‘La Marina mató a mi hijo por una confusión’: Tamaulipas y sus ejecuciones extrajudiciales (Especial)
VICE News presenta el especial '10 años de la Guerra contra el narco'. La novena entrega habla de la muerte de personas a manos de las autoridades. Las quejas por ejecuciones sumarias se multiplicaron a nivel nacional de 13 en 2006 a 51 en 2010, según la CNDH.

Por Rogelio Velázquez

En esta ciudad del norte de México es la Santa Muerte y no los próceres de la patria los que te dan la bienvenida. Si llegas por el sur verás sobre la carretera una macabra e imponente estructura de 15 metros de altura color café, en lugar de un Emiliano Zapata montado en su caballo, o un Benito Juárez con la Constitución en sus manos.

La ‘Niña Blanca’ como también le llaman —una figura a la que narcotraficantes, homicidas, y delincuentes le rinden culto— se posa estratégicamente a un costado de la carretera Monterrey-Nuevo Laredo con los brazos extendidos para “vigilar” quién entra y quién sale del lugar.

La efigie que te recibe parece una advertencia. Está ahí para que los foráneos sepan a dónde están entrando y quién controla el lugar. No te reciben los sicarios, pero sí quien los cuida. Ahí ‘la maña’ lo controla todo, y da la sensación de que la mirada de la Santa Muerte te perseguirá desde que te internas en la urbe.

Cuando avanzas sobre la avenida principal te das cuenta que Nuevo Laredo, una metrópoli con cerca de 400.000 habitantes, es la ciudad del silencio. Sólo a veces, el mutismo es interrumpido por el agudo rechinido que producen las llantas de lujosas camionetas sobre el pavimento.

Los habitantes de esta ciudad que colinda con Texas saben, ven y callan, pero no hablan: es un instinto. Así aseguran vivir un día más; o al menos eso dicen.Nuevo Laredo es la primera línea de fuego en una guerra de todos contra todos por el control de “la plaza”. Es complicado precisar si los cárteles están luchando entre ellos; si son células de un mismo cártel las que se balacean una a otra; o si son las fuerzas federales las que los enfrentan.

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“En la guerra todo se vale”, dice una popular frase: aquí también. Los códigos bélicos quedaron rebasados y esta ciudad, como todas en Tamaulipas, se ha convertido en una trinchera gigante, en cuyo interior hay cientos de víctimas, de ejecuciones, de desapariciones, de torturas y de mutilaciones. Pero nadie dice nada.

Transitar en coche por las calles de la ciudad significa subir las ventanas en cada semáforo —a pesar del calor que supera los 30 grados— debido a la desconfianza que generan las lujosas camionetas Lincoln Navigator o Range Rover con vidrios polarizados que frenan a tu lado.

Es común ver vehículos sin placas conduciendo por la avenida Reforma que atraviesa la ciudad o por la Luis Donaldo Colosio que corre paralela al Río Bravo, que a su vez marca la frontera natural entre México y Estados Unidos. Es lógico que las leyes viales no sean respetadas: sólo hay dos patrullas de tránsito por turno para vigilar toda la ciudad. Ningún agente se atreve a multar a los conductores.

La policía municipal no existe desde el 1 de abril de 2013, fue sustituida desde entonces por el Ejército Mexicano, la Marina Armada y la Policía Federal. La policía estatal es casi nula, fue remplazada por Seguridad Tamaulipas, una corporación creada con elementos del ejército.

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El polvo cubre la mayoría de las solitarias calles, sólo en unas pocas plazas comerciales se ve a familias haciendo compras, y la Marina resguarda con vehículos artillados y armas de alto poder el perímetro donde los ‘neolaredenses’ van a distraerse un poco.

En los restaurantes debes comer sin llamar la atención. Palabras como “narco”, “zetas”, o “cártel” están prohibidas en las charlas de lugares públicos, nadie se refiere al Cártel de Los Zetas o al Cártel del Golfo por su nombre, les dicen “la maña” en referencia a los “mañosos” que los integran, “la gente”, “los de la letra”, o “los malandros”.

La cautela es una regla de oro. No debes hablar con un volumen alto porque no sabes si algún narco te escucha, pero tampoco con un tono muy bajo, porque resulta sospechoso.

A las pocas horas de estar en Nuevo Laredo aprendes a actuar como sus habitantes, a fingir que no pasada nada, a voltear a otro lado cuando crees que un sicario es el comensal sentado junto a ti. Aprendes a ignorar el régimen de terror en el que viven. “Aquí así vivimos, bajo un régimen terrorista” nos dirá un neolaredense.

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Ver texto completo del resumen en data los diez reportajes que conforman el Especial ’10 años de la Guerra contra el narco’.

Jefa de Contenido: Laura Woldenberg. Editora: Karla Casillas Bermúdez. Data: Saúl Hernández. Diseño: Francisco Gómez y Clementina León.





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