#GobiernoEspía: todos los análisis en las columnas políticas
Carlos Loret de Mola publica su experiencia en este caso.

Raymundo Riva Palacio escribe en El Financiero:

“Cuando todo esto emergió a la opinión pública en 2015, nada pasó. Cuando se revelaron detalles del spyware contra personas que tenían discrepancias con las políticas del gobierno, tampoco. Desde hace 15 años, el espionaje político como herramienta de la política, es el mejor vehículo para alcanzar objetivos políticos. El reportaje del Times, aunque tardío, es vital por la colonización de ese periódico sobre la vida pública mexicana. Si ahora que ventila estas violaciones ayuda a que se ponga fin a las ilegalidades, habrá que celebrarlo. Lo más importante es llegar al fin de estos abusos y que quienes los cometieron, paguen por sus delitos”.

Carlos Loret de Mola, en El Universal:
“Los mensajes buscaban despertar la curiosidad. Pero no caí en su trampa: nunca di clic. Si lo hubiera hecho, mi celular hubiera quedado infectado por un sofisticado software llamado Pegasus y “alguien más” hubiera tenido acceso total a mis mensajes, llamadas, correos, contactos, calendario, y hasta a activar el micrófono y la cámara para escucharme y verme todo el tiempo.

“¿Quién era ese “alguien más”? Todas las sospechas apuntan al gobierno federal mexicano, según el informe publicado por The New York Times, que recoge lo investigado por el Citizen Lab de la Universidad de Toronto en colaboración con la Red en Defensa de los Derechos Digitales (R3D), Social Tic y Artículo 19, y que puede consultarse en https://r3d.mx/gobiernoespia. El gobierno lo niega pero los expertos en forense digital tienen pocas dudas de que haya sido la administración Peña Nieto. El mío es solo uno de los casos…”.

Salvador Camarena, en El Financiero:

“Con la respuesta dada ayer por la Presidencia de la República, donde asegura que no hay pruebas de que “agencias del gobierno mexicano sean responsables del supuesto espionaje”, y llama a las víctimas a denunciar ante la PGR, esta administración confirma la aberración según la cual toca al ciudadano probar el delito, cuando lo debido es que, luego de un reporte como el dado a conocer ayer, lo mínimo que puede hacer el gobierno es iniciar una profunda investigación, una que incluya testimonios más allá de los que las organizaciones lograron reunir contundentemente en “Gobierno Espía”. De lo contrario, estaremos ante un gobierno que espía y que encima se niega a investigar”.

Julio Hernández López, en La Jornada:

“La administración peñista, conforme a sus rutinas, apenas hizo como que se enteraba del asunto. En un comunicado con aire ligero, pretendió aprovechar el señalamiento en la nota del NYT de que no hay pruebas específicas de que Los Pinos haya usado el Pegasus (contra ciudadanos que no son criminales ni terroristas; las dos categorías contra las cuales los autores del programa autorizan su uso), aseguró que defiende el derecho de los mexicanos a la privacidad e invitó a los presuntos afectados a presentar sus denuncias ante las instancias adecuadas del gobierno (el mismo gobierno acusado de espiar a los denunciantes)…”.

Carlos Puig, en Milenio:

“La respuesta del gobierno llegó hasta la tarde. Dice que no hay pruebas de que ellos lo hicieron, cosa normal porque la empresa que hace el software para espiar dice que una de sus ventajas es que es imposible rastrear a quien espía. Dice el gobierno que quien haya sido víctima, denuncie ante la PGR, pero sabemos que la PGR es una de las instituciones que ha comprado el software. ¿Y si ellos son los espías? El Cisen, la Sedena y algunos gobiernos estatales también lo tienen. Y por qué hay que ir a la PGR. Si ellos no fueron, ¿no le preocupa al gobierno mexicano que alguien ande espiando? ¿No debería el mismo gobierno pedir una investigación? O, simplemente, ya tiene la respuesta…Y no puede revelarla”.

