2 artículos sobre el relevo en el Fondo de Cultura Económica
El nombramiento del nuevo director del FCE es tema de dos artículos en los diarios 'El País' y 'El Universal'. En el primero, Juan Cruz hace un recuento de la gestión del director saliente; mientras que en el segundo, el nuevo titular escribe sobre la historia de la editorial.
2 artículos sobre nuevo nombramiento en el Fondo de Cultura
(Fotos: El Mercurio y archivo)

Joaquín Díez Canedo deja el Fondo de Cultura

Juan Cruz/ El País

16 de enero de 2013

Ruido en el mundo editorial, desconcierto, evidencia de que estamos en el último periodo de un mundo en extinción. ¿O no? Pero hay especies que sobreviven, con ideas propias, que provienen de una experiencia que comparten con sus maestros.

Hay muchos nombres propios en la nómina de la resistencia editorial. Y entre ellos hay uno que concita sobre sí la experiencia de un maestro en particular, su padre, y una pasión muy propia, la de editar lo mejor posible en un universo que se resiste a perder la brújula de la calidad. Es Joaquín Díez Canedo y lo acaban de despedir del Fondo de Cultura Económica, una de las principales editoriales del mundo y sin duda el faro editorial y cultural de México. Le sucederá un periodista, José Carreño, ex portavoz de Carlos Salinas de Gortari (que fue presidente de México), periodista y académico… Parece, pues, que el viento de la política mexicana, que ahora vuelve a ser conducida por el PRI que en su día (¿o todavía?) encarnó Salinas, regresa para marcar con su impronta también la política de la industria cultural en el país de Rulfo, Paz, Fuentes, Elena Poniatowska y Monsiváis…

Díez Canedo es físico, porque no quiso dedicarse a las letras, como su padre, el legendario Joaquín Diez Canedo, exiliado español que encarnó durante décadas la editorial Joaquín Mortiz, que fue la que primero publicó en lengua española desde México a autores como Günter Grass; él fue quien impulsó desde que empezaron a publicar a escritores como Jorge Ibargüengoitia, los citados Paz y Fuentes, José Agustín o Rosario Castellanos… La presencia del padre fue poderosa para el hijo, de modo que un día éste guardó los bártulos de su carrera y se introdujo igualmente en este universo de ruidos sintácticos, de egos y de ambiciones defraudadas o no. El mundo de la edición.

Le dejaron poco tiempo para completar su ciclo en la potente editorial. El Fondo de Cultura Económica es, como la UNAM o como en este momento la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, un codiciadísimo puesto cultural en México, y le han hecho sitio en ese lugar tan preciado a alguien directamente relacionado con la política, la del pasado y la del presente. Díez Canedo fue nombrado para este cargo en 2009, después de haber trabajado como editor en el grupo Patria, en la UNAM y en la Editorial Clío. Estuvo un tiempo en la gerencia del Fondo y regresó a la dirección general de la que ahora es apeado. Nació en 1955.

Entrevisté a Díez Canedo para mi libro Un oficio de locos. Conversaciones con editores fundamentales, que publicó recientemente Ivory Press. Decía en la introducción que Diez Canedo es ecléctico, ante el futuro que se anuncia tan complicado en el mundo de la edición, posición que quizá hubiera compartido su padre. “Alguien decía”, comentaba entonces, en la introducción a la entrevista, “que cuando hay temporal hay que juntarse para que el viento no nos derribe”. Se ve que el temporal mexicano ha sido tan potente al menos como la capacidad de aquel histórico Diez Canedo para convencer a su hijo de que editar es un oficio tan bello como conocer bien las leyes de la física. Las leyes de la física política parece que en este caso han podido sobre la pasión que este joven Díez Canedo terminó heredando del fundador de Joaquín Mortiz.

En aquella ocasión le pregunté al Díez Canedo de la actualidad si la figura del editor (su padre, él, la gente como él) debería ser ahora considerada de otra manera. Me respondió:

–De otra manera, sí. Lo que veo en la Red es un enorme ruido. Es decir, ¿quién escoge, quién determina? Una obra es algo que una persona tarda muchos años en concebir, y, en este punto, el editor tal vez está siendo víctima de (o está siendo castigado por) un pecado de soberbia al intervenir demasiado en la obra personal de ciertos autores en representación de lo que él cree que es su mercado. (…) Creo que el editor siempre peca un poco de entrometerse en la obra del autor, a veces en exceso. Ahora lo está pagando. La labor del editor consiste sencillamente en encontrar obras más o menos terminadas y en ponerlas al alcance del público.

