La otra cara de la moneda: centroamericanas dan a luz en México y quieren ser ciudadanas
La última cifra que publicó la Secretaría de Gobernación a través de su Unidad de Política Migratoria sumó en 2009 a alrededor de 24 mil 145 centroamericanos con documentos.
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Foto: Llaopinion.com

Fragmento del texto publicado por Impremedia/ La Opinión/ Gardenia Mendoza 

En cuanto dieron unos pasos después de Guatemala, un grupo de agentes migratorios en México detuvo a Irene Gálvez, a su esposo y a la hija de ambos para interrogarlos sobre su estancia legal. Los padres no tenían documentos, pero la niña sí: cuatro años atrás, en una tarde soleada y complicada para madre, doctores, paramédicos, enfermeras y activistas sociales, nació Estefany en la ciudad de Juchitán, Oaxaca.

Parir a la pequeña fue casi un milagro. En el Hospital General de Ixtepec, donde le habían dado la noticia de que tenía tres meses de embarazo, donde pronosticaron una gestación complicada y donde sugirieron que no siguiera su camino a Estados Unidos, no querían atenderla a la hora de la verdad con el pretexto de que “tenían otra cirugía” y de ahí la mandaron a la ciudad vecina.

“Use la ambulancia”, le dijeron a su marido. “Pero no tiene gasolina y le vamos a cobrar el traslado”.

Los centroamericanos no tenían ni un peso, pero con la ayuda del sacerdote Alejandro Solalinde, fundador del albergue Nuestros Hermanos en el Camino, el marido logró conseguir un poco de combustible y convencer a las autoridades de salud de Juchitán que atendieran a su mujer y naciera la pequeña.

Los mexicanos hacen bromas de sí mismos acerca de la “urgencia” que tiene su país de declarar ciudadanos a todo el que nace en en su territorio, en sus barcos, sus aviones o cualquier medio de transporte, tal y como lo plasma la Constitución.

Pero esta política de aparente apertura se ve menguada por trabas burocráticas o xenófobas en hospitales y registros civiles que operan en cada estado y hoy por hoy la realidad es que depende del humor de doctores y funcionarios públicos lograr que se reconozca la ciudadanía a los recién nacidos, según ha observado durante años Alberto Donis, administrador de Hermanos en el Camino.

“Da trabajo, pero finalmente lo hacen y muchas madres centroamericanas ven ciertas ventajas”.

Después del parto, Irene Galvez y su familia regresaron a San Juan Zacatepec, su pueblo natal en Guatemala, y se hicieron a la idea de que ahí crecería la niña hasta que estuviera en edad escolar para regresar a México. “Si estudia en Guatemala no va a ser nadie en México, donde queremos que viva: aquí es su país”, cuenta Irene en entrevista telefónica desde Ixtepec.

(Texto completo en La Opinión



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