‘El ejercicio de la inteligencia y la imaginación, un acto de resistencia’: José Gordon
El escritor publica ‘El inconcebible universo’, título que incluye ilustraciones de Patricio Betteo.
(Redacción AN/Sexto Piso).

En El inconcebible universo (Sexto Piso), José Gordon tiende puentes entre ciencia y literatura, disciplinas que bajo su punto de vista son complementarias a la hora de resolver los enigmas que inquietan al ser humano. Con información de primera mano de científicos de vanguardia como el premio Nobel de Física George Smoot o como Roger Penrose y Leonard Susskind, reconfigura los mapas del conocimiento al margen cualquier clase de prejuicios.

El inconcebible universo es un libro de divulgación en el sentido más amplio del término…

Me interesa mucho un problema que cruzó la mente de grandes poetas y científicos: la idea de que más allá de las apariencias hay otra forma de apreciar la interconexión que tenemos entre nosotros mismos. El sueño de Einstein fue descubrir un nivel unificador de la naturaleza para explicar la diversidad de lo que apreciamos. Al final no pudo lograr su objetivo, sin embargo, el sueño ha continuado con la Teoría del Todo, de Stephen Hawking, o con la Teoría de cuerdas, donde participan personajes tan interesantes como Juan Martín Maldacena.

¿A qué atribuye la vigencia de este sueño?

En ciencia hay un fenómeno entre partículas subatómicas: cuando dos partículas han interactuado entre sí y una tiene un giro para arriba, la otra responde con un giro hacia abajo. Pero si las separas a miles de kilómetros de distancia y llevas una a China, la que tienes en México responde como si estuvieran comunicadas de una manera entrañable. A este fenómeno se le llama Entrañamiento o Entrelazamiento cuántico. Einstein no podía creer que esto fuera posible, pero en 1982 el físico Alain Aspect descubrió la veracidad del fenómeno. Cuando conecto este tipo de hallazgos con la vida cotidiana descubro que estamos más vinculados de lo que imaginamos. Si nos mantenemos aislados no podremos entender el impacto real de nuestras acciones.

¿En qué punto se tocan la ciencia con la literatura?

Ambas disciplinas están conectadas con la curiosidad y capacidad de asombro; ambas nos llevan a hallazgos. Un poeta maravilloso, Nathan Zach, planteaba que el drama humano radica en la diferencia entre lo que la gente piensa que desea; lo que realmente piensa; y lo que en verdad desea. Las une también, la necesidad auténtica de ir más allá de lo aparente. Además conectan mundos, la ciencia a través de ecuaciones; la poesía y la literatura, a través de metáforas.

¿Dónde queda el azar?

El azar es un relato al que nos asomamos y donde no tenemos todas las variables determinadas. La ciencia nos ha hecho ver, sutilmente, que cambiamos de paradigmas constantemente.  El problema que vivimos hoy en día tiene que ver con los muros, los que nos imponen y los que nos autoimponemos. Carlos Fuentes decía que destruimos al otro cuando no somos capaces de imaginarlo porque lo encerramos dentro de un muro. En este marco, la ciencia mantiene despierto el pensamiento crítico y la literatura tiene la capacidad de ensanchar la creatividad para no quedarnos limitados en los muros que nos imponen. Hoy en día necesitamos mantener el ejercicio de la inteligencia y la imaginación como un acto de resistencia y enfrentamiento al mundo que vivimos. Si nuestra sociedad tomara decisiones basadas en la ciencia y en la sensibilidad que nos aporta el arte, tal vez estaríamos hablando de otras posibilidades de convivencia. Si estuviéramos abiertos a paradigmas que nos hablan de mayor interconexión, no sería tan fácil destruir al otro porque el otro es la parte más externa de mi piel.

Habla de inteligencia y sentido común, pero no sé si por la velocidad con que se mueven la información, no abundan y menos aún en la política.

Exacto, en ese marco la novela de Sabina Berman, La mujer que buceó en el corazón del mundo, nos ayuda a tratar a personajes tan faltos de imaginación y que viven en mundos de corrupción. El libro nos habla de una niña autista, con noventa por ciento de sus capacidades destruidas, pero con diez por ciento de capacidades geniales. Su tía apuesta por este porcentaje y la menor florece. Al referirnos a los políticos en verdad tenemos una gran zona destruida, pero hay todavía un diez por ciento que sigue latiendo en nuestra sociedad y es donde se mueve la gente honesta.

En este rango de ciencia y literatura, ¿dónde queda el concepto de Dios?

La idea de una teoría que lo abarque todo es reconfortante, me dijo Amos Oz. Reconoció que es una idea carácter religioso, pero que no pasa por la iglesia ni por la sinagoga. Más allá de las trabas semánticas, porque en nombre de Dios se han cultivado enormes tragedias, la dimensión de la ciencia y la literatura nos abre a zonas inquietantes de la naturaleza. Ahí tal vez encontremos un hilo común para hablar de aquello que nos une e integra, pero en términos de algo que puede ser explorar por la ciencia y puede ser corroborado por nuestra experiencia sensible al exponernos ante el arte.

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