Galeano, el autor de los oprimidos
Su obra "Las venas abiertas de América Latina" (1971), fue traducida a más de 20 idiomas y con millones de lectores en todo el mundo. Galeano gustó de combinar en su prosa ficción, mito, leyenda, periodismo, política e historia.
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Por Gerardo Laborde

El escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano, fallecido el lunes a los 74 años, fue la voz de los oprimidos de América Latina con una obra prolífica que recibió elogios y cuestionamientos de la crítica, en medio de la polarización ideológica que jalonó su trayectoria.

En su obra cumbre, “Las venas abiertas de América Latina” (1971), un por entonces joven Galeano denuncia la explotación que sufrió el continente por poderes extranjeros desde el siglo XV en un texto que dejó una huella de referencia para la izquierda latinoamericana.

Traducido a más de 20 idiomas y con millones de lectores en todo el mundo, Galeano gustó de combinar en su prosa ficción, mito, leyenda, periodismo, política e historia.

La polarización quedó manifiesta esta mañana cuando los uruguayos vieron las tapas de los diarios.
“El guionista de la izquierda”, tituló sobre su figura el conservador El País mientras el izquierdista La República eligió como encabezado: “Otro mundo es posible”.

CLAROSCUROS

Galeano ocupa un lugar paradójico en las letras locales, opinó el catedrático de Literatura Uruguaya de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República, Pablo Rocca.

“Quizá el escritor más reconocido y hasta de los más leídos en el siglo XX”, pero al mismo tiempo es “el menos apreciado por sus pares y por la crítica e investigación del campo”, señaló en declaraciones a El País.

Otra paradoja, según Rocca, es que Galeano “fue un gran comunicador de sus ideas y de su imagen que, con ellas, se pronuncia contra las ideas y las imágenes que la posmodernidad capitalista defiende”.

En el mismo sentido, el docente universitario y ex director nacional de Cultura, Hugo Achugar, recordó que al fallecido “muchos uruguayos lo despreciaron, y fuera de Uruguay algunos ideológicamente también lo menospreciaron”.

A su juicio, Galeano “tuvo el mejor de los premios, que no fueron los premios de la Academia, ni de los especialistas, sino de los lectores más variados y heterogéneos que uno se pueda imaginar”.

En tanto, el novelista Carlos María Domínguez señaló que Galeano fue “un prosista” que “iba contando su visión de la realidad del continente”.

En su prosa “brilló en su capacidad de comunicar una indignación. Después se fue transformando en un bardo que iba contando las penurias de América Latina, con muchos rasgos fuerza y de oralidad”, indicó al diario El Observador.

“Claro que eso fue limitando en sus posibilidades expresivas, pero en su momento fue un aporte novedoso. Alentaba a trabajar con la realidad y tenía claro que el periodismo se podía ejercer de forma literaria”, sostuvo Domínguez.

De esa manera, tendió puentes entre “la cultura letrada” y la “cultura popular”, tan distantes en ese tiempo.

Mencionó que Galeano “asumió haber cometido ligerezas y torpezas que sus adversarios aprovecharon para explicitar”.

Por otra parte, el crítico literario de El País, Guillermo Zapiola, calificó “Las venas abiertas…” como “un ensayo peleador y sesgado del que después renegaría, pero que sigue siendo un referente para un sector de la izquierda latinoamericana”.

Recordó que durante el exilio de Galeano en España escribió Memorias del fuego, “mezcla de historia y fábulas sobre América Latina en la que no siempre es fácil distinguir la verdad de la imaginación”.

“Sin duda fue un maestro de la palabra, dueño de una prosa sugestiva y seductora, y de una habilidad para disimular a menudo con ella que lo que decía tenía menos sustancia de lo que parecía”, estimó Zapiola.

En opinión de este crítico, “lo más molesto de su pensamiento haya sido la promoción de la idea que puede resumirse en la frase ‘La Culpa la Tuvo el Otro'”.

“No es obvio que los latinoamericanos seamos siempre inocentes, y que los males nos sean impuestas de afuera. Nuestra chambonería tiene también un papel en el cuadro”, concluyó.

Más allá de las críticas quedará su legado en una extensa bibliografía que incluye “Días y noches de amor y de guerra” (1978), “Memorias del fuego” (1986) y El libro de los abrazos (1989) y El fútbol a sol y sombra (1995).

En esos textos y en sus declaraciones Galeano nunca renegó de su inclinación por los oprimidos.
“Yo escribo para quienes no pueden leerme. Los de abajo, los que esperan desde hace siglos en la cola de la historia, no saben leer o no tienen con qué”, dijo alguna vez.

(Xinhua)



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