Viuda de Javier Valdez exige justicia al gobierno de México
“A Javier no lo pusieron de rodillas para matarlo, a quien tienen de rodillas es al gobierno mexicano, el narco, la narco política…”, afirma en todo sereno pero enérgico Griselda Triana, viuda de Javier Valdez, en la primera entrevista que concede a la periodista Anabel Hernández, luego del asesinato del periodista ocurrido el 15 de mayo pasado.
Foto: Tercero Díaz/ Cuartoscuro

Por Anabel Hernández

Culiacán, Sin.- Para Griselda Triana, compañera y esposa del periodista y escritor Javier Valdez, el dolor se ha vuelto permanente desde el 15 de mayo pasado cuando fue ejecutado impunemente por dos hombres encapuchados, a medio día, en una de las zonas más transitadas de Culiacán con doce disparos, convirtiéndolo en el sexto periodista asesinado en México este año.
Hoy 15 de junio se cumple un mes del crimen y ni la Procuraduría General de Justicia del Estado de Sinaloa ni la Procuraduría General de la República han arrestado a los responsables materiales e intelectuales del homicidio de su esposo. Triana, quien hasta ahora se ha mantenido fuera de los reflectores, alza la voz y exige al gobierno de México justicia.

“Quisiera que el Estado Mexicano tuviera vergüenza y esclareciera los hechos. ¿Quién fue?, ¿Por qué fue? Y sobre todo que detuviera a los autores tanto materiales como intelectuales, que hubiera una sentencia ejemplar porque no es posible que ciudadanos y ciudadanas comprometidos con su trabajo, con lo que hacen, tengan que matarlos de esa manera”, afirma con lágrimas en los ojos en la primera entrevista que concede después de la muerte de Valdez, cofundador y colaborador del periódico Río Doce, cuyo homicidio ha causado indignación en México y la comunidad internacional.

“A Javier no lo pusieron de rodillas para matarlo, a quien tienen de rodillas es al gobierno mexicano, el narco, la narco política, al gobierno mexicano es al que tienen de rodillas porque lo tienen comiendo de su mano”, señaló con voz serena pero enérgica.

Hasta ahora la información que le ha dado la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión, cuyo titular es Ricardo Sánchez, ha sido a cuenta gotas, sin ningún avance claro. El 13 de junio pasado, a dos días de que se cumpliera un mes del homicidio de Valdez la PGR ofreció una recompensa de 9 millones de pesos a quien de informes sobre los homicidas de los seis periodistas ejecutados en 2017: Cecilio Pineda, Ignacio Miranda, Javier Valdez, Maximino Rodríguez y Miroslava Breach. Esto pese a que la Policía Federal anunció la semana pasada el arresto de los asesinos confesos, según la autoridad, de Rodríguez muerto en Baja California Sur en abril.

Tras treinta años de compartir su vida con Valdez doce tiros de una pistola calibre 38 y otra 9 mm, según la reconstrucción hecha por las autoridades, se lo arrebataron. El primero fue por la espalda en el costado derecho, luego en una pierna, luego en el brazo cuando el periodista aún con vida intentó proteger su cara, otro le dio en la cabeza, el resto en distintas partes del cuerpo, y un disparo final en la nuca, el tiro de gracia.

Griselda tenía apenas 18 años cuando conoció a Javier, y desde entonces quedó su vida unida a la de él en todos los sentidos. No sólo era su esposa, era su compañera. Comenzaron compartiendo la pasión por el periodismo en Culiacán, tierra violenta donde los narcos se dan el lujo de tener una capilla para su santo Malverde. Luego se convirtió en su esposa y le dió dos hijos: Tania y Francisco Javier.

“…en algún momento de nuestras vidas iniciamos juntos en este negocio del periodismo y compartes no nada más un techo sino muchas otras cosas, una convicción, el hecho de haber compartido nuestro oficio en nuestros inicios, el optó por quedarse en los medios de comunicación, yo me fui a un área de comunicación de una institución educativa pero finalmente seguíamos compartiendo muchas cosas en común y eso de alguna manera me hizo entender el valor que tenía para Javier estar donde estaba”.

Griselda ha sido tan valiente como Javier Valdez, lo acompañó a sabiendas del peligro que corría por haberse especializado en temas de narcotráfico y abuso de autoridad, pero nunca quiso pedirle que dejara su profesión.

“…yo nunca le hubiera pedido que dejara de escribir, que dejara de hacer lo que hacía. Cuando él y yo comenzamos a trabajar juntos, reporteábamos juntos, yo recuerdo que nos tocó varios operativos, varios hechos policiacos importantes en Culliacán, entonces tu sientes esa adrenalina, sientes esa emoción, sabes que estas haciendo lo que te gusta y sobre todo el compromiso de informar. Entonces yo nunca le hubiera pedido que dejara de escribir, que dejara de hacer lo que estaba haciendo, no le puedes cortar las alas a alguien que asumió el periodismo como parte de su vida. Lo traía tatuado, como decía él.

