Rousseff, la heredera de Lula que quedó fuera del poder
Torturada por el régimen castrense con descargas eléctricas y palizas que le dañaron el útero y la dentadura, esta mujer de 68 años, divorciada y madre de una hija, recuerda a sus detractores que jamás fue acusada de lucrarse en corruptelas.
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Hija de un inmigrante búlgaro y de una profesora, Dilma Rousseff –economista, ex ministra y primera presidenta mujer de Brasil- fue apartada este jueves del poder tras la apertura de un juicio político que ella califica de “golpe”.

Anclada en los últimos meses en cotas históricamente bajas de popularidad que rondaban el 10 por ciento, la presidenta vio su áurea política erosionada por los escándalos de corrupción en su Partido de los Trabajadores (PT) y por la recesión económica.

De temperamento firme , Rousseff fue apartada del poder –de momento por 180 días- para ser juzgada por el Senado por un juicio político fundamentado en un supuesto “crimen de responsabilidad” en el manejo de las cuentas públicas de 2014 y 2015.

En uno de sus últimos actos como mandataria aseguró que “no va a dimitir” y prometió “luchar hasta el final” para defender su mandato al frente de una de las diez mayores economías del planeta, que enfrenta una recesión y unas turbulencias históricas.

Fiel lugarteniente del presidente Luiz Inacio Lula da Silva durante sus dos mandatos (2003-2010), en cuyo gabinete fue ministra de Energía y Minas y jefe de la Casa Civil, Rousseff deberá ahora defenderse para revertir la votación en el Senado, que inició el “impeachment” por 55 votos a favor y 22 en contra.

De repetirse en el Senado el mismo resultado en las próximas semanas o meses, al término del proceso de instrucción y presentación de pruebas, Rousseff perderá definitivamente el mandato.

Hoy ya hubo los apoyos necesarios (54 votos o dos tercios de la Cámara Alta) para deponerla por “impeachment”, lo que anticipa una dura batalla de la presidenta para intentar convencer a por lo menos dos senadores para que cambien su voto y evitar así que sea depuesta por juicio político.

Desde la misma noche de la elección electoral en que fue reelecta, en octubre de 2014, quedó claro que debería tejer alianzas con una Cámara Baja de mayoría conservadora para poder sacar adelante las reformas económicas que el país necesita.

En estos casi 15 meses de segundo mandato Rousseff no supo lidiar con el Legislativo, dominado por caciques y por una elite política que exige contrapartidas a cambio de apoyo.

En ese tiempo la crisis económica sacaba a millones de personas a las calles del país hasta en seis ocasiones y, en el Legislativo, la oposición usaba la controvertida figura de Eduardo Cunha –presidente suspendido de la Cámara Baja- para sacar adelante el proceso de juicio político e interrumpir un ciclo de 13 años en el poder del Partido de los Trabajadores (PT).

Lejos de bajar los brazos, Rousseff promete “lucha” y, en las últimas semanas, ha tratado de reforzar su imagen de ex guerrillera, de joven marcada por el período de activismo político durante la dictadura militar.

Torturada por el régimen castrense con descargas eléctricas y palizas que le dañaron el útero y la dentadura, esta mujer de 68 años, divorciada y madre de una hija, recuerda a sus detractores que jamás fue acusada de lucrarse en corruptelas.

Con el nordeste del país como feudo electoral, por ser una de las regiones que más se beneficiaron de los programas sociales, siempre defendió el mantenimiento de los programas sociales pese a la caída del Producto Interior Bruto (PIB) y al creciente aumento de la deuda pública.

Su legado está marcado por la extensión de los programas sociales impulsados por Lula, en especial el de vivienda para rentas bajas y el Bolsa Familia, una pensión básica que llega a 46 millones de brasileños y que ha sido elogiada por Naciones Unidas.

Uno de sus grandes fracasos es la gestión de Petrobras, buque insignia de la emergencia de Brasil y cuyo consejo de administración dirigió antes de asumir la presidencia del país.

Azotada por el mayor escándalo de corrupción de la historia del país, la estatal brasileña está fuertemente endeudada y tiene su credibilidad internacional en jaque, pese a ser gestora de inmensas reservas de petróleo.

Su formación, el PT, siempre receló de su liderazgo, eclipsado por su mentor, Lula, quien la escogió como heredera de sus dos mandatos. (Ntx)



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