“Enfrentar la guerra todos juntos”: Marichuy
"La apuesta del CNI es encontrar caminos posibles de resistencia y rebeldía para sobrevivir a la guerra del dinero contra la humanidad y contra la Madre Tierra...".
Foto: Magis

*Fragmento del reportaje publicado por Magis, la revista del ITESO en Guadalajara:

En los sueños de María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy, se anunciaba la llegada del tiempo de los pueblos. Hace meses, esta mujer de origen nahua1 comenzó a soñar que una delegación de zapatistas e integrantes del pueblo wixárika llegaban a Tuxpan (ubicado en el sur de Jalisco) en tiempos de fiesta. Ahí se reunían con ella y con nahuas de la región. Sentados en círculo, discutían asuntos en común mientras en las calles continuaba el jolgorio. En ese entonces, Marichuy aún no sabía que iba a ser elegida como vocera del Concejo Indígena de Gobierno —emanado del Congreso Nacional Indígena (CNI) y con respaldo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)—, ni tampoco que se buscaría inscribir su nombre como candidata independiente en las boletas electorales para la presidencia de México en 2018. Aquellos sueños con los zapatistas fueron una revelación, una suerte de premonición, que Marichuy tuvo mucho en cuenta al momento de aceptar ser la portadora de la palabra de los pueblos indígenas: los interpretó como una señal de que ya era el tiempo de convocar a una gran organización nacional.

En los pueblos indígenas los sueños son considerados sagrados y reveladores. En el caso de Marichuy también pueden ser tomados como anuncios: la madrugada del 6 de diciembre de 2011 soñó con gente que comía carne cruda. Ya por la mañana interpretó que ese día podía correr sangre: estaba angustiada por las familias de la comunidad hermana de Santa María Ostula, en la costa de Michoacán. El comunero Trinidad de la Cruz Martínez Crisóforo, líder moral de la lucha por la tierra en Ostula y amigo cercano de la familia de Marichuy, regresaba ese día a su pueblo —se encontraba desplazado porque ya habían intentado asesinarlo—, para participar en una asamblea donde discutirían el tema agrario y las amenazas que había en su contra. En el camino lo interceptaron cinco sicarios y lo asesinaron. El terror que se vivía en aquellas tierras era tan grande que incluso paralizó por meses al Congreso Nacional Indígena.

Casi seis años después de aquel sueño, y ante los tiempos que se avecinan, su corazón le dice a Marichuy que avance; que no ganará la Presidencia de México, porque ése no es el objetivo, pero que los pueblos podrán organizarse “y que estaremos junto a la sociedad civil para planear qué hacemos por esta tierra que se llama México, para enfrentar la guerra todos juntos”.

Marichuy es reconocida por sus conocimientos en medicina tradicional. Desde esa mirada, diagnostica que México está enfermo por el virus del capitalismo, un virus que acaba con la vida de la gente, de la tierra, del agua, de los animales, de los pueblos. Se trata, dice, de una enfermedad contagiosa que sólo podrá erradicarse si en todos los rincones del país las personas “nos organizamos para curarnos de ese monstruo”.

La Asamblea Constitutiva en la que se integró el Concejo Indígena de Gobierno tuvo lugar los pasados 27 y 28 de mayo en el Centro Indígena de Capacitación Integral Fray Bartolomé de las Casas, A.C.-Universidad de la Tierra (Cideci-UniTierra), en San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Tras una serie de deliberaciones, Marichuy fue anunciada como vocera del Concejo. A ella y a los demás integrantes se les tomó protesta. Al recibir el cargo, anunció que la lucha era por la vida, y que esto incluye “la tierra, el territorio, el agua, los árboles, todo, porque se lo están acabando. Si queremos que los pueblos sigan existiendo, si queremos que siga habiendo vida para todos, si queremos que eso que nos heredan nuestros antepasados seguirlo conservando, por eso hemos decidido dar este paso y participar para invitar a todos esos sectores, a la sociedad civil organizada, a la no organizada, a que unamos los esfuerzos y podamos destruir este sistema que nos está acabando a todos”.