Asegura que Javier Valdez era un periodista comprometido con cada uno de los casos que investigaba “….cargaba por lo tanto con las tragedias de cada una de sus historias. Le costaba muchísimo desprenderse de cada una de ellas”. Parte de esas historias las publicó en sus libros: “Malayerba”, “Miss Narco”, “Huérfanos del narco”y “Narcoperiodismo”, entre otros. Su trabajo le valió en 2011 el Premio Internacional de la Libertad de Prensa otorgado por el Comité de Protección a Periodistas con sede en Nueva York.

“Me preocupaba me daba mucho miedo”, señala, “porque sabía el riesgo que corría pero también tenía muy claro que esa era su responsabilidad, que alguien tenía que decir y contar las historias de todos y cada uno de sus personajes, que alguien tenía la obligación de no callar, de denunciar, y que si el podía ser la voz de la gente que lo necesitaba lo iba a hacer. Eso yo lo tenía muy claro”.
Su esposo comenzaba a trazar los bosquejos de los que sería su octavo libro: “Narco-ejército”, pero según se lo confirmó su propio editor aún no le había mostrado ningún material. No se sabe a ciencia cierta qué tan avanzada tenía su investigación, la cual según compañeros de Javier debería ser una de las líneas de investigación.

Mientras las fiscalías del gobierno de Sinaloa y PGR se niegan a informar sobre las líneas de investigación del homicidio y aún mantienen como una hipótesis el robo de su auto el cual fue abandonado varias cuadras después, para Griselda Triana no hay la menor duda de que la muerte de su esposo está directamente relacionada con su trabajo.

“Sabíamos que esto (su asesinato) podía ocurrir un día porque lo comentamos en muchas ocasiones pero lo que menos esperas es que realmente suceda ¿No?, que lo mataran por su trabajo”, señala intentando frenar las lágrimas que anegan sus ojos grandes de color marrón.

Ese día Griselda pudo hablar con antes del asesinato, jamás hubiera pensado que sería la última vez. No pudo despedirse. Javier le llamó para preguntarle si había hecho de comer, y que si no, él llevaría un pollo a casa para la familia. Así lo acordaron. Minutos después el periodista Ismael Bojórquez, director y cofundador de Río Doce, y amigo personal de Javier, la llamó a su teléfono móvil.

“Yo estaba en mi trabajo y me llaman del periódico para decirme que habían atacado a Javier a balazos, y yo le respondo a esa persona (Ismael Bojórquez) que no, que no era posible que hacía apenas unos minutos atrás él me había marcado, que habíamos hablado por teléfono y que eso no podía ser”.
Griselda se había quedado helada con la noticia, no podía creerlo. Hasta que finalmente reaccionó.

“Entonces pregunté cómo estaba y esa persona se puso a llorar y yo le colgué el teléfono porque no podía creer que esto estuviera ocurriendo”, recuerda con un nudo en la garganta, “le devolví la llamada a esta persona y la respuesta es la misma, no me saben decir si está muerto e inmediatamente me trasladaron de mi trabajo al lugar de los hechos”.

“Cuando llego sí era él, estaba tirado en medio de la calle, con las cintas amarillas, lleno de gente”, señala llorando.

Javier Valdez estaba tendido a mitad de la calle sobre un charco de sangre, con su inseparable sombrero aún sujeto de sus sienes. Ese día él llevaba puesta una camisa y sombrero que ella le había regalado de cumpleaños. Desde que años atrás un doctor le había diagnosticado a Javier el riesgo de sufrir cáncer de piel, los sombreros se habían convertido en una extensión de su cabeza.

La policía municipal había llegado de manera instantánea después del homicidio, pero los forenses tardaron mucho tiempo para recoger el cuerpo.

Tras un mes del asesinato de Javier Valdez su esposa aún está en la espera de que las autoridades hagan justicia “ ojalá porque tanto Javier como otros periodistas a quienes han matado también es lo que merecen (justicia), no merecían morir de la manera que lo han hecho…”

Pero para Griselda en estos días de duelo es difícil creer que el caso se resuelva porque la gente que está en el poder tiene muchos intereses “….en el fondo sabes que lo que sucede en México queda impune, la impunidad es lo que reina en nuestro país, entonces es difícil creer que habrá justicia cuando los hechos y las estadísticas te demuestran lo contrario”.

“Y si de algo sirve la presión internacional ahí no hay que dejar de insistir ¿no?…”. Pidió a la comunidad internacional seguir exigiendo justicia para el asesinato de Javier Valdez y de todos los demás periodistas que han sido ejecutados en México.

“…muchas veces o la mayoría de los casos es más fácil que vengan de afuera y señalen, porque de alguna manera eso avergüenza a las autoridades mexicanas, quiero pensar que les avergüenza pero está visto que no, que tenemos autoridades sin dignidad, tienen la obligación de velar por la seguridad de la población y no lo hacen”.

Griselda Triana pide que no olviden a su esposo “porque no olvidar a Javier y exigir justicia para Javier va a permear a todo el gremio periodístico, se puede convertir en una barrera de protección para el gremio, pero sobre todo que garantice que no se vuelva a repetir un crimen como el de Javier”.



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