‘Tzompaxtle: La Fuga de un Guerrillero’, libro sobre un camino de lucha: Gibler en CNN
La obra consiste en conversaciones que tuvo el guerrillero del EPR, Andrés, con el periodista John Gibler, en las que éste le contó cómo es que fue llevado contra su voluntad, por pertenecer a la guerrilla; torturado por casi cuatro meses a manos de sus captores, hasta que logró escapar.
gibler
(elhorizonte.mx)

Tzompaxtle: La Fuga de un Guerrillero, “busca  ser  un libro  que escucha  profundamente  el  porqué  algunas personas toman ese camino de lucha, a la vez es un libro de  denuncia, de la  desaparición  forzada como práctica de Estado,  pero   también es un libro que quiere  tomar  un  guerrillero  mexicano indígena náhuatl como ser  humano y preguntarles por qué este camino de lucha”, refirió el periodista y autor, John Gibler.

En el texto se cuenta “la historia del primer guerrillero  desaparecido  en el estado de Guerrero 1996 combatiente del Ejército Popular Revolucionario (EPR),  él iba en una comisión para  llevar a varios periodistas a una entrevista  clandestina con la comandancia local en ese octubre del 96  y en eso  detectan el objetivo  fuerzas  militares e  intentan detener a  dos  personas  que  iban en la  retaguardia de  esa comisión, agarran a uno que es Andrés, se conocía como el combatiente  Rafael,  lo desaparecen,  lo llevan a una cárcel clandestina a las afueras de Chilpancingo y  lo torturan por  cuatro meses, lo cambian de lugar  y  luego logra fugarse después de cuatro  meses”, narró el autor en entrevista para Aristegui CNN.

Es una de las pocas historias que hay “donde  alguien  que  vivió la  experiencia de la  tortura dentro de  una dinámica de una desaparición forzada puede contar esa experiencia desde  adentro, nos  puede  contar   no  solamente el  terror y  el dolor que  tiene  que  enfrentar;  pero el hecho  de  que esas  prácticas  requieren  infraestructura,  requieren  cosas  materiales, coches, casas  dónde  torturar, cárceles  clandestinas, coordinación,  radios, equipo, eso  nos  muestra que no es una cosa  aislada,  una cosa  fortuita,  pero es una práctica de  Estado”, indicó Gibler.

“Todas las técnicas de  contra  insurgencia seguían  vigentes en los años  90, siguen  vigentes, pero  no solo siguen vigentes como práctica de Estado en estos tiempos se han privatizado, se han dispersado, no son solo casos  de  fuerzas estatales que torturan o desaparecen  para aplastar  movimientos  insurgentes,  fuerzas no  estatales que usan la  tortura y la desaparición  como  un método cotidiano de su negocio, de su industria”, agregó.

Fue el primer preso político no reconocido, “hay miles de desaparecidos, miles de torturas… después de 20 años es el primero, sus torturadores le dijeron, tú tienes que contar por 20 años de guerrilla, organización… Le dijeron tú eres el experimento”, recordó el periodista.

Logra  fugarse en la madrugada,  “zafa sus manos de las esposas, salta de unos  vidrios de una ventana,  él  no sabía dónde estaba pero estaba dentro de un cuartel  militar, tenían dos guardias afuera, había confianza de que era imposible que se escapara. Se  brinca de la ventana, empieza a caminar dentro del  puente de la base  militar  y  viene un soldado  caminando  y  él levanta la  manos   pensando  que  le  van a  disparar  y  él soldado lo saluda y sigue, piensa que es  un hombre haciendo   ejercicio nada  más.  Sigue a unos vecinos, va deambulando”, relató el autor.

Además explicó que “caminó varios días, pidiendo referencias, comida dinero… en el Estado de México”.

“Después él se pone  en contacto con la  organización,  cuenta  lo que  les  pasó  y  no le creen, el EPR no le cree, piensan que está  mintiendo, que el  Ejército lo dejo  ir  para  infiltrarlo  dentro de la  organización  guerrillera, se entiende al desconfianza  pero a la  vez es  muy  pesado porque  acaba de sufrir cuatro meses de  tortura  logra  escaparse, ha visto la muerte, logra en ponerse en comunicación, y lo interrogan,  le  tomaron placas de  todo su  cuerpo para  ver que  no  trajera  chips, por fin deciden creerle,   hacen  una entrevista  clandestina con dos periodistas de El  Universal  y La  Jornada  para  dar a conocer la denuncia de  desaparición, es decir, siguen existiendo  las  prácticas de  tortura  y desaparición  y cárceles clandestinas,  esa nota  sale a  fines de 1997 y  no tienen  ningún eco, no pasa nada”, indicó Gibler.

Tenía que proteger los lugares donde pensaba que todavía había gente, sólo revela los lugares donde sabe o cree que no pone en peligro a nadie.

Tuvo que mezclar verdades con mentiras, hacer un juego para que no lo mataran, para bajar la intensidad de la tortura, señaló.

“Él quiso ocultar todo, en todo momento decía que apenas había entrado, que no conocía a comandantes y que tenía pocos contactos. Quiso poner una barrera”, dijo el periodista.



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