opinión
La política en tiempos de Whatsapp, texto de Antoni Gutiérrez-Rubi
Overview por Antoni Gutiérrez-Rubí
(Fotos: Whatsapp).

Desde el 21 de enero se encuentra disponible la plataforma que nos permite utilizar WhatsApp en navