opinión
¿Qué hay detrás del desastre en la Sierra Norte de Puebla?
Territorios Indómitos por Raúl Benet
Foto: Hilda Ríos/ Cuartoscuro

El Panel Intergubernamental de Cambio climático, que reúne a cientos de científicos de diversas disciplinas, ha desarrollado una serie de escenarios para visualizar los posibles efectos de diferentes niveles de incremento en la temperatura global sobre diversas regiones del mundo. El Panel describe a la Sierra Madre Oriental de México como una de las regiones del planeta con mayor incidencia de huracanes y con mayor vulnerabilidad ante el cambio climático. Incluso en los escenarios más conservadores, la región de la Sierra Norte de Puebla y el estado de Veracruz estarán sufriendo durante los próximos años eventos climáticos extremos, similares o aún más intensos al vivido el pasado fin de semana con la tormenta tropical Earl, que se suma a otros eventos devastadores recientes, como el huracán Ingrid en el 2013.

Aunado a esta vulnerabilidad creciente ante el cambio climático, la región de la Sierra Norte de Puebla y la Cuenca del Río Necaxa, particularmente los municipios aledaños a la Presa de Necaxa, como Huauchinango, Xicotepec y Tlaola, han sufrido graves alteraciones en el entorno ambiental. Hace poco más de un siglo se construyó en esa región el primer megaproyecto hidroeléctrico de nuestro país, la Presa Necaxa, con el objetivo original de producir electricidad para ser utilizada por las compañías mineras canadienses, norteamericanas y británicas establecidas desde entonces en la región minera de Pachuca, Hidalgo.

Para la construcción del embalse no sólo se inundaron varios pueblos indígenas totonacas y nahuas, como el de Necaxa, sino que se alteraron muy significativamente los patrones hidráulicos y la dinámica de suelos de toda la región. Durante más de cien años ese sistema de represas, con cinco cortinas, ha producido electricidad, de manera casi ininterrumpida. Casi, porque durante los años que siguieron a la extinción de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, el lugar estuvo abandonado y sufrió aun mayor deterioro.

Recientemente, hace menos de un año, la presa fue entregada por el gobierno federal a la compañía portuguesa Mota – Engil, constructora de proyectos hidroeléctricos, aeropuertos e infraestructura en varios continentes, quien se asoció con los exempleados del Sindicato Mexicano de Electricistas para retomar la producción eléctrica, dentro del esquema de la reforma energética, que permite la privatización de la infraestructura eléctrica y la venta de electricidad por parte de las compañías privadas.

Pese a que el Panel Intergubernamental de Cambio Climático ha señalado la necesidad de blindar ante el cambio climático la inversión en infraestructura para energía en regiones de alta vulnerabilidad como la Sierra Madre Oriental, esta nueva aventura emprendida por la empresa Mota Engil con pleno apoyo del gobierno federal, parece contradecir los lineamientos básicos de prevención ante el cambio climático.

A diferencia de otras presas que tienen entre sus funciones la de ser vasos reguladores que pueden evitar catástrofes derivadas de eventos hidro meteorológicos extremos, como la tormenta tropical Earl, el sistema de represas de Necaxa tiene la función prácticamente única de producir electricidad, por lo que en la temporada de lluvia la compañía busca elevar el nivel del agua al máximo de su capacidad para maximizar la producción. Adicionalmente, y tal vez debido a lo obsoleto de su tecnología, la presa carece de un sistema efectivo de desfogue para regular el nivel en caso de riesgo, como la presencia de un huracán en el Golfo de México.

El propio Sindicato Mexicano de Electricistas había alertado desde el 2010 sobre lo riesgoso de la situación. Si se presenta un fenómeno extremo, como ocurrió el fin de semana, se hace todo lo posible por desfogar a gran velocidad las represas a cualquier costo para impedir que las cortinas pudieran romperse, lo que haría desaparecer a los cientos de pueblos que la rodean.

