Elba Esther Gordillo pasa sus días sin lujos en la cárcel
La otrora todopoderosa dirigente del SNTE tiene terror de volver al penal de Santa Marta Acatitla, el lugar donde pasó las primeras horas tras su detención, el 26 de febrero.
(Foto:Cuartoscuro)

La ex líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo, pasa sus días en prisión sin lujos y con escasas visitas de sus cercanos.

Huésped de la torre médica del penal de Tepepan, la otrora todopoderosa dirigente del sindicato magisterial tiene terror de volver al lugar donde pasó las primeras horas tras su detención, el 26 de febrero, informa el diario La Jornada.

La maestra ha suplicado no volver a Santa Marta, porque “es horrible, ya que familiares y allegados que la visitan con frecuencia, cuentan que sobre ella se ejerce un constante ‘‘acoso sicológico’’.

‘‘Conmigo no finjas, méndiga, yo te conozco. Mi marido es de la coordinadora (Nacional de Trabajadores de la Educación) y yo sé lo que les has hecho a los maestros’’, le dicen.

El ambiente ‘‘hostil’’, sin embargo, no ha propiciado una denuncia de la interna ni de sus defensores. Quizá porque, pese a todo, para Gordillo es mil veces mejor estar en la torre médica de Tepepan que en cualquier otro espacio carcelario.

La ‘‘guerrera’’ cuenta con una pequeña celda y un baño privado. Sus ‘‘lujos’’, afirman, están relacionados con su salud: su médico de cabecera puede entrar a revisarla frecuentemente y la profesora sólo ingiere alimentos y medicinas que le son llevados desde fuera.

Los ‘‘únicos’’ privilegios que tiene, cuentan allegados, son un iPod y la posibilidad de recibir libros que le llevan sus pocos visitantes. Tras su aprehensión, algunos cercanos de la maestra aseguraban que ella no aguantaría ‘‘ni tres meses’’ encerrada.

Gordillo sufre de insuficiencia renal y vive con las secuelas de una hepatitis C atendida equivocadamente, sin contar los malestares en el ojo derecho, del cual ha sido operada en dos ocasiones, pues estuvo en riesgo de perderlo. Padece molestias por una malla que le fue colocada en el torso para paliar la pérdida de tejido muscular, derivada a su vez de la cirugía a la que fue sometida en su juventud, cuando donó un riñón al padre de su hija Maricruz Montelongo.

Por si fuera poco, uno de sus tobillos ‘‘está deshecho y requiere cirugía’’. Tiene, además, problemas con una placa dental que le deben sustituir. Ha logrado el privilegio de la atención de su médico de cabecera, pero no sin algunos tropezones. Uno de sus allegados cuenta que el anterior director de la torre médica amenazó con limitar las visitas de su nefrólogo y la entrada de sus propios medicamentos, sin consecuencias mayores. (Con información de La Jornada)





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