Huía de la violencia en Honduras y encontró la muerte en Veracruz
Cada mes llegan a Acayucan más de 60 migrantes para buscar el estatus de refugiado, como Edwin Rivera, el camarógrafo hondureño asesinado el 9 de julio.
(Foto: Cuartoscuro/Ilse Huesca).

Por Israel Hernández

En México los refugiados no importan: la violencia de la que escapan decenas de migrantes centroamericanos tarde o temprano los alcanzará como a Edwin Rivera Paz, el periodista hondureño asesinado el pasado domingo a plena luz del día en un barrio popular de Acayucan, al sur de Veracruz.

El crimen contra el camarógrafo del programa Los Verduleros sólo ha visibilizado una crisis humanitaria de escala internacional que, hasta hace algunos meses, pasaba desapercibida entre organizaciones no gubernamentales, el gobierno mexicano y organismos como la Agencia de la ONU para los refugiados.

Rivera Paz era uno de los más de 60 migrantes que cada mes arriban a Acayucan para iniciar el proceso de solicitud de refugio. Personas que ven en México una segunda oportunidad de vida y una desconexión con la realidad que los azota en Guatemala, Honduras, El Salvador o Nicaragua: secuestros, homicidios, pobreza, hambre y falta de oportunidades de empleo.

Poco se sabe del móvil del asesinato del periodista catracho. Hasta ahora la Fiscalía General del Estado, que ya es apoyada por instancias federales, no ha ofrecido una postura clara sobre el hecho.

Lo que sí se sabe, dicho por sus compatriotas que aún resisten en Acayucan y Oluta, es que Edwin estaba interesado en documentar los obstáculos y desafíos que atraviesan los migrantes en un país también atestado de violencia.

 

El camarógrafo

Después de que el 17 de enero mataron a Igor Padilla en San Pedro Sula, Honduras, el staff de Los Verduleros no lo pensó dos veces. Su estancia en Honduras representaba la muerte a pesar de las promesas del gobierno de ese país de garantizar la seguridad del equipo y esclarecer el caso.

Para Edwin Rivera Paz la única opción fue migrar al norte para recuperar su tranquilidad y alejarse del traumático suceso.

Cruzó Guatemala y se internó en Mexico, donde el personal del Instituto Nacional de Migración (INM) lo detuvo porque su estancia carecía de legalidad. Entonces advirtió sobre su situación y el grave riesgo que enfrentaba: “Si regreso a Honduras, me matan”, diría ante los agentes del INM.

Enfrentado con los asesinos de su colega, creyó que Veracruz era un lugar seguro o, al menos, donde podía obtener el asilo con ayuda del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Espigado, de al menos un metro con 80 centímetros de altura, Rivera Paz se presentó en el albergue de migrantes Monseñor Guillermo Ranzahuer González, en el municipio de Oluta, para solicitar informes sobre los pasos a seguir para ser un refugiado.

De acuerdo con el sacerdote Ramiro Baxin Ixtepan, encargado del albergue, el camarógrafo sólo estuvo un par de días en el sitio. Tras recibir la asesoría de los abogados del centro, decidió continuar con el trámite al amparo de la buena suerte y el apoyo de algunos compatriotas en la vecina ciudad de Acayucan.

Poco se sabe sobre cómo subsistió durante los últimos 2 meses. Uno de sus conocidos afirma que trabajó en un bar de la ciudad. Otros dicen que recibió apoyo económico de amigos radicados en su país natal.

Las noticias sobre sus días en México fueron escasas. En realidad nadie sabía que vivía en la región sur de Veracruz hasta que el domingo 9 se supo del asesinato de un joven en el barrio San Diego.

Postrado en el pavimento de uno de las colonias más ‘calientes’ de Acayucan, así se recuerdan las últimas imágenes de quien fuera pilar en la producción del programa encabezado por Igor Padilla.

En el barrio donde fue alcanzado por las balas, un joven de apenas 17 años presume el video donde se ve a Edwin ensangrentado y sin vida. A unos metros de donde cayó, el muchacho relata que escuchó por lo menos 7 disparos.

Las lluvias que han caído en los últimos días ya borraron la sangre del pavimento y aún permanece la veladora colocada por los vecinos de la colonia.

A tres días del homicidio, peritos de la Fiscalía General del Estado, resguardados por la Policía Estatal y elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional, intentan determinar la mecánica de los hechos.

