‘Si no fuera músico escribiría de otra manera’: Antonio Malpica #Letrasynotas
El escritor reedita ‘La lágrima de buda’, novela con que ganó el Premio Una vuelta de Tuerca.
(Redacción AN).

Si hay algo que Antonio Malpica (1957) busca en su literatura, es cadencia y ritmo. Amante del jazz hasta la médula, desde pequeño empezó a tocar el piano y bien podríamos decir que es algo más que un hobby. Ha surcado por los pentagramas del teatro musical y por distintos proyectos jazzeros. La nueva aventura musical del escritor lleva por nombre La Cosa Monstra, y es un grupo de terrock para niños.

Conocido por sus títulos infantiles y juveniles, en 2007 publicó La lágrima de buda, novela que en su momento ganó el premio de novela negra Una vuelta de tuerca y que recién reedita editorial Océano.

 ¿Qué es la música para usted?

Es parte de mi vida, la he oído todo el tiempo y en principio de manera poco convencional porque en mi casa los discos eran infames: música clásica o Ray Conniff. Afortunadamente mi hermano y yo nos fuimos por lo clásico. Tuve una formación casi autodidacta. Comencé a oír rock y de ahí al jazz que se convirtió en un vicio.

Usted toca el piano…

Sí, en casa de una tía había un piano siempre abierto y al cual estábamos los niños invitados a poner las manos encima con respeto. Además, se ofreció a darnos clase con la condición de que tuviéramos disciplina. Me enseñó lo básico y de ahí me seguí sin pisar propiamente una escuela especializada. Al principio tocaba para mí, aunque después me animé a mostrarla a los demás. Mis inicios en la literatura fueron haciendo teatro musical con mi hermano, incluso creo, que me llamaba más la atención el compuesto de literatura, música y artes escénicas. No me interesaba formar un grupo, sino seguir por esta vía.

¿Por qué lo dejó?

Por ingrato. Dejas todo en el teatro musical y no alcanza para la renta. A partir de entonces no he dejado de hacer mancuerna con mi hermano Javier, bajista, y hemos armado tríos de jazz. Mi último proyecto es un conjunto de terrock infantil llamado La Cosa Monstra. Ya dejé la etapa juvenil de treparte en un camión e ir de ciudad en ciudad, tocando y chupando. Ahora lo hago por puro cariño. Nos disfrazamos y nos presentamos en festivales; es una especie de hobby bien planteado.

¿Por qué lo jaló tanto el jazz?

No sabría responder. Empecé con la clásica y los discos que me compraba eran fresones, tipo Air Supplay. Más tarde afortunadamente, me cambié al lado oscuro y escuché a Led Zeppelin, hasta que un buen día descubrí una química con el jazz. Me parece la música más festiva en el sentido más libre de la palabra. El jamming es su base y representa libertad total.

¿Escucha música mientras escribe?

Sí, bastante a menudo, aunque a veces, si estoy muy concentrado no me doy cuenta. No es obligatorio, pero sí me gusta.

En La lágrima de buda varios capítulos llevan por nombre canciones de Queen…

Sí, estuvo ambientada por su música sin que necesariamente sean mis canciones favoritas. Creo que la música de Queen está en el mismo mood de la novela.

¿Tiene una buena colección de discos?

Nunca la tuve, era más de juntarme con mis cuates y oír sus discos. Tengo algunos buenos discos de jazz y mientras viví con mi hermano teníamos algunos de rock, pero nos separamos y él se quedó con la mayoría. Ahora casi todo lo que oigo es en digital.

¿Cuáles son sus clásicos musicales?

No me canso de escuchar jazz acústico en pequeños combos: tríos, cuartetos. Prácticamente todos mis músicos favoritos son pianistas. Oscar Peterson, el músico canadiense, fue quien me jaló a esta música, durante muchos años fue mi dios. De ahí en adelante siguieron Bill Evans, Michel Petrucciani.

Oscar Peterson fue su dios musical, ¿hoy quién es?

Una chica japonesa llamada Hiromi, hace con el piano lo que muchos quisiéramos hacer; pulcra, libre; le hace al swing y a todo lo que quieras.

¿Le gustó la película La La Land?

Sí, la disfruté, aunque tiene dos o tres cosas medio atascadas en el glamour de la comedia. Es un musical clásico. No tengo problemas con eso. Amé a Andrew Lloyd Weber, aunque entiendo la postura purista de quienes no lo toleran.

¿Aporta la música al ritmo de su prosa?

Sin duda hay algo, pero no sabría explicarlo. Necesita gustarme cómo se escucha y lee la prosa. Es como mi formación ingenieril, de alguna manera en el orden se nota mi formación universitaria. Si no fuera músico escribiría de otra manera, no sé si mejor o peor.

¿Cuál fue su último descubrimiento musical?

Como soy un marrano del jazz, casi no oigo nada distinto. Ya empiezo a admitir cosas que antes no me gustaban, como Mahler porque se me hacía bucólico. Hoy ya me gusta. El jazz latino tampoco me encantaba y hoy lo estoy descubriendo. Me sorprende, por ejemplo, Michel Camilo. También empiezo a admitir el buen pop. A mis hijos les gusta One direction, y si lo escuchas con atención verás que tiene muchos aciertos.

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