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“Iguala: las torturas que ‘ahora sí’ van a investigar”, artículo de Témoris Grecko
Buscasendas por Témoris Grecko
Foto: Aristegui Noticias

¿Cuántas veces regañó el gobierno mexicano a quienes señalaban que la tortura es una práctica extendida en sus fuerzas del orden? Sólo cuando también lo dijo el Departamento de Estado desde Washington, calló y miró abajo. Horas después se difundió el video que muestra a soldados y policías federales torturando a una joven a la que le gritan “¡pinche vieja chillona!”. Entonces salieron todo tipo de funcionarios a mostrar arrepentimiento. Vamos, hasta el general secretario de la Defensa Salvador Cienfuegos, el que dijo que colaborar o no con la justicia depende de quien es él tras sus 52 años de servicio, acometió el hito de pedir perdón.

La PGR aseguró el miércoles que investigará a quienes torturaron a todos los detenidos del caso Iguala. ¿Por qué no lo hicieron antes? No lo explican, como si no fuera su obligación. ¿Sabrán lo que implica su compromiso? De cumplirlo, tendrían que procesar judicialmente a todos los funcionarios que intervinieron, hasta llegar al exprocurador Jesús Murillo Karam y al director de la Agencia de Investigación Criminal, Tomás Zerón de Lucio, un hombre que mete las manos para encargarse de las cosas personalmente, como llevar a un detenido torturado al río San Juan para montar el escenario del “hallazgo” de las bolsas con restos de normalistas, y de quien no debería extrañarnos que hubiera estado presente en esas violentas sesiones de interrogatorio.

¿Por qué habríamos de creer que –ahora sí- la PGR va a investigar y castigar a los torturadores que le hacen el trabajo sucio? Ya el viejo “general” Durazo prometía lo mismo en los años 70.

Lo que queda más que claro es que la “verdad histórica” de la PGR tiene un respaldo de evidencias materiales frágil, cuestionado e insuficiente, y que el sustento de su versión –las declaraciones de sus detenidos- tiene un valor equivalente a cero, porque los hizo decir lo que quiso a través de torturas.

Las responsabilidades llegan hasta la Presidencia: es su titular quien debió haberse asegurado de que el mayor conjunto de crímenes cometido bajo su gobierno, y en este siglo –crímenes de lesa humanidad-, fuera investigado ateniéndose con rigor a las mejores prácticas internacionales. Así es que si van a investigar las torturas, que revisen también todo lo que favoreció que se recurra a esas técnicas.

Si fueran serios.

¿Y LOS PERIODISTAS?

Otros que tienen que revisar su proceder son los periodistas –directores de medios, columnistas, reporteros- que se prestaron a la fabricación y sostenimiento de una “verdad histórica” que básicamente atenta contra el corazón del sistema judicial del país: si crímenes tan importantes son tratados con tal perversión e irresponsabilidad, ¿qué esperanzas tenemos los mexicanos de recibir justicia?

Una anécdota personal: durante la insurrección de 2009 en Irán, que cubrí desde Teherán, las autoridades trataban de demostrar el origen extranjero del descontento presentando en la televisión a detenidos que “confesaban” servir a oscuros intereses imperialistas. Los “convencían” mediante torturas tan terribles que muchos morían antes de llegar frente a las cámaras. Un día vi en la pantalla a mi compañero Maziar Bahari, un periodista canadiense, recitar en inglés lo que le habían hecho aprender: una explicación sin detalles de cómo él había sido enviado a crear problemas y que todos los reporteros éramos espías. Estuvo 118 días preso y bajo tortura. Unos “periodistas” que trabajaban para Press TV (el canal iraní de propaganda en inglés, cuya versión en castellano es Hispan TV) realizaron la “entrevista”, a sabiendas de que hablaban con un hombre bajo torturas.

Tengo esto en mente cuando leo a muchos de los periodistas que repiten como fotocopiadoras lo que la PGR, Gobernación o la Defensa Nacional les pusieron en el escritorio. En especial a quienes han repetido que el testimonio de Sidronio Casarrubias es la prueba definitiva de que a los 43 desaparecidos “los hicimos polvo y los echamos al agua, nunca los van a encontrar”. En principio, porque al menos desde diciembre de 2014, sabemos que Casarrubias declaró bajo tortura. Estos columnistas no lo entrevistaron directamente saliendo del cuarto de los torturadores, como pasó con Maziar en Irán. Pero están presentando como veraz y utilizando para fines propagandísticos lo que a él le arrancaron bajo tortura. Ir a entrevistarlo hubiera requerido un esfuerzo innecesario. Mejor esperar sentados a que la PGR les trajera la “confesión”.

Además, quien lea el documento que Casarrubias firmó, se dará cuenta de que nada de lo que dice es verosímil porque esa versión no es consistente con los hechos que sí sabemos que ocurrieron.

LA FIESTA MÁS GRANDE

Casarrubias habría declarado el 17 de octubre de 2014. Digo habría porque la PGR falsificó la fecha de su detención, que habría ocurrido el 15 de octubre y no el 16, como quedó asentado: la PGR se dio 24 horas para aflojar al detenido. En documentos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, publicados el martes por AP, Casarrubias denuncia que “el señor aquí presente”, señalando hacia el detective Gabriel Valle Campos, “fue uno de los primeros que me torturó y se sentó en mi estómago, y fue el que me asfixió con bolsas negras de plástico, y además me violó con una pieza metálica. Me amenazó con que iba a torturar a mi familia, a mis hijos, de la misma forma en que lo estaba haciendo conmigo”. Le ordenaron que sostuviera que había sido detenido el 16 de octubre; le dictaron lo que debía decir ante una cámara de video, “sin errores”; y el 17 de octubre, un agente del Ministerio Público le entregó una declaración ya redactada, pues “tú nomás vas a firmar y poner tu huella”.

Según el “testimonio” que fue obligado a suscribir, Casarrubias fue informado de que los normalistas venían infiltrados por 17 miembros de Los Rojos y llegaron a Iguala a las 13:00 horas, del 26 de septiembre, con el objetivo de atacar el negocio de lavado de autos Los Peques, base de una de las bandas de Guerreros Unidos, para matar al “jefe de plaza”, Víctor Hugo Benítez Palacios. Ahí habrían robado tres taxis antes de dirigirse a casa de Benítez. Casarrubias supuestamente recibió un mensaje de Blackberry de uno de sus sicarios, Gildardo López Astudillo, “El Gil”, que decía que era “la fiesta más grande en la que se habían metido Los Rojos”, y que “ya llevaban varias horas peleando”.

A las 14:00, los atacantes ya habrían sido vencidos y capturados, y sólo una señora encargada de la limpieza habría sido herida. Por orden de Casarrubias -continúa su supuesta declaración-, El Gil habría asesinado a los cautivos: “El Gil me dice que los 17 Rojos ya se habían ido al agua, o sea, que ya los quemaron y que las cenizas las tiraron al agua, yo me imagino que es el río Cocula”. El procurador Murillo Karam respaldó la afirmación con un supuesto mensaje de texto que habría enviado El Gil: “Los hicimos polvo y los echamos al agua, nunca los van a encontrar”.

LAVANDO EL TRABAJO SUCIO

En realidad, los estudiantes estaban en Ayotzinapa a las 13:00 horas y sólo se acercaron a Iguala siete horas después; no iban armados, por lo que no podían atacar al grupo criminal; es poco verosímil que primero creyeran que podían derrotar a sus enemigos y después se hubieran rendido sin haber sufrido ni una baja ni una herida, con la certidumbre de que los iban a matar; y ese mensaje de texto habría llegado al teléfono móvil de Casarrubias cuando los supuestos incinerados todavía no salían de su escuela en Ayotzinapa.

Ni uno solo de los otros 122 detenidos declaró algo que concordara con esta historia. Las contradicciones con los hechos son obvias e invalidan el conjunto de la información. Pero la PGR seleccionó lo que quiso usar y desechó lo que no le servía. Los periodistas fotocopiadores, que en general saben leer declaraciones judiciales y entender lo que es consistente y lo que no, escogieron hacer lo mismo que la PGR.

Al extremo de que cierto columnista aprovechó que iba a escribir el prólogo de un libro no para presentar el mismo libro y a sus autores, sino para promover la “verdad histórica”: la intención del colectivo era hablar de los normalistas asumiendo que siguen vivos pero en las primeras tres líneas de todo el volumen –las primerísimas tres-, el prologuista afirma lo contrario y reproduce la frase “los hicimos polvo y los echamos al agua, nunca los van a encontrar”.

Después, otro periodista útil gastó entre tres y cuatro millones de pesos –que no se sabe de dónde salieron- en la realización un videohome dedicado a defender la “verdad histórica”: en su falsificación, puso a aspirantes a actores de telenovelas a representar a estudiantes indígenas de la sierra de Guerrero que están desaparecidos y no se pueden defender, pese a lo cual los presenta como miembros de una banda criminal.

Y utilizó, para rematar, el supuesto “testimonio” de un hombre al que torturaron: “los echamos al agua, jefe”.

Entrevistar o tomar información de alguien que la proveyó bajo tortura o presión, es un acto contra la ética profesional en México y en cualquier lugar, como sabemos los periodistas. No es novedad. En el caso Iguala, unos hacen el trabajo sucio con las manos. Otros lavan el resultado con las teclas para convertirlo en un producto verosímilmente intelectual. O eso quisieran hacer.

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cartel LASA

Nuestro documental #MirarMorir. El Ejército en la noche de Iguala, recibirá el premio LASA Award for Merit in Film el 29 de mayo en Nueva York, en el Festival Cinematográfico del Congreso de la Latin American Studies Association, la organización mundial de académicos y especialistas en América Latina. El 28 y el 30 de mayo, Coizta Grecko, Juan Castro y yo presentaremos el filme en el Concourse A del New York Hilton Midtown.

Funciones en la CINETECA NACIONAL:

Compra tus boletos con anticipación, en línea.

Del 18 al 29 de mayo, en el CENTRO CULTURAL UNIVERSITARIO de la UNAM. El 19 de mayo, daremos una charla al final de la función de las 18:30 (entrada libre), en la sala Julio Bracho.

Y entra a www.cuadernosdobleraya.com para ver los videos y fotos de “Los 12 mexicanos más pobres. El lado B de la lista de millonarios”. El libro ya está a la venta.

Ambos son proyectos de Ojos de Perro vs la Impunidad y Cuadernos Doble Raya. El segundo con el gran apoyo de Oxfam México.

Témoris Grecko

Témoris Grecko es un periodista independiente que ha realizado reportajes en 91 países de todos los continentes y completado tres vueltas al mundo. Ha publicado cuatro libros, con temas como la guerra en Siria, una insurrección en Irán, el racismo y el sida en África y la ultraderecha en México. Acaba de estrenar la película "Mirar Morir. El Ejército en la noche de Iguala", está escribiendo un libro sobre el mismo tema y trabaja en un documental sobre censura y violencia contra periodistas en México. www.temoris.org

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