‘Elena Garro, un personaje tan polémico, como fascinante’: Rafael Cabrera
El periodista publica ‘Debo olvidar que existí. Retrato inédito de Elena Garro’, libro que se presentará el 13 de junio a las 19:00 horas, en el Foro El Tejedor de El Péndulo Roma.
(Secretaría de Cultura/Twitter).

Alrededor de Elena Garro hay mitos, prejuicios y leyendas. Su relación con Octavio Paz, su participación en el movimiento estudiantil de 1968 y sus contradicciones, la convirtieron en un personaje polémico y ninguneado, incluso, por los intelectuales de su tiempo. En Debo olvidar que existí. Retrato inédito de Elena Garro (Debate), el periodista Rafael Cabrera toma varios de los hilos sueltos acerca de la autora de Los recuerdos del porvenir, para aportar un perfil humano, con todo lo que ello implica, de la escritora mexicana.

Debo olvidar que existí. Retrato inédito de Elena Garro, será presentado el próximo martes 13 de junio a las 19:00 horas, en el Foro El Tejedor de El Péndulo Roma. Acompañarán al autor Lucía Melgar y Héctor de Mauleón.

¿De dónde viene su interés por Elena Garro?

Mi primer contacto fue gracias a mi profesor de literatura en la prepa nueve de la UNAM. En el programa Sónicamente, de Canal 11 escuché a Julieta Venegas hablar de Elena Garro y reconocer que en su primer disco hay referencias a Estamos huyendo Lola y Los recuerdos del porvenir. Busqué sus libros, pero no había buenas ediciones. Así descubrí que era un personaje polémico. Casi todos los textos la definían como mujer loca, traidora en el 68 y esposa de Octavio Paz. Más adelante se convirtió en mi tesis debido a que mientras hacía prácticas en El Universal publiqué una nota sobre los cinco años de su muerte. Entrevisté a Emmanuel Carballo, Elena Poniatowska, René Avilés Favila, Pilar Pellicer y Patricia Rosas, quien fue su agente literaria, y quien también me invitó a ayudarla a investigar para un libro que estaba preparando sobre su periodismo. Con el tiempo recopilé suficiente material como para un libro. Por medio de la académica Lucía Melgar contacté a Gabriela Mora, una académica de origen chileno que vive en Nueva York y que fue muy cercana a Garro entre 1972 y 1974, cuando estaba en el autoexilio. Mora me entregó un archivo de más de cien fotografías, algunas de las cuales aparecen en el libro.

Las conmemoraciones por su centenario fueron discretas e incluso se habló poco de pasajes como los del 68…

Sí, entiendo que quizá lo importante era revalorar su obra. El centenario reivindicó a la escritora lo cual me parece bueno porque durante mucho tiempo se habló de ella como mentirosa, delatora, mitómana. Ahora hay ediciones más dignas de sus libros, pero incluso el Fondo de Cultura Económica tardó mucho en publicar sus Obras reunidas, lo hizo hasta 2006.  Quizá hasta entonces la perdonaron. Ahora al menos hay un Centro Cultural Elena Garro.

La vida de Elena Garro dice mucho de las relaciones entre los intelectuales y el poder. Incluso algunos escritores la trataron de forma machista.

El libro nos muestra la participación política una mujer en una época en la que no era algo común. Hay cierta misoginia a la hora de abordar a Elena porque siempre es “la loca” o “amargada”. Deliberadamente no me metí tanto en la relación Octavio-Elena, creo que la relación en sí misma vale una investigación. No por el pleito de alcoba, sino por la parte de figuras públicas. Ambos fueron decisivos en la vida cultural de México.

Aunque no son medidos de la misma manera.

Cuando se habla de Paz y se toca su vida personal, se argumenta que lo importante es la obra. En cambio, cuando se habla de Elena, se dice que estaba loca. Los valores están invertidos. Lo que vale para uno, no vale para el otro. Además, ella fue muy crítica con sus contemporáneos intelectuales. Los veía muy cercanos al poder, pidiendo –como decía- “huesito”, becas, puestos, clases. Jugó a ser “la niña terrible” de la literatura mexicana y a decir lo que nadie más se atrevía. En 1968 publicó el artículo ‘El complot de los cobardes’, donde responsabilizó a los intelectuales de estar detrás del movimiento. Cierto o no, era su opinión. En 1962, durante una entrevista Elena Poniatowska, llamó a los intelectuales “gritones más o menos bien pagados”. Creía que las críticas no servían de nada porque básicamente “se la pasan viviendo del gobierno”. Poniatowska rebatió diciendo “al menos son de izquierda”. Garro respondió “peor es nada, pero de qué sirve si no son congruentes”. Aunque ella tampoco lo fue, era muy contradictoria.

Fue amiga de Gutiérrez Barrios y se benefició de esa relación, por ejemplo.

Sí, fue amiga de Carlos Madrazo, de Norberto Aguirre Palancares, Javier Rojo Gómez. Sí era una contradicción, pero el matiz era que lo hacía deliberadamente. No lo ocultaba. Sus críticos la cuestionaban por defender a los campesinos vistiendo abrigos de piel. Le gustaba la moda y el lujo, era una pésima administradora. Decía: “si tengo un abrigo de piel porqué no me lo voy a poner”. Era muy honesta, un personaje complejo e incómodo para la gente de la época.

En el libro expone el 68 como un momento clave.

En el 68 su insolencia causó revuelo. Sócrates Campos Lemus la señaló como instigadora del movimiento junto con Carlos Madrazo. Elena Garro reaccionó diciendo “Yo no fui. No firmé los desplegados ni estuve en las marchas. Que respondan los intelectuales porque ellos azuzaron a los jóvenes”. Cierto o no, hay una diferencia. Lo que antes era una opinión personal de Elena, después del 2 de octubre, cuando hay muertos y una cacería de brujas, se convierte en una acusación pública y casi penal. Aquello marcó un quiebre, incluso en la prensa. Si ves los diarios de ese momento, el noventa y nueve por ciento reprodujeron las declaraciones de Elena diciendo, “Fueron los intelectuales”. En cambio, El Universal pone: “Elena Garro acusa a 500 intelectuales” y da nombres: Rosario Castellanos, José Luis Cuevas, Carlos Fuentes, Monsiváis, Leopoldo Zea, Luis Villoro. Ahí vemos un tratamiento distinto, lo que hizo El Universal todavía permea.

Elena Garro consiguió que un intelectual como Borges se expresara a favor de Luis Echeverría.  Al argentino se le perdonó, en cambio los juicios hacia ella fueron más duros.

Hay un tratamiento diferente quizá por ser mujer. Salvador Novo estuvo a favor del gobierno en ese momento y casi no se habla de ello. Martín Luis Guzmán también, la revista Tiempo era totalmente oficialista y no se le reclama. En cambio, cuando se habla de Elena, se antepone el calificativo “loca” y ya después viene su obra.

Alguna vez estuvo muy cerca de recibir el Premio Nacional de Ciencias y Artes y no se lo dieron. ¿No se le perdonó esta acusación?

Sí, de algún modo sí hay una especie de reclamo. Ahora, las generaciones que no vivimos esa época estamos tratando de comprenderla. Sí cometió muchos errores, pero yo quería contextualizarlos y comprenderlos. En la vida las cosas no son blanco y negro. Elena Garro es un matiz bastante complicado. Todos tenemos luces y puntos oscuros. Mi libro no es una defensa ni una condena. Nos hace falta tener una visión global de Elena para descubrirla como un personaje fascinante.

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