“En literatura, el orden de los factores altera el producto”: Margo Glantz
“En México hemos llegado a un extremo tan terrible que hasta las cenizas desaparecen, no queda nada”, señala la escritora mexicana.
(Secretaría de Cultura/Sexto Piso).

Margo Glantz (1930) tiende puentes entre lo aparentemente banal y lo más elaborado. Su novela Por breve herida (Sexto Piso), en principio parece una obra sobre los dientes. No obstante la escritora lleva su relato a terrenos más amplios: los vincula con el arte y la propia experiencia humana. La autora recién premiada con la Medalla Cervantina, habla en entrevista de su trabajo y su forma de concebir la literatura.

Sus libros tienen a ser diferentes entre sí, ¿cómo nacen uno y otro?

Siempre trato de encontrarle una nueva estructura los temas que obsesionan. Los dientes son importantes porque mi padre fue dentista; los zapatos porque mi familia tuvo zapaterías. Una novela a partir de la dentadura obedece a que continuamente visito al dentista, con quien la relación es obsesiva y casi parte de un ritual. Estas características me dieron pábulo para escribir y leer.

En los dientes afloran las emociones: sonrisa u odio.

Es una de las partes más vinculadas a lo consciente. No podemos prescindir de ellos para comer, reír, nos duelen. Aristóteles decía que el hombre era humano porque reía. Edgar Allan Poe, Perec, Celan, se preocuparon por los dientes y al leerlos me puse a coleccionar anécdotas que inconscientemente me ayudaron a construir el libro.

De alguna manera es una obra aparentemente gozosa.

Sí, aunque llegó un momento en el que ya me daba nausea leerme. Ya no soporto leerlo porque lo revisé muchas veces.

La presencia de lo cotidiano es algo recurrente en su trabajo, ¿porqué?

Uno parte de lo cotidiano. Me gusta tender puentes entre lo banal y lo más elaborado. Así he sido desde los treinta años, cuando empecé a escribir ensayos.

¿Y lo autobiográfico a qué obedece?

Soy muy autorreferencial, es verdad. Pero no solo por lo vivencial, también por la lectura. Uno también es lo que lee, ve o siente, todo ello es parte de la autobiografía.

Creo que su concepción de la escritura atraviesa por una idea de la literatura casi como un laboratorio.

Tito Monterroso, un gran escritor y amigo, se vanagloriaba de qué nunca había repetido la misma estructura en sus libros, al igual que George Perec. Yo puedo decir lo mismo, no por vanidad sino porque es la única forma que tengo para producir un texto. Si no encuentro una estructura adecuada para el tema que me obsesiona, no puedo hacer un libro. Por eso me tardé tantos años en escribir esta novela. Imagínese, tengo cuarenta y cuatro variantes en la computadora. Es un trabajo de ensamblaje muy lento y largo. En literatura, el orden de los factores altera el producto.

¿Qué piensa de los géneros literarios?

Cada artista, dependiendo de su disciplina, tiene que elegir un material y ver cómo lo organiza. En la pintura es más fácil tomar un tema y repetirlo al infinito. Así lo vemos en Monet o Bacon. En la escritura cuesta más trabajo por eso Kenneth Goldsmith, autor norteamericano, dice que es el arte más conservador y decimonónico. Todavía hay quien espira que se escriba como García Márquez o como en el siglo XIX. No es que esté mal pero yo no puedo, ni quiero. Hay una cantidad de mujeres muy leídas, que lo imitan y cuyo valor es sólo comercial. No me interesan, son remedos de algo que tuvo éxito.

¿Desconfía de los movimientos o corrientes literarias?

Los movimientos son invención de los críticos. Es evidente que cada época tiene ciertas preocupaciones y formas de manejarlas, pero las etiquetas son otra cosa.

En su momento fue muy crítica de la literatura de la onda, ¿sigue pensando lo mismo?

Así como mucha gente piensa que soy un zapato caminante, otros dicen que soy una onda reproducible. Fue un movimiento importante. Admiro a José Agustín y a Gustavo Sainz, en su momento fue importante Parménides García Saldaña. Abrieron la puerta para gente tan relevante como Juan Villoro, pero “la onda” cayó en el estereotipo y se le manoseo demasiado.

¿Cómo sucedió con el realismo mágico?

Sí, en el realismo mágico caben Alejo Carpentier, García Márquez o Elena Garro, pero todos tienen una beta común pero son diferentes entre ellos. Las categorías son para facilitar la comprensión de cierta producción.

¿Es una mujer optimista o pesimista?

Hoy vivimos una época escalofriante. En los campos de concentración se hacía cenizas a la gente pero en México hemos llegado a un extremo tan terrible que hasta las cenizas desaparecen, no queda nada, ni los huesos. Vivimos una época donde la desaparición es total y me parece terrible. Nuestros gobernantes no tienen memoria alguna.

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