Aunque quieren minimizar su presencia en el lugar, los soldados están alertas en todo momento y no es para menos: en un par de meses, ese barrio acayuquense ha presenciado el asesinato de 4 personas en un bar y el plagio de dos más en una de las calles aledañas.

Los representantes del Consulado de Honduras en Veracruz han dicho que Rivera Paz gozaba -si así se le quiere llamar- de protección complementaria de la Comisión Mexicana de Ayuda a los Refugiados en tanto conseguía la anuencia del ACNUR.

Para Rubén Figueroa, vocero del Movimiento Migrante Mesoamericano, el asesinato del periodista evidenció la falta de criterio y sensibilidad del Estado mexicano en la protección de periodistas y migrantes en alto riesgo.

 

Costly, amenazado

En el rostro de Costly se asoma la tranquilidad de estar alejado de esa maldita (como él refiere) ciudad llamada Tegucigalpa, Honduras, donde lo asaltaron y amenazaron de muerte.

Desde hace dos meses vive en México a la espera de que ACNUR expida el documento con el que podrá trabajar sin problemas legales en cualquier lugar del país.

Ha tenido que aprender a vivir lejos de sus dos hijos y con la zozobra de que no sea perseguido por quienes lo amenazaban y hostigaban mientras estaba en Centroamérica.

En Honduras dejó todo. Su trabajo como profesor de educación física lo cambió por el artesanal oficio de adornar espejos y otros artículos de decoración. El calor de casa lo sustituyó por el compañerismo del albergue. Todo ha cambiado.

“Salí de allá porque me asaltaron y golpearon en un barrio de la ciudad. Me quitaron todo lo suficiente para saber dónde y con quién vivía. Cuando me dijeron que sería secuestrado tuve que venirme a México. Nada me garantizaba vivir”, dice.

Ocho semanas después de abandonar su país también sabe que en territorio mexicano la muerte está a la vuelta de la esquina: Costly es uno de los pocos hondureños que sabía que Edwin Rivera no había dejado su pasión por documentarlo todo.

La desconfianza de no saber con quien habla lo obliga a reservarse mucha información y la suelta en dosis muy pequeñas. Solo asiente o niega, según sea el caso.

Pero el temor se multiplica cuando, al igual que el resto de sus compañeros migrantes, desconoce si el asesinato de Edwin está ligado a un hecho reciente o al pasado que lo condenó, a través de los Maras Salvatruchas, en San Pedro Sula.

Costly ha tomado la decisión: una vez que tenga en sus manos el estatus de refugiado, su camino deberá seguir hacia otra ciudad del país donde la violencia no lo haga presa.

 

Un lugar para los refugiados

En el albergue Monseñor Guillermo Ranzahuer González tienen muy claro que no todos los migrantes buscan mejores oportunidades de vida ni un empleo más remunerado. El centro encabezado por el sacerdote Ramiro Baxin, se ha convertido en un oasis de esperanza en medio del terrible desierto de la exclusión.

“Hay una necesidad de la persona migrante de permanecer en México para poder trabajar y estar alejado de la violencia insostenible en sus países de origen. Aquí nos dimos cuenta que debíamos ser un apoyo fundamental para los refugiados”, explica el padre basado en el municipio de Rodríguez Clara.

Según los cálculos del sacerdote católico, las solicitudes de refugio en Acayucan se han duplicado en el último año. Cada mes, precisa, la cifra de migrantes en esta condición suma entre 20 y 60 casos.

“El albergue tiene capacidad para 50 migrantes, pero a veces nos vemos rebasados. Tenemos un proyecto para tener un centro para 250 personas, sin embargo apenas es una aspiración para hacer crecer esto”, detalla.

Se buscó hablar con los representantes de ACNUR en Acayucan, pero este martes las oficinas estuvieron cerradas. Azucena Méndez, encargada regional del organismo, dijo estar en Oaxaca dentro de un recorrido en una estación migratoria.

 

Hora de irse

Tras el asesinato de Edwin Rivera, uno de sus hermanos y un amigo cercano dejaron Acayucan porque se había demostrado que la muerte podía llegar muy pronto.

Ni siquiera se quedaron para darle el último adiós al colega que, según las autoridades consulares de Honduras, será llevado a su ciudad natal para sepultarlo allá en los próximos días.

En tanto esto ocurre, nada ha aportado la FGE para esclarecer este crimen que ya fue condenado por organizaciones internacionales como Reporteros Sin Fronteras y Artículo 19.







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