opinión*
Corrupción, la ecuación perfecta
El mundo al revés por Ernesto Villanueva

El diputado local del PAN, Enrique Flores Flores, quien forma parte del Congreso de San Luis Potosí jamás hubiera pensado que, de un día a otro, se convertiría en una figura nacional. Una videograbación fue la razón de ello. El diputado Flores Flores vino a confirmar- porque la presunción siempre ha existido de estos “acuerdos”- cómo la corrupción es una forma de vida de la partidocracia mexicana, en mayor o menor medida.

Y ahora no sólo fue el PRI, sino también el PRD y el Partido Verde. En el citado video se observa y se escucha al diputado Flores, revelar con detalles cómo se utiliza al órgano “independiente” de fiscalización de San Luis Potosí. El cinismo del que hace gala el diputado Flores lo deja sin salida alguna y- se supone- ahora se debería actuar conforme a derecho. Lo más probable es que si no hay presión ciudadana no pase nada o muy poco. Se va apostar al olvido gradual de este oprobioso hecho.

Es casi imposible en San Luis Potosí – y en prácticamente todos los estados- que se vea una movilización como la muestra el documental Winter on Fire: Ukraine’s Fight for Freedom que relata cómo el pueblo ucraniano salió a las calles para defender su derecho a que Ucrania formara parte de la Unión Europea, tras semanas de resistencia pacífica, pero activa y al costo de cientos de nuestros, la sociedad obligó al presidente a salir en medio de la noche a Moscú donde fue asilado. En México eso no pasa ahora y seguramente no pasará en mucho tiempo porque se ha inoculado con mucho éxito el germen de la apatía, de la indiferencia y de ausencia de cultura cívica entre los mexicanos. El PRI generó una sociedad acostumbrada al paternalismo y con un problema serio de autoestima colectiva.

El diseño institucional de los órganos de vigilancia y de los organismos autónomos está pensado para defraudar, chantajear, extorsionar y – por supuesto- para hacer negocios al amparo de la impunidad. Transformar las formas de designar a los vigilantes y requerir de ellos credenciales anticorrupción efectivas es una lucha a largo plazo. Peor aún, no hay quien demande que las cosas cambien, me refiero a las grandes porciones de la comunidad mexicana.

Al mismo tiempo, aquí en la Ciudad de México, el Contralor General de la capital del país, Eduardo Rovelo Pico, declaró que es “imposible, eliminar la corrupción”. Tiene razón el contralor en esa afirmación. Es más la comparto plenamente. La corrupción es imposible de erradicar. No hay país alguno donde no haya corrupción. La enorme diferencia, empero, es que cometer actos indebidos trae aparejada una reacción jurídica en forma sanción en las democracias, lo que hace que los niveles de corrupción sean mínimos. En México, por el contrario, la suma de corrupción más impunidad es la ecuación perfecta, parafraseando al diputado Flores.

Propuestas, ideas y estudios de por qué y cómo debe transformarse el diseño de las instituciones existen durmiendo el sueño de los injustos. No es la falta de ideas, sino la ausencia de voluntad política para una reforma normativa, de acuerdo a los mejores estándares internacionales tropicalizada al caso mexicano.

El diputado Flores hace recordar lo mucho que debemos cambiar para que los diputados Flores sean severamente sancionados. El problema es que los diputados y senadores- salvo, como siempre, honrosas excepciones- tienen la atribución de designar a todos los titulares de quien vigila las arcas públicas- es un decir- donde la lógica de cuotas se antepone a cualquier interés superior del país. Un experimentado legislador me comentaba su lógica: “Nosotros somos electos para una legislatura, tratándose de diputados y dos si somos senadores. Son periodos muy precisos y no sabemos que nos depara el futuro. Lo que sí es seguro es que hay que seguir pagando los colegios y universidades privada de los hijos y preservar nuestra calidad de vida. Es por ello que al estar dentro del Congreso hay que aprovechar cualquier fórmula que permita salir con cierto desahogo económico”.

El cambio debe iniciar por generar valores de ética pública que hoy brillan por su ausencia y después – o en paralelo- hacer las reformas normativas necesarias. Es muy difícil, sin duda, pero más difícil va a ser si no se empiezan a dar los primeros pasos. El desafuero y aplicar las sanciones penales y administrativas a que haya lugar al diputado Flores y a sus cómplices sería un buen punto de partida.

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Ernesto Villanueva

Ernesto Villanueva es doctor en derecho y doctor en comunicación pública por la Universidad de Navarra. Investigador por oposición del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Su obra más reciente es "Parásitos del poder: cuánto nos cuesta a los mexicanos mantener los privilegios de los expresidentes de la República". Ediciones Proceso, 2015.


*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.
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