Pedro Páramo habla 30 lenguas y ahora también el náhuatl
Victoriano de la Cruz es el traductor de la legendaria novela de Juan Rulfo; también trabaja en una obra de Juan José Arreola.
(Foto: Facebook Victoriano Tepoxteco)

Por: Lucía Valencia*

Desde 1970, Pedro Páramo habla turco. En la adaptación de la traductora y escritora estambulí Tomris Uyar, el cacique de Comala suspira por Susana San Juan con los vocablos redondeados de una lengua en la que las sílabas parecen encadenarse y formar secuencias muy largas.

Quizás sean interesantes los murmullos del pueblo susurrados en menos palabras. Al menos a los lectores acostumbrados a la versión en español, podría parecernos que las voces se escuchan distantes, como si la muerte desde donde hablan fuese un país lejano.

Los habitantes de Comala han hablado en muchas lenguas, pero hay otras en las que, hasta este día, no se les ha escuchado.

Es difícil hablar de todas las traducciones de la obra de un escritor tan prestigioso como Juan Rulfo. De Pedro Páramo, su trabajo más reconocido, hay al menos unas treinta, pero como registra el académico Jorge Zepeda, el número no está fijado.

Eso sí: el primer “Vine a Comala” –la legendaria línea de la novela– en otro idioma fue el “Ich kam nach Comala” de Mariana Frenk en alemán, una publicación que contribuyó mucho al prestigio de la obra. Y desde ese trabajo en 1958, las ediciones traducidas parecen gozar de muy buena salud.

Victoriano de la Cruz leyó Pedro Páramo por primera vez cuando tenía quince años, en el tercer grado de secundaria. Como una buena parte de los estudiantes que se encuentran con la novela a esa edad, se le escaparon muchos detalles: al ser oriundo del norte de Veracruz, para empezar, los regionalismos del sur de Jalisco le resultaban extraños.

El libro le gustó, lo releyó enseguida y volvió a hacerlo en la preparatoria, unos años más tarde. Desde entonces, dice, le llamaba la atención la manera en que Rulfo trata el tema de la muerte.

Quien le recomendó que lo leyera fue su maestro de literatura en la telesecundaria de Tepoxteco, la comunidad del municipio de Chicontepec, Veracruz, donde vivía y estudiaba. Lo tenían en la biblioteca del aula en su versión original: en español.

En realidad, De la Cruz no recuerda que hubiera allí ningún libro en otro idioma. Las clases se daban, como en todas las secundarias públicas del país, en español. Su primaria la había estudiado en español. Su preparatoria, igualmente, la estudiaría en español. Sin embargo, la lengua materna de Victoriano no es el español. En su casa, a su madre le llamaban mah y a su padre pah, al agua atl y a las tortillas tlaxcalli: hablaban náhuatl.

Al igual que dos de cada cinco niños hablantes de una lengua indígena en México, Victoriano no tuvo la oportunidad de estudiar en la escuela el idioma usado entre sus familiares.

De hecho, pensó durante mucho tiempo que el náhuatl no se escribía, pese a que habitaba un municipio donde casi el 70 por ciento de la población habla una lengua indígena.

El joven De la Cruz leyó por primera vez un texto en su lengua el día que se encontró con unos antiguos papeles del archivo histórico de Zacatecas.

Una vez abierta esa puerta, comenzó a buscar más, llevado por la curiosidad de qué se habría escrito sobre su pueblo y tras años de estudio un amigo le recordó que en 2017 se celebraba el centenario del nacimiento de Rulfo.

Entusiasmado con la posibilidad de leer Pedro Páramo en su lengua materna, se dio a la tarea de traducirlo. Por ello contactó a la Fundación Juan Rulfo y a la editorial RM para empezar con el trabajo y tenerlo listo para su presentación en el aniversario.

“Siempre, cuando uno se acerca a la literatura en su propia lengua, le resulta mucho más atractiva”, explica De la Cruz, pues “existen referencias inmediatas”, las palabras y expresiones resultan más familiares, más cercanas a las emociones y a las vivencias propias.

En la opinión de Victoriano, no sólo la producción de épocas anteriores es destacable, también es muy importante en la actualidad la xochitlahtolli –“palabra florida”, que en náhuatl significa poesía– de Natalio Hernández, Mardonio Carballo, Juan Hernández y Martín Tonalméyotl.

Además, el trabajo de la traducción al náhuatl de “Pedro Páramo” tendría un millón y medio de posibles lectores: aproximadamente cinco veces más que el islandés, popular en el mundo –entre otras cosas– por sus músicos de pop y rock experimental.

“Pedro Páramo” tiene una conexión profunda con el mundo indígena. Cuando Juan Preciado llega a Comala para buscar a su padre, el arriero que lo conduce al pueblo le aclara: “Aquí no vive nadie”.

En efecto, todos sus habitantes están muertos; sin embargo, caminan, discuten, se quejan, cuentan historias. De acuerdo con la mitología prehispánica y con parte de la visión de los pueblos indígenas actuales, aquellos que han fallecido regresan a este mundo cada cierto tiempo, se comunican con los vivos y festejan. “Para nosotros, la muerte está viva”, explica Victoriano.

 

Los murmullos de Comala en náhuatl

Victoriano no es, sin duda, el único que ha tenido interés en realizar este tipo de proyectos: el propio Juan Rulfo trabajó como director de publicaciones en el Instituto Nacional Indigenista, y coordinó una colección en la que se tradujeron varios relatos de autores contemporáneos a diversas lenguas indígenas. Tras su muerte, como homenaje al escritor, se publicaron varios de sus textos en maya, tlapaneco, mixteco, hñähñú y, por supuesto, en náhuatl.

Entre las múltiples formas o variantes regionales del náhuatl que se reconocen, el traductor emplea para “Pedro Páramo” la de la Huasteca, aunque recurre a una ortografía más antigua, como la que aparece en textos clásicos. Victoriano asegura que los hablantes de todas las formas regionales pueden comprenderse entre sí.

El trabajo no ha sido sencillo en cuanto a lo técnico: las diferencias entre el español y el náhuatl, que no pertenecen a la misma familia lingüística, son grandes. El profesor resalta las complicaciones de la traducción de términos que no existen en náhuatl: para estos, ha optado en algunos casos por emplear las palabras en español (como en el caso de los conceptos religiosos); en otros, ha formado nuevas expresiones utilizando las que conoce.

Los lectores meticulosos podrán seguir estos procesos, ya que la edición presenta la gran ventaja de que el texto será bilingüe náhuatl-español.

Este no es el único proyecto que tiene Victoriano; además de dar clases a varios grupos, acaba de iniciar un programa los domingos por la mañana en Jalisco Radio –por supuesto, en náhuatl–, dirige la revista en línea Yolitia y está trabajando en la traducción de la novela “La Feria”, de Juan José Arreola.

Es así que desde el año 2017, Pedro Páramo habla náhuatl. La forma en que susurra para sí pasa sin dificultad entre la lengua y los dientes, y lleva a veces palabras más largas que las del turco.

Quizás los murmullos de la gente de Comala recuerden ahora los nombres de algunos lugares que conocieron, como un sueño que parecía olvidado y vuelve de pronto.

Juan Preciado ya viene a buscar a su padre. Va bajando por el camino junto con el arriero. Desde lejos se le oye decir: “Niahcico Comala ipampa nechilhuihqueh nican nemiyaya notah, ce tlacatl Pedro Páramo”.

*Lucía Valencia es integrante del colectivo Cuadernos Doble Raya.



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