Cinco años de la muerte de Carlos Monsiváis, el cronista culto y curioso
"Monsi" se inclinó siempre por la crónica, aunque practicó el cuento, la fábula, el aforismo y el ensayo. Actualmente es considerado el padre de la crónica moderna gracias a sus innovaciones técnicas y su potencial creativo.
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Foto: Saúl López/ archivo Cuartoscuro

Cinco años han pasado de la muerte del cronista mexicano Carlos Monsiváis. El recuerdo es unánime, el de un hombre que con sus letras abrazó la realidad de modo irónico, a veces irreverente, siempre bajo una óptica crítica.

Entre las novedades, las declaraciones de Evelio Álvarez, subdirector del recinto museístico que resguarda gran parte de su legado, en el sentido de que trabajan en el reto de ordenar y catalogar el archivo fotográfico del autor de “A ustedes les consta” y “Aires de familia”, que podría rebasar las 20 mil piezas en diversos soportes y formatos.

Universitario de corazón, Carlos Monsiváis Aceves nació el 4 de mayo de 1938; estudió en las facultades de Economía y Filosofía y Letras de la UNAM; fue una persona curiosa y ampliamente culta, con una capacidad de síntesis fuera de lo común y de alguna u otra forma siempre estuvo inmiscuido en la política del país.

Monsiváis se opuso rotundamente al autoritarismo, al conservadurismo y a la discriminación. Participó en movimientos feministas, apoyó al movimiento del 68, y a aquellas figuras y acontecimientos que implicaban un avance en las ideas progresistas.

Lo anterior le acarreó durante toda su vida numerosos opositores, quienes pretendían llevarle la contraria y remar contracorriente.

Apoyo a las minorías, despenalización del aborto o tauromaquia fueron algunos de los temas más controvertidos en cuyo debate participó.

Monsiváis dejó un legado inimaginable de obras. Gran parte de ellas, se publicaron en revistas, suplementos, semanarios y periódicos. Otra parte de sus textos están dispersos en entrevistas y, por supuesto, en sus libros.

De entre sus innumerables obras destacan: “Días de guardar” (1971), “Amor perdido” (1977), “Nuevo catecismo para indios remisos” (1982), Escena de pudor y liviandad (1988), “Los rituales del caos” (1995), “Salvador Novo. Lo marginal en el centro” (2000), “Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina” (2000), entre otros.

Los temas que Monsiváis frecuentaba más fueron los movimientos sociales, los personajes de coyuntura, fueran éstos del ámbito político, cultural o del espectáculo; y, en general, la cultura popular que retrata al México de distintas épocas.

Para los conocedores del autor amante de los gatos, lo que distinguía a Monsiváis del resto de los escritores era su humor ácido que iba de la mano de su inteligencia crítica, “porque si se quieren entender sus textos hace falta que el lector imprima el factor de la ironía en lo escrito”.

Su columna, “Por mi madre, bohemios“, editada por décadas en diversas publicaciones del país, cumplía el requisito del género de la sátira política, en la cual recopilaba declaraciones que le permitían burlarse de la ignorancia de la clase gobernante del país.

El cine fue una de sus pasiones. Por más de 10 años dirigió el programa “El cine y la crítica en Radio UNAM”. Además, escribió ensayos como “Rostros del cine mexicano” que retrataban su gusto por el Séptimo arte.

A lo largo de su vida, Monsiváis se hizo acreedor de numerosos galardones, entre los cuales se encuentran: el Premio Nacional de Periodismo, el Mazatlán, el Xavier Villaurrutia, el Lya Kostakowsky, el Anagrama de Ensayo y el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe “Juan Rulfo”.

De su genialidad ha quedado huella en sus escritos, en sus fotos, en sus colecciones, y en un sin fin de frases de su autoría que se han ido entresacando de su obra.

Por ejemplo, alguna vez en entrevista sostuvo: “No puedo hacer un resumen de mi vida, porque está conformada por varias épocas y circunstancias, libros, amistades y pleitos, y eso, sólo admite resúmenes parciales”.

Fracasado, decía, “es aquel que confía en sus propios méritos para hacerla”.

“Si nadie te garantiza el mañana el hoy se vuelve inmenso”, aseguraba también un Monsiváis que lo mismo hablaba de la utopía (En el principio era el orgasmo, la utopía renovable a diario), que de la patria (es la autobiografía, el contarle a algunos que se ha sido alguien).

Ironizaba en torno al lenguaje de los políticos (Ya no le diga cinismo. Dígale sinceridad.... Falso que los de la clase gobernante seamos racistas. Los racistas son los indios y los nacos y la plebe y el infelizaje, que prefieren fracasar con tal de no tratarnos”.

Y se preguntaba con la gracia que lo hacía querido: ¿Hasta qué punto es responsable de sus actos una persona abandonada, sin recursos ni capacidad específica, enloquecida por los malos tratos, la indiferencia y la imposibilidad de alimentar a los suyos?

(Con información de Notimex)



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