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Septiembre 21, 2017 5:52 pm
“El presunto asesino de Neruda”, texto de Mario Casasús
El experto en Neruda publica este miércoles un texto sobre la salud del poeta chileno para relatar los últimos años de su vida así como el enigma alrededor de su muerte.
(Foto:latercera.com)

El periodista e investigador sobre Pablo Neruda, Mario Casasús, publica este miércoles un texto sobre los últimos años del escritor sudamericano.

El reportaje, impreso en el periódico Clarín de Chile, aborda la situación médica de Neruda, sus traslados a Santiago, así como el esfuerzo de la Universidad de Murcia por conocer qué sustancia le inyectaron al escritor el 23 de septiembre de 1973.

A continuación, el texto íntegro El presunto asesino de Neruda:

El presunto asesinato de Neruda

Por Mario Casasús, Clarín de Chile

El poeta Pablo Neruda ingresó a la Clínica Santa María el 19 de septiembre de 1973, el médico Roberto Vargas Salazar firmó la ficha número “189.950” con el siguiente diagnóstico: “cáncer metastático”. Neruda se sometió a dos operaciones en Francia (1971-1972), el médico cirujano Francisco Velasco estaba al pendiente de los tratamientos que recibía su amigo y vecino de Valparaíso:

“El cáncer de la próstata era inoperable, había metástasis en los huesos de la pelvis. Se le efectuó una operación paliativa, una talla vertical para aliviar sus molestias y combatir la infección urinaria” (Neruda. El gran amigo, 1987), el doctor Velasco derivó a Neruda con el urólogo Vargas Salazar en 1969, incluso asignó una enfermera al cuidado del poeta en 1973, conoció de primera mano el expediente médico y sabía que Neruda recibió 56 sesiones de radioterapia de cobalto. Los primeros resultados de la exhumación realizada el pasado 8 de abril detectaron la metástasis ósea.

El traslado de Neruda desde Isla Negra a Santiago se había programado con anterioridad, el chofer y asistente Manuel Araya contrató una ambulancia el 17 de septiembre, la idea era acercarse al aeropuerto en espera de los salvoconductos para viajar a México; Matilde Urrutia declaró: “El profesor Vargas Salazar, que lo atendía, siempre dijo que Pablo era un hombre muy fuerte, que se estaba defendiendo maravillosamente. Lo de llevarlo a la clínica fue más que todo por resguardarlo y protegerlo” (Revista Hoy, 1979). La viuda también denunció: “Su médico de Valparaíso fue apresado el día 13, así que no pudo llegar. Entonces me comunicaba con Vargas Salazar, en Santiago, y él me recetaba los antibióticos que yo ya tenía” (Funeral vigilado, 1974). El médico de cabecera y gran amigo de Neruda -Francisco Velasco- fue detenido y torturado en El Lebú; el chofer Manuel Araya fue detenido y torturado en el Estadio Nacional; el secretario y amigo de Neruda -Homero Arce- fue detenido y torturado por carabineros; el carpintero y restaurador de las casas de Neruda –Jaime Maturana- fue detenido y torturado en Villa Grimaldi. A partir del 11 de septiembre los militares establecieron un cerco represivo en contra de los colaboradores más cercanos del Premio Nobel.

El recorrido de Isla Negra a Santiago se prolongó 6 horas porque los militares detuvieron la ambulancia en 13 retenes, catearon al paciente y al chofer. El diplomático mexicano Gonzalo Martínez Corbalá fue la primera visita que recibió Neruda la tarde del 19 de septiembre, Volodia Teitelboim reconstruyó el encuentro: “El embajador Martínez Corbalá le extendió la invitación en la Clínica Santa María. Neruda agradeció, rechazándola… El Embajador insistió: ‘Allá tendrá mejor atención médica que acá. Volverá sano’. Neruda se resignó a partir” (Neruda, 1984). Los diplomáticos suecos Ulf Hjertonsson y Harald Edelstam visitaron a Neruda en la Clínica Santa María el 22 de septiembre, el Embajador Edelstam envió un informe a la cancillería, fechado el 8 de octubre de 1973: “A pesar de su grave enfermedad, Neruda habló sobre los acontecimientos en Chile y sobre el destino de muchos de sus amigos. Aunque el golpe militar no parecía haberle sorprendido, estaba indignado por la brutalidad de los militares”. Los historiadores Fernando Camacho Padilla y Mario Amorós publicaron: “En su cable del 22 de septiembre de 1973, Edelstam explicó escuetamente que Hjertonsson y él habían visitado a Neruda a primera hora de la tarde y que el poeta se encontraba ‘muy enfermo’ en la clínica, pero que, pese a ello, deseaba viajar a México el lunes 24” (La Nación.cl 19/03/2013).

El destino del poeta en el exilio era el Instituto de Cancerología, el hospital público de mayor prestigio en Latinoamérica, el vuelo saldría el 22 de septiembre, Neruda decidió reprogramarlo para el lunes 24, pero murió en la víspera. El certificado de defunción indica que la causa fue: “Caquexia cancerosa” (síndrome de desnutrición extrema y estado catatónico), el boletín médico retomado por El Mercurio omite la presunta Caquexia de Neruda: “Falleció anoche víctima de un paro cardiaco que provocó el deceso a las 22.30 horas. Se informó que al momento de su muerte lo acompañaban su esposa, Matilde Urrutia, y su hermana Laura. El vate chileno había sido internado en estado grave en la mencionada clínica el sábado (22). Posteriormente a consecuencia de un shock sufrido luego de habérsele puesto una inyección su gravedad se acentuó” (24/09/1973). El Mercurio de Valparaíso describe, con mayor precisión, una reacción alérgica: “La baja brusca de presión que experimentó ayer, tras haberle dado una inyección calmante, obligó al médico tratante Roberto Vargas Salazar, distinguido urólogo y nefrólogo, a llamar a interconsulta a un cardiólogo. ‘Se trata de una baja de presión muy importante’ nos explicó el médico y profesor de cardiología, quien no quiso sin embargo, identificarse” (24/09/1973). El periódico Jornal do Brasil tampoco menciona la Caquexia como causa de muerte, según el reportaje de Paulo César Araújo: “[Neruda falleció] víctima de infección urológica [o urinaria] crónica y flebitis, conforme diagnosticó en la tarde [del día 23] el médico Sergio Drapper” (24/09/1973).

El 19 de septiembre de 1973 la dictadura emitió el Decreto Ley Nº 20, relativo al Servicio Nacional de Salud y al Servicio Médico Nacional de Empleados; con el nuevo “Decreto Ley” se nombraron interventores militares que se hicieron cargo de los principales organismos de gobierno, empresas e instituciones privadas, el “Decreto Ley” fue refrendado el 21 de septiembre en el Diario Oficial de Chile.

Precisamente entre ambas fechas (19 y 21) inició la relación laboral del doctor Sergio Draper en la Clínica Santa María, Draper fue médico de turno durante las muertes de Pablo Neruda (1973) y Eduardo Frei (1982). Las contradicciones y omisiones de Draper son evidentes, en entrevista con La Tercera aseguró: “No estuvo ni inconsciente ni profundamente dormido, durante toda la tarde del día en que murió -5 hrs. antes de morir, Neruda le dijo- ‘Doctor, tengo la próstata podrida… póngame Amidona’” (23/09/1975); según Draper el paciente entró en coma y murió a las 10:30pm. La periodista Carolina Rojas entrevistó a Draper: “El tratamiento que se le hacía a Neruda era el indicado por Vargas Salazar. La clínica no hace ningún tratamiento que no sea el indicado por el médico tratante… Lo vi solamente un instante el domingo 23 de septiembre, a mí no me correspondía atenderlo. Ese día, la enfermera de turno me dijo que aparentemente Neruda sufría de mucho dolor, le dije que se le aplicaría la inyección indicada por su médico, si mal no recuerdo fue una dipirona” (Revista Ñ 06/09/2011). Draper confundió la Amidona y Dipirona, con el medicamento prescrito: Dolopirona. 

La diferencia entre Dipirona y Dolopirona es una línea de investigación, la Dolopirona es un fármaco compuesto, que además de contener Dipirona, contiene un relajante muscular que potencia su efecto analgésico-relajante, llamado Clormezanona; en todo caso no podría considerarse un fármaco con potencial letal. En cambio la Dipirona está prohibida por la Agencia de Medicamentos y Alimentos (FDA) de Estados Unidos desde 1977; en Suecia está prohibida desde 1974, y en Alemania desde 1981. La Dipirona provoca infartos en los pacientes, es un medicamento en potencia letal; a diferencia de la Dolopirona, que es un calmante suave. El juez Mario Carroza solicitó: “se elabore a través del DEMERCI de la Institución un informe sobre Nifedipino, Dihidropiridina o el Bay a 1040 y la Dolopirona” (15/05/2013). Este punto es crucial, Matilde Urrutia declaró que la inyección fue de Dolopirona (La Opinión 05/05/1974); pero el médico Sergio Draper sostiene que fue Dipirona (Revista Ñ 06/09/2011). Si Draper ordenó una inyección de Dipirona, desobedeció las indicaciones del médico tratante Vargas Salazar, Neruda pudo morir por una reacción alérgica a la Dipirona, o por una sobredosis de Dipirona. Además, en la Clínica Santa María no hubo un tratamiento contra la infección urinaria que padecía el poeta, ningún testigo –amigo de Neruda-, ni las enfermeras recuerdan que el paciente tuviera una solución intravenosa (procedimiento para los antibióticos de amplio espectro). 40 años después, los exámenes de toxicología de la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos) y de la Universidad de Murcia (España) intentarán establecer qué le inyectaron a Neruda la tarde del 23 de septiembre de 1973.



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