Otra opción, más cauta, sería utilizar la presa no sólo para la producción de electricidad, sino también como vaso de regulación, manteniéndola muy por debajo de su límite en la temporada de huracanes, pero esto limitaría las ganancias de la empresa, pues la presa se utilizaría por debajo de su capacidad máxima de producción de electricidad. En los hechos lo que ocurre es que se prioriza la producción de electricidad incluso poniendo en grave riesgo a las comunidades, con las consecuencias que estamos viendo, y que por cierto son relativamente menores, ya que afortunadamente el huracán se degradó al tocar tierra. Las fotos de la presa el día previo a la catástrofe la muestran llena hasta más de un noventa por ciento de su capacidad.

Para empeorar las cosas, la región forestal circundante a la presa de Necaxa, ha sufrido un grave proceso de deforestación y cambio de uso de suelo derivado de la tala clandestina, la ganaderización (sustitución de bosque por pastizales), y la reciente urbanización, con asentamientos de alto riesgo por doquier. Desde 1938 la región fue decretada como Zona Protectora Forestal Vedada Cuenca Hidrográfica del Río Necaxa.

En aras de la conservación, dicho decreto impide que se establezcan programas de aprovechamiento legal del bosque, lo que tiene un efecto contraproducente, pues esta política de prohibición provoca que los bosques como tales no se valoren, que se tale madera de manera ilegal y desordenada, sin los debidos estudios, programas de aprovechamiento y actividades de restauración. Si los bosques no se pueden aprovechar, si el recurso forestal no genera ingresos o interés en las comunidades y ejidos, resulta muy difícil impedir el cambio el uso de suelo, la sustitución del bosque por pastizales para vacas, chivas o para la siembra de hortalizas, para dar paso posteriormente al establecimiento de caseríos y poblados. Eso es lo que ha ocurrido en otras zonas con decretos de veda forestal dentro del Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas. Es también a lo que ha llevado el decreto en el caso de la zona de veda forestal de la Cuenca del Río Necaxa. Esta región se encuentra en avanzado estado de deforestación, pues desde la publicación del decreto en 1938, y ratificado en el 2002, ha sufrido la pérdida de bosque en cerca de 22 mil de las casi 42 mil hectáreas que conforman el Área Natural Protegida bajo veda, a diferencia de regiones circundantes que tienen planes de manejo aprobados, como el caso de los ejidos forestales de Chignahuapan, Puebla, donde el bosque en lugar de desaparecer está en expansión, debido a que cuenta con programas de aprovechamiento legal y sustentable que benefician a los ejidatarios y a las comunidades, quienes se comprometen en su cuidado y cuentan con recursos para conservarlo sano y productivo.

Por cierto, la región de Chignahuapan es la que más ha crecido recientemente en términos de certificación del buen manejo forestal bajo el estándar internacional FSC. Esa región también recibió intensas lluvias, pero no se convirtió en una zona de desastre como la cuenca del Río Necaxa, pues la cobertura forestal contribuye muy significativamente a reducir la escorrentía superficial de agua y el deslizamiento de suelos, que son las principales causas de daño en situaciones como la provocada por Earl.

Seguirán ocurriendo desastres sociales provocados por fenómenos hidro meteorológicos como el huracán Earl mientras no se tomen las medidas para recuperar la cobertura forestal, para detener el cambio de uso de suelo y para reducir la vulnerabilidad ante el cambio climático, todo lo cual se puede lograr si se promueve el aprovechamiento sustentable e integral del territorio forestal en beneficio de los ejidos, comunidades y poblaciones circundantes.

Raúl Benet

Biólogo Facultad de Ciencias UNAM. Asociado del programa LEAD Colegio de México. Estudios de Doctorado en Desarrollo Rural UAM Xochimilco y de Ecología por la UNAM. Actualmente soy Coordinador de política pública en el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible. Ex Director de Greenpeace México. Ex director de Campañas e Incidencia en Oxfam. Ex miembro de la delegación política de Oxfam Internacional. Ex Coordinador de la Campaña Global de Acción Climática en América Latina.

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