El problema no es Trump, sino las propias armas nucleares: ICAN, Premio Nobel de la Paz 2017 (Entrevista)
"De permitirlas, mucha gente como él, podría terminar con el poder de causar el holocausto nuclear. Es una realidad que tenemos que enfrentar”: Daniel Högsta, coordinador de la Red de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares.

Por Magda Coss* (@magdacoss) Colaboración especial para Aristegui Noticias

Cuatro personas, financiamiento limitado, diez años de trabajo, un tratado histórico y el Premio Nobel de la Paz. La vieja historia de David contra Goliat es la metáfora perfecta para hablar de ICAN, la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares y cómo están transformando el curso de la historia para salvar a la humanidad de lo que podría ser el holocausto nuclear.

El pasado 6 de octubre la Academia Sueca otorgó el galardón a esta coalición de organizaciones de la sociedad civil hasta entonces poco conocida, para “animar” a los países a respaldar el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares que se abrió a firma el 20 de septiembre y que a la fecha ha sido ratificado por 53 países.

Para decepción de muchos periodistas, el ganador del Nobel de la Paz de este año no era un nombre famoso y los reflectores no estaban colocados en una única persona, pero cuando se observa el alcance que han tenido las acciones y la determinación de este pequeño grupo de individuos, articuladores de un increíble esfuerzo – enfrentando todo el poder militar de Estados Unidos y sus aliados- que consiguieron lo que se creía imposible, resulta claro que hay una historia que contar: la de que cualquier persona con la convicción necesaria puede ser un héroe y hacer la diferencia en el mundo.

Daniel Högsta, coordinador de la Red ICAN, es una de estas cuatro personas que está desbordado con la noticia. El día anterior había celebrado con las otras seis personas que antes del recorte de financiamiento que enfrentaron en el 2015 formaban parte de ICAN. Alegre y sorprendido por la atención mediática, responde desde Ginebra a la entrevista exclusiva para Aristegui Noticias.

Una victoria colectiva. Lo primero que hace Daniel Högsta es reconocer a las 468 organizaciones en 101 países y a todos los que se movilizaron contra las armas nucleares alrededor del mundo: “Es a la organización a quien se le identifica como ganadora del reconocimiento, pero son miles de voces que han luchado, desde hace décadas, contra esa oposición encabezada por Estados Unidos y sus aliados, y que ahora el Nobel, finalmente, pone al desarme en posibilidad de hacerle frente y derrotarlos.”

En 2014, en Nayarit, México, se llevó a cabo el encuentro que las organizaciones contra las armas nucleares consideraron el punto sin retorno. México hizo un llamado a los Estados a iniciar un proceso diplomático para la prohibición de las armas nucleares. Setsuko Thurlow, sobreviviente de la bomba de Hiroshima narró entonces su desgarrador testimonio de lo que vivió cuando a los 13 años se encontró cerca del epicentro de la detonación. Thurlow logró ver el día que su lucha y de tantos otros hibakusha fue reconocida tanto con el Tratado como con el Nobel.

Pero ¿por qué ICAN y no otras organizaciones que también trabajan por el desarme? “Nuestra maquinaria de cabildeo es muy efectiva. Algo que reconoció el premio Nobel fue que muchos de los grupos que también trabajan en el tema identifican que nuestra estrategia refleja mejor el objetivo”, reflexiona Högsta. La estrategia a la que se refiere es centrar toda la atención en el impacto humanitario, testimonios de las muertes de civiles y las consecuencias hereditarias que afectan al menos a tres generaciones, cálculos de la devastación que generaría actualmente una bomba como la de Hiroshima sin considerar que hoy son 17 veces más potentes.

ICAN se fundó en Australia pero su lanzamiento oficial fue en Viena, Austria, en el 2007, inspirados por el éxito que antes habían tenido las campañas contra minas terrestres para lograr una prohibición internacional. “El uso de armas de destrucción masiva viola las leyes de la guerra. El asesinato indiscriminado de civiles es un acto vergonzoso, ilegal e inaceptable”, apunta Beatrice Fihn, directora ejecutiva de ICAN. Sin embargo, a diferencia de las armas biológicas y químicas que se consideraban claramente ilegales, no sucede lo mismo con las armas nucleares. Tras el fin de la Guerra Fría, la mayoría se olvidó de este gigantesco riesgo y solo ahora, ante las tensiones entre EE.UU. y Corea del Norte, se ha vuelto a pensar en el peligro que una guerra nuclear podría representar para el mundo.