Guadalupe Loaeza, en Reforma:

“¡Cuidado, nos está espiando Peñita! Sí, sí, Peñita el de la banda presidencial, el mismo que jura y perjura garantizar la libertad de expresión y prensa en su administración. Sí, Peñita, el de la “casa blanca”, el que está casado con la Gaviota y está desesperado porque su popularidad se empequeñece hora tras hora. Peñita es un espía muy especial, él no hace espionaje a criminales, ni a terroristas, ni a los jefes de los cárteles, él nada más manda a espiar a defensores de derechos humanos, a periodistas disidentes y activistas anticorrupción. ¿Por qué a ellos? Porque les tiene pavor”.

Enrique Galván Ochoa, en La Jornada

“Si los recientes asesinatos de dos compañeros corresponsales de La Jornada –Miroslava Breach Velducea y Javier Valdez Cárdenas– no han sido esclarecidos, ¿qué esperanzas hay de que una denuncia sobre espionaje corra mejor suerte?”.

Carlos Fernández Vega, en La Jornada

“Resulta que el gobierno peñanietista, oficial y legalmente responsable de garantizar los derechos individuales de los mexicanos, actúa como delincuencia organizada al violarlos y negarlos”.

Pedro Miguel, en La Jornada:

“Los antecedentes de lo que ahora se etiqueta como #GobiernoEspía vienen de muy atrás. Los gobernantes mexicanos (y no son los únicos, claro) se han espiado entre ellos; han husmeado durante décadas en el correo postal; han enviado orejas a reuniones y han pinchado las líneas telefónicas; han violentado el derecho a la privacidad de opositores políticos, luchadores sociales, dirigentes sindicales, líderes campesinos e intelectuales destacados. Todo, con el propósito de vigilar, contener, reprimir, chantajear o neutralizar a quienes han considerado necesario”.

Leo Zuckermann, en Excélsior

“Mientras 24 millones de mexicanos ganan cinco mil pesos al mes, el gobierno de este país gastó un millón 170 mil pesos para pagar la licencia de espionaje al iPhone del hijo de Carmen Aristegui (según NYT, “para espiar a diez usuarios de iPhone, el fabricante cobra 650 mil dólares”). Es el colmo que la respetada periodista, que dio a conocer la historia de la infame Casa blanca de Peña, financiada por un amigo contratista, no sólo siga fuera del aire sino que además la espíen a ella y su hijo adolescente”.

Joaquín López-Dóriga en Milenio:

“RETALES

1. ESPIONAJE. Claro que los gobiernos espían, siempre lo han hecho en instancias federales y estatales. Pero también espían particulares desde sus centros de poder y despachos que contratan. Y cualquier caso es lamentable, inaceptable, pero operan en la impunidad…”.

Jesús Ortega en Excélsior

“Hoy vemos como ordinario que se difundan los videos y las conversaciones que se obtienen de manera inconstitucional y, mayormente, con la intervención de los gobiernos federal o estatales. Pocos reparan en lo nocivo y destructivo que ello significa para la convivencia civilizada en la sociedad. Por eso, repudiemos rechacemos toda acción del Estado, de los gobiernos de todos los niveles que agredan la libertad de cualquier persona, como es el caso de Carmen Aristegui, de sus familiares o de cualquier otro periodista. ¡Hay que enfrentar decididamente todas aquellas violaciones al derecho a la intimidad, a la privacidad de todas las personas!”.

Sergio Sarmiento en Reforma

“Un reportaje del New York Times afirma que el gobierno de Peña Nieto utilizó un software avanzado para espiar a representantes de Ayotzinapa, a periodistas como Carmen Aristegui y Carlos Loret, y a activistas como Juan Pardinas. De confirmarse, ese espionaje sería ilegal”.