La que habla es la voz colectiva de los pueblos que integran el CNI, que recibe por igual a los antiguos que a los recién llegados: es una casa a la que pueden acudir cuando quieran. Una de las voces presentes en el Congreso es la de los wixaritari, que desde hace años han recibido en sueños el mandato de rescatar a la tierra de la destrucción a la que está siendo sometida,2 “porque es la madre la que alimenta y da de beber, y a la madre no se le maltrata ni se le mata con proyectos mineros, petroleros, ganaderos o de represas, o echándole veneno”.

Marichuy interpreta los calores extremos en México como un grito de la tierra para que “regresemos” a ella, para ponerle atención, para hacer un alto e imaginar qué “tenemos que hacer juntos. […] Los pueblos no tienen la poción mágica, pero entre todos la vamos a buscar, cada quién desde donde está”.

En un mundo donde rige la idea del “progreso” y se ve a la tierra como mercancía, resguardar la naturaleza y la vida implica tomar un camino espiritual. El registro de una mujer indígena como candidata independiente —vocera del Concejo Indígena— es tan sólo una estrategia que busca arruinar “la fiesta de los de arriba” (las elecciones), una fiesta, dice Marichuy, “basada en nuestra muerte. Queremos hacer la propia, basada en la dignidad, la organización y la construcción de un nuevo país y un nuevo mundo”.3 El recorrido por los territorios adoloridos llamará a sanar en colectivo a un país enfermo de muerte y a soñar cómo regresar la vida a la tierra.

Pasar a la ofensiva

En 1999 los zapatistas advertían sobre la IV Guerra Mundial: el neoliberalismo, que ya entonces amenazaba con destruir todo lo que obstaculizara al mercado. Diecisiete años después, en octubre de 2016, el V Congreso Nacional Indígena, que cumplía 20 años de haber sido creado, comenzó con una declaración en la que se anunciaba que era el momento de los pueblos, el momento de pasar a la ofensiva y hacerlo por la vía pacífica.

Los pueblos indígenas hablan de la agudización de la guerra del capital. En el comunicado titulado “Llegó la hora” señalan: “Nos encontramos en un grave momento de violencia, de miedo, de luto y de rabia […] Vemos el asesinato de mujeres por el hecho de ser mujeres, de niños por el hecho de ser niños, de pueblos por el hecho de ser pueblos. La clase política se ha empecinado en hacer del Estado una corporación que vende la tierra que es de los pueblos originarios, campesinos, urbanos; que vende a las personas como si fueran una mercancía que se mata y se entierra como materia prima de los cárteles de la droga, para venderlas a las empresas capitalistas para que las exploten hasta que enfermen o mueran, de venderlas en partes para el mercado ilegal de órganos”.

El comunicado agrega que a todo esto se suma el dolor de los familiares de las personas desaparecidas, que deben buscar por su propia cuenta a su seres queridos, ya sea que esperen encontrarlos en vida o en fosas. Y ante toda esa “repugnancia”, plantea el comunicado, “nos siguen diciendo que votemos, que creamos en el poder de arriba, que sigan dibujando e imponiendo nuestro destino”.

Carlos González, integrante de la coordinación del CNI, explica que la guerra que viven los pueblos se da en dos sentidos: por un lado, la invasión física, con el despojo permanente de tierras y territorios, los asesinatos y las desapariciones, las migraciones masivas, el desplazamiento de las poblaciones por la violencia. Por el otro lado tiene lugar un extermino cultural, que se manifiesta, por ejemplo, en la pérdida de las lenguas originarias: en Baja California ya no hay hablantes de cochimí; el kiliwa sobrevive en menos de 50 personas; en el pueblo kumiai son menos de mil indígenas quienes resguardan su lengua, pero la mayoría ha dejado sus tierras originarias; el rarámuri ha ido decreciendo con las nuevas generaciones.

