Mamá se fue a la guerra (Especial)
La guerra trastoca. Rompe. Descoloca. Pone a prueba hasta el sublime mito del amor de las madres mexicanas, que en estos tiempos de cólera, ha mostrado sus formas más extremas entre las activistas y periodistas –dos grupos muy vulnerados por la violencia–. Unas han compartido con sus hijas los dolores y peligros más profundos; otras han optado por alejarlas y ponerlas al cuidado de otros para no provocarles daño. A ellas, sus hijas, la guerra les secuestró la infancia. Pero terca y clandestinamente, un hilo de amor sostiene sus anhelos y esperanzas.
“Yo estoy muy orgullosa de lo que hacen mis papás. Creo que desde muy pequeñas pudimos abrir los ojos ante una realidad que pues ningún niño quiere ver, ni ningún adulto”.

Fragmento del reportaje publicado originalmente por Pie de Página

Texto: Daniela Pastrana. Imágenes: Daniela Pastrana / José Ignacio De Alba

I. HIJAS DE LA GUERRA

“Mamá: ¿puedo decirle que unos años me dejaste con mis abuelos? ¿Y que bajé en mis calificaciones? ¿Puedo contarle que sentía que no estabas a mi lado?… Pero ya luego entendí. Fue cuando conocí a las madres que buscan a sus hijas desaparecidas. Cuando oí todo lo que han pasado, entendí que es importante que se conozcan sus historias. Y por qué es importante lo que hace mi mamá”.

Mariana tiene 16 años y vive en Chihuahua. Su madre es periodista y se ha hecho cargo de su hija desde que se separó de su ex pareja, hace más de una década. Cuando Mariana tenía 6 años, ella sintió que su trabajo la estaba poniendo en riesgo y la llevó a vivir con los abuelos. Mariana quiere ser educadora o maestra de primaria.

* * *

“La guerra es por la minería. Mi mamá ayuda a las personas a que no haya minas, porque se acaban los alimentos y la gente se muere. Ésta es mi mamá en su trabajo. Es muy lista. Yo la admiro”.

Marina dibuja y juega. Tiene 5 años y vive en Guadalajara, Jalisco. Su madre está de viaje de trabajo y su hermana mayor fue con ella. Mientras platicamos, su papá atiende la llamada de un amigo del norte del país que le cuenta que fue secuestrado otro abogado defensor de campesinos –como él y su esposa–. Y eso, en este país, puede significar que quizá está muerto. La llamada se prolonga casi una hora. Marina no deja de jugar.

* * *

A Mariana y Marina, y a muchas otras niñas y adolescentes como ellas, la guerra les secuestró la niñez. Han pasado más de la mitad de su vida – y en algunos casos lo que llevan de ella– oyendo hablar en sus casas de muertos y desaparecidos; de fosas, masacres, y desplazamientos. Algunas han sufrido directamente la violencia. Otras, aprendieron a mirarla de lejos, con miedo o con enojo. Porque la guerra también les robó a sus madres, a las que han visto año con año tensas, angustiadas, ausentes, ajenas, sobresaltadas.

Son hijas de periodistas y defensoras de derechos humanos, dos grupos de la primera línea de fuego de la guerra mexicana. La Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos pone la cifra: entre 2010 y 2016, han sido asesinadas en México 41 periodistas y activistas –un promedio de 7 por año–. Y las agresiones y amenazas aumentan cada año.

Mamá, tú siempre regresas

Andrea es hija de una periodista de la Ciudad de México. Cuando tenía 9 años, en mayo de 2013, vio que su madre regresaba triste de una marcha de otras madres, las que recorren el país buscando a los hijos que les arrebataron. Entonces, Andrea le escribió esta carta:

“Querida mamá: Espero que este día estés muy feliz porque aunque muchas mamás están sufriendo, tú sigues conmigo, y por eso yo te celebro este día. Tú siempre te vas, pero siempre regresas. Te preocupaste por mí siempre. Por estas y más razones, te amo y te deseo un Feliz Día de las Madres”.

Andrea es ahora una adolescente en secundaria y sigue esperando que su mamá vuelva a ser la que era antes, cuando ella era pequeña y le contaba cuentos, pintaban juntas, o se disfrazaba para sus fiestas. Son cosas que en realidad no recuerda, pero que sabe por las fotografías y porque le han contado sus abuelas, sus tías y su padre. Su madre, dice, es una mujer “toda buenez, mega paciente y bromista”, que nunca deja de trabajar ni de pensar en los demás. “Te acostumbras a despertar y preguntar por tu mamá y que te digan que está en una conferencia en China o en un lugar muy peligroso de Guerrero o de Tamaulipas… casual”.

(Lee el reportaje completo)



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