Jairo Calixto en Milenio

“Maldito New York Times que no se conforma con acabarle la existencia al buen Donald Trump (que, por marrano, ya quiere organizarse su propio desembarco en Bahía de Cochinos con Gloria Estefan al frente del pelotón), sino que también tienen que pasar por México a darnos las malas nuevas. Que en realidad no son tan nuevas: todos saben que un mundo nos vigila, y más en un país de malagradecidos que tienen en muy bajo nivel el rating del gobierno. A ver, por qué el New York Times no se fija en las maravillosas declaraciones de Campa Cifrián, subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación, en el sentido de que, según él, en la época de Calderón hubo más periodistas muertos en comparación con este sexenio. Bueno, muchos nos moríamos de risa con las acciones de Jelipillo, pero esa era otra cosa. ¡Qué tranquilidad! ¡Qué dicha! ¡Qué bonito es lo bonito!”.

Martha Anaya en El Heraldo

Gemas: Obsequio de las víctimas del espionaje gubernamental, leído por Ana Cristina Ruelas, directora de Artículo 19: El espionaje en México se ha convertido en un mecanismo efectivo de intimidación a defensores de derechos humanos, activistas y periodistas.

Javier Solórzano en La Razón

“El escándalo todavía está en los terrenos en que pueda tener salidas, en la medida que se transparente e investigue de dónde viene todo esto. Al Presidente se le ha aparecido un frente brutal. Como enfrente el problema, está la solución. Es escandaloso y nos regresa al pasado de las cavernas”.

Francisco Cárdenas en La Razón

“Esa información del influyente diario estadounidense coincidió con declaraciones hechas en una entrevista del subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Roberto Campa, en las que asegura que a pesar de la cadena de asesinatos de periodistas en este sexenio, el actual no es el peor momento para ellos y redujo el número de los que se registraron en los primeros tres años de éste a “alrededor de 15 o 16”. Pareció ignorar que sólo en Veracruz, durante el sexenio priista de Javier Duarte, que concluyó el 30 de noviembre de 2016, fueron 17″.

Diego Petersen en El Informador

“El espionaje tiene dos fines fundamentales: adelantarse “al enemigo” u obtener información útil para chantajearlo. Espiar a los familiares, parejas, hijos, etcétera, solo puede servir para el segundo propósito y eso no podemos, no debemos tolerarlo”.

Javier Risco en El Financiero

“La perversidad del gobierno mexicano no conoce límites, personaliza la agresión, provoca a los objetivos a espiar…”.

Manuel J. Jáuregui en Reforma

“Este régimen presidencial que está a punto de iniciar los estertores de la muerte política muestra ya más abolladuras que una cantimplora de pastor. Escándalo tras escándalo lo sacuden al tiempo que éstos lo pintan con pincel como una dictadura antidemocrática, inmoral y corrupta”.

Wilbert Torre en El Heraldo

“En términos políticos se trata quizá del asunto más crítico –por sus alcances legales, institucionales y en el plano internacional– que haya enfrentado el gobierno peñista”.

Federico Arreola en SDPNoticias

“Que no haya pruebas de que el gobierno espió a periodistas y activistas, no significa que el espionaje sea inexistente. Lo más probable es que el reportaje del New York Times no mienta: sí se espió a Carmen Aristegui, a Carlos Loret de Mola y a otras personas. Algo gravísimo y particularmente indignante es el espionaje al hijo de la señora Aristegui, una verdadera inmoralidad. Si no se hizo por instrucciones de la Presidencia, sin duda lo ordenó alguien con acceso a los equipos específicamente adquiridos para espiar a los enemigos del Estado y solo a los enemigos del Estado, nunca a los críticos. ¿Qué procede? Lo único razonable es que el presidente EPN sancione, por lo menos con el despido, al responsable máximo de los sistemas de espionaje. Si Enrique Peña Nieto no castiga a algún funcionario del más alto nivel, la culpa terminará pagándola el propio presidente de la República”.







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