estaba siempre molesto con el mundo a su alrededor. Mucho antes del asesinato expresó su odio hacia la sociedad estadounidense“.

(Con información de Excélsior y prólogo de JFK: caso abierto. Historia secreta del asesinato de Kennedy)



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