“Pitazo” del gobierno a ‘Zetas’ provocó masacre en Allende: ProPublica
"Un supervisor de la DEA en Ciudad de México compartió información relacionada con los números con una unidad de la policía federal mexicana conocida como Unidad de Investigaciones Sensibles".
Foto: ProPublica

La periodista Ginger Thompson documentó en ProPublica los motivos que provocaron la masacre en Allende, Coahuila, ocurrida en 2011.

“LOS INDICIOS DE QUE ALGO INNOMBRABLE pasó en Allende son contundentes. Cuadras enteras, en algunas de las calles más transitadas del pueblo, yacen en ruinas. Mansiones que fueron ostentosas hoy son cascarones desmoronados, con enormes agujeros en las paredes, techos carbonizados, mostradores de mármol agrietados y columnas colapsadas. Esparcidos entre los escombros quedan los vestigios raídos y enlodados de vidas destrozadas: zapatos, invitaciones a bodas, medicamentos, televisores, juguetes”, comienza el reportaje.

Recuerda que “en marzo de 2011, el tranquilo pueblo ganadero, de unos 23 000 habitantes y a solo 40 minutos en auto de la frontera con Texas, fue atacado. Sicarios del cartel de los Zetas, una de las organizaciones de narcotráfico más violentas del mundo, arrasaron Allende y pueblos aledaños como una inundación repentina; demolieron casas y comercios, secuestraron y mataron a docenas, posiblemente a cientos, de hombres, mujeres y niños”.

“Mientras caía la tarde del viernes 18 de marzo de 2011, hordas de sicarios del cartel de los Zetas empezaron a entrar en Allende”, señala el texto y recopila testimonios relevantes de lugareños.

“Unos meses antes, en las afueras de Dallas, la DEA había lanzado el operativo Too Legit to Quit [Demasiado Legítimo para Rendirse], después de unas redadas que tuvieron resultados sorprendentes. En una, la policía había encontrado 802,000 dólares en efectivo, empacados al vacío y escondidos en el tanque de gasolina de una camioneta. El conductor dijo que trabajaba para un tipo al que solo conocía como El Diablo. Después de más detenciones, el agente Richard Martinez, de la DEA, y el fiscal federal adjunto Ernest Gonzalez identificaron a El Diablo como Jose Vasquez, Jr., de 30 años, un nativo de Dallas que había empezado a vender droga cuando estaba en la secundaria y que entonces era el distribuidor de cocaína más importante de los Zetas en el este de Texas, donde movía camiones llenos de drogas, armas y dinero cada mes.

“Pero Martinez y Gonzalez vieron en su huida una oportunidad. Si podían persuadir a Vasquez para que cooperara con ellos, les daría acceso a los altos rangos de un cartel, que era notoriamente impenetrable, y la posibilidad de capturar a sus jefes, especialmente a los Treviño, conocidos como Z-40 y Z-42, que habían dejado un sendero de cadáveres en su escalada a la cima de la lista de los más buscados por la DEA. Miguel Ángel Treviño era conocido como Z-40 y Omar como Z-42.

“Lo que Martinez quería eran los PIN (números de identificación personal) rastreables de los teléfonos Blackberry de los Treviño. Vasquez, después de huir, le había dado al agente una amplia ventaja. Su mujer y su madre todavía vivían en Texas”, indica.

Finalmente, Jose Vasquez le dio “los números PIN a la DEA” y “los jefes del cartel recibieron la noticia de que uno de los suyos los había traicionado y lanzaron una ola de venganza”.

“Fuentes oficiales cercanas al caso dijeron que un supervisor de la DEA en Ciudad de México compartió información relacionada con los números con una unidad de la policía federal mexicana conocida como Unidad de Investigaciones Sensibles, cuyos agentes habían sido entrenados y examinados por la DEA. A pesar de ello, tenía un pobre historial manteniendo información fuera de las manos de delincuentes. Un oficial de la unidad, dijeron las fuentes, fue el responsable de la filtración”, apunta.

“A principios de este año, uno de los supervisores de la unidad, Iván Reyes Arzate, se entregó a las autoridades federales estadounidenses para enfrentar cargos por compartir información sobre las investigaciones de la DEA con narcotraficantes. No queda claro si Reyes fue la fuente de la filtración en el caso de Allende. No fue difícil para los Zetas reducir la lista de delatores bajo sospecha, porque muy poca gente tenía acceso a sus números PIN”, precisa.

Y finaliza: “Los hermanos Treviño, al final, fueron capturados en 2013 y 2015, en operativos liderados por la marina mexicana. Desde entonces, el dominio del cartel sobre Coahuila se ha debilitado y la vida nocturna ha regresado a Allende, aunque muchos residentes todavía sobrellevan cicatrices emocionales y desconfían de los extraños…. La DEA se atribuye a sí misma las capturas, pero no dice si ha investigado cómo terminó en manos de los Zetas la información sobre los números PIN”.



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