Por otra parte, los despojos se han multiplicado en todos los territorios. Los recuentos crecen en cada encuentro de pueblos. Carlos recuerda de memoria las tierras del pueblo cucapá, ocupadas para basureros; la ocupación física del territorio rarámuri, “donde el narcotráfico ha sido despiadado, como la punta de lanza coordinada con militares para el despojo de comunidades”. En la costa de Michoacán, la Marina se posicionó en 2010, cuando la Familia Michoacana y luego los Templarios ocuparon el territorio y causaron terror con 36 asesinatos y seis desapariciones. A esto siguió el robo de maderas preciosas y de minerales. En la sierra wixárika ha comenzado una situación parecida a la de Ostula, ya que los cárteles han ocupado todas esas montañas del norte de Jalisco, territorio estratégico para la producción de goma de opio y para el trasiego de drogas al norte del país.4 La guerra de la que habla el CNI continúa por el Golfo de México, con amplios territorios concesionados para proyectos energéticos, “desde Tabasco hasta la sierra potosina. En tierras popolucas, en el sur de Veracruz, ya hay concesiones para fracking y apenas es la etapa inicial de la reforma energética de Enrique Peña Nieto”; en territorio zoque hay licitación de lotes petroleros y de gas; en el istmo de Tehuantepec la presión es por proyectos eólicos y mineros. “Y así todo el territorio y el agua están siendo vendidos para proyectos altamente destructivos para la naturaleza, para las comunidades y para su gente”, dice Carlos, y advierte además que esa guerra también se manifiesta en las ciudades, en los pueblos, contra toda la población sin excepción.

La apuesta del CNI es encontrar caminos posibles de resistencia y rebeldía para sobrevivir a la guerra del dinero contra la humanidad y contra la Madre Tierra, “para renacernos junto con cada semilla que sembremos, con cada sueño y con cada esperanza que se va materializando en grandes regiones en formas autónomas de seguridad, de comunicación, de gobiernos, de protección y de defensa de los territorios”. Por ello es que el Concejo Indígena de Gobierno aspira a que en cada rincón se instituyan pequeñas o grandes juntas de gobierno locales, donde se repliquen formas de autogobierno que ya practican pueblos como Cherán y Santa María Ostula, cuyos procesos de seguridad comunitaria han logrado detener el despojo de sus tierras y el asesinato y las desapariciones de su gente.

El llamado es a todas y todos los mexicanos, de todos los rincones del país, que no quieren más muerte y que imaginan un mundo nuevo.

La llama de la región Centro Pacífico

“Si alguien del CNI puede ser vocera del Concejo Indígena de Gobierno, ésa es Marichuy”. La frase es repetida lo mismo por indígenas que por mestizos, desde el occidente hasta las montañas del sureste de Chiapas. Las razones son transparentes: esta mujer nahua es fundadora del CNI; mantuvo activas por años las reuniones de la región Centro Pacífico (también llamada región Centro Occidente)6 del Congreso y, además, cuenta con toda la confianza del EZLN.

Aunque a la asamblea para conformar el Concejo Indígena de Gobierno llegaron concejales de varios pueblos con grandes posibilidades de convertirse en la vocera, cuando la coordinación del CNI y el mismo EZLN propusieron a María de Jesús Patricio Martínez la propuesta fue aceptada por los 848 delegados y delegadas de los pueblos indígenas presentes. Al anunciar su nombre, las comandantas zapatistas resumieron con esta frase por qué confían en ella: “La compañera Marichuy no se vende, no claudica y no se rinde”.

Tuxpan es conocido como el Pueblo de la Fiesta Eterna, y la familia de María de Jesús Patricio Martínez tiene un cargo importante en las festividades que tienen lugar los días 20 y 27 de enero y 2 de febrero y se dedican a San Sebastián, para que proteja a la gente de la peste. Ellos son padrinos de San Sebastián “El Abajeño” (nombramiento que se hereda de generación en generación) y se organizan cuadrillas de danzas de chayacates y sonajeros. En aquella región del sur de Jalisco (a una hora y media de Guadalajara), los nahuas perdieron la tierra colectiva y la lengua. El resguardo de las danzas ha sido una manera de resistir como pueblo, y por eso siguen vivas fiestas como la de Corpus Christi, que coincide con el inicio de la siembra; en septiembre y octubre, previo a la llegada de las ánimas, se realizan los “enrosos” a todas las imágenes protectoras de Tuxpan para que protejan la siembra; el 7 de enero es la fiesta del Santo Niño, con danzas de paixtles y moros, así como pastorelas, para agradecer por lo que ha dado la tierra…

(Texto completo en Magis)



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