Eso es el editor, sencillamente, gente que le comunica a la gente lo que puede la imaginación de otro, y lo asume como suyo, se convierte en portavoz del genio; ese concepto, y uno de sus representantes, es lo que ahora corre el riesgo de diluirse al frente del Fondo de Cultural Económica, y parece interesante avisarlo.

 

Llegar al Fondo

José Carreño Carlón/ El Universal

16 de enero de 2013

Ayer se anunció mi designación como director del Fondo de Cultura Económica, la editorial más importante de México. La fundó don Daniel Cosío Villegas en 1934, para poner a disposición de los estudiantes textos de economía, una disciplina que por esos tiempos adquiría peso propio en los estudios universitarios mexicanos. La editorial nació asociada a un proyecto y a una época de importantes reformas educativas, de la primaria a los estudios superiores. De allí evolucionó hasta convertirse en una referencia obligada de la trasmisión del conocimiento y de la cultura mexicana y universal.

La invitación primero me abrumó. Con el paso de las semanas hubo espacio para valorar no sólo lo muy honroso de ser considerado para un cargo de esa dignidad, sino lo fascinante y retador que podría resultar recibir la custodia de la casa que me llevó a amar la letra impresa, y a través de ella, a conocer mundos posibles y anhelar los imposibles.

No hay espacio para revisitar aquí las colecciones Tierra Firme, Biblioteca Americana o, entre otras, Letras Mexicanas, visitadas por décadas. O los breviarios que informaron algunos de nuestros debates en la UNAM sesentera, nutridos también con la lectura de El Capital con Eduardo Lizalde, a quien era una fiesta visitar en su escritorio contiguo al de Tito Monterroso en la Imprenta Universitaria, a la entrada de CU. Llegar ahora a esta casa prodigiosa, donde —en el local de Parroquia— Alí Chumacero me entregó un anticipo de La Muerte de Artemio Cruz para una revista estudiantil y Emmanuel Carballo desmitificaba “valores” literarios mientras armaba La Gaceta, sería —imaginé— prolongar las experiencias gozosas de décadas en el periodismo y la comunicación.

Atracción y refutación

Desde la primera juventud, con la llegada, noche a noche, a participar en la confección de El Día, el diario de la izquierda posible de entonces, con el plus de frecuentar a los héroes del periodismo de la época: sentarse al café de El Cónsul, en la mesa de don Paco Martínez de la Vega, o seguirle a don Pepe Alvarado el paso y la conversación, hasta su casa de la segunda Cerrada de Medellín, con escalas confortadas con sus célebres pálidos jaiboles. O, en fin, empezar en la sala de redacción una jornada de densidades ideológicas, literarias o metafísicas con Pepe Revueltas, seguida de una sesión de chistes escatológicos, hasta llegar a medianoche a conspirar a la casa de Arturo Cantú, en pleno 68.

De allí, al Indigenista y al Comité Editorial que Juan Rulfo animaba con su amor al libro y su escrupulosa exigencia de calidad en las ediciones. Luego, Unomásuno, La Jornada, EL UNIVERSAL, El Nacional, la radio, la tele: un largo viaje del periodismo y el trabajo editorial con letra impresa a la comunicación audiovisual y ahora digital. También, entre la atracción de la práctica informativa y editorial y la también disfrutable refutación contestataria al mundo de los medios desde las aulas, que —signo de los tiempos— ahora se empieza a hacer también en ForoTV, de la mismísima Televisa.

El reto digital

 También el Fondo ha realizado un largo viaje. Nacido en los años 30, contemporáneo de Gallimard en Francia y Einaudi en Italia; más joven que la catalana Seix Barral (1911) y la mexicana Librería Porrúa (1910), no se diga que Oxford University Press (1636), la editorial mexicana ha resistido desde el golpe autoritario de Díaz Ordaz hasta épocas de grisedad. Llegará dentro de dos años a su aniversario 80, en plena juventud. Y, como en 1934, las nuevas generaciones de lectores se abren a nuevos campos de investigación, desarrollo e innovación, que hoy incluyen el paso obligado a la trasmisión digital. E igual que hace 80 años, el libro —impreso o digital— se asocia ahora a una nueva época de importantes reformas educativas, con el reto del Fondo de mantener y acrecentar además su sitio como referencia obligada de la trasmisión del conocimiento y de la cultura mexicana y universal. Gracias a todos por sus buenos deseos.

 



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