Högsta considera que las amenazas de Donald Trump y Kim Jong-Un definitivamente han contribuido a dar visibilidad al peligro de una guerra nuclear.

“Hay una sensación general de que los riesgos de que se utilice el armamento nuclear ha aumentado. La mayoría de las personas creían que nunca se usarían de nuevo, por lo que es algo con lo que viven. Pero ahora la gente se está enfrentando con la realidad de que están siendo utilizadas y es una posibilidad que está aumentando cada día. Se ve a través de la modernización de las armas nucleares, son más eficaces, más expansivas, pero también se ve a través de la retórica entre Donald Trump y Corea del Norte. Creo que en última instancia, lo que hay que subrayar es que si se piensa que las armas nucleares no deben estar en las manos de Trump, se reconoce que las armas no deben estar. El problema no es Trump; el problema son las propias armas, porque – de permitirlas – mucha gente como él, podría terminar con el poder de causar el holocausto nuclear. Es una realidad que tenemos que enfrentar”.

El 7 de julio de 2017 se dio el primer paso. Un día histórico que marcó el principio del fin de las armas nucleares: con 122 votos a favor, se aprobó por consenso la resolución de las Naciones Unidas- un instrumento jurídicamente vinculante- que prohíbe el desarrollo, las pruebas, producción, adquisición, transferencias, almacenamiento y posesión de arsenal o explosivos nucleares. Incluso prohíbe no sólo el uso, sino la amenaza del uso de armas nucleares.

ICAN lo había logrado. Había logrado convencer a los gobiernos del mundo de dar un verdadero paso para “proteger nuestra sociedad compartida del peligro de las armas nucleares”, tal como declaraba Fihn en el discurso inaugural para firmar el Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares en las Naciones Unidas.

Lo que también logró ICAN fue cambiar la narrativa sobre las armas nucleares. El secreto fue “…escoger las batallas. No tenemos muchos recursos y hasta ahora no podíamos confiar en que llamaríamos la atención de los medios de comunicación, así que realmente tuvimos que elegir dónde tendríamos el mayor impacto.

“Encontramos en el enfoque humanitario la manera más útil para prestar más atención a esta causa y también para lograr la posibilidad de una prohibición legal. Tuvimos que trabajar en diferentes niveles: en principio, generar mayor conciencia. No hacemos grandes manifestaciones en las calles. Nos centramos en las universidades y los gobiernos, haciendo que se sensibilicen.

“Y trabajando con los parlamentos para impulsar debates sobre armas nucleares, que se centran en lo que su gobierno está haciendo para promover el desarme nuclear, el tratado de prohibición. Tal vez, en lo que hemos tenido más éxito, es en el trabajo multilateral con organismos de Naciones Unidas, en Nueva York, Ginebra y Viena, por que cada vez que ha habido una gran reunión que se centra en el desarme o armas nucleares traemos a los activistas de todo el mundo con objetivos específicos para convencer a sus gobiernos”.

Llegó el Nobel pero la lucha sigue. A pesar de que el Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares ya consiguió las 50 firmas necesarias para tener efecto, aún es necesario que se sumen más países, que se sumen los 122 que aprobaron la propuesta en julio pasado. Daniel Högsta reconoce que “lo que no cambia con el Nobel es que tenemos un tratado muy joven. En términos simples, necesitamos que la mayoría de los países lo firmen y ratifiquen para pasar del trabajo multilateral al trabajo con los Estados y parlamentos de los países de la “sombrilla nuclear”, particularmente con los Estados Unidos. Necesitamos desafiar a los integrantes de los parlamentos a cambiar su política nuclear y, la atención que nos da este galardón, nos da impulso. Además, creo que es algo que va a pasar no sólo por lo que el Nobel de la Paz genera, si no por el interés de los gobiernos en el propio Tratado”. Esta victoria compartida ha sido celebrada por los miles de activistas de todos los continentes que bajo la coordinación de esas cuatro personas de ICAN, seguirán intentado cambiar al mundo y contener la amenaza.

*Periodista, consultora en temas de desarme, prevención de violencia y género; colaboró en el área de prensa de ICAN para América Latina, en 2014 y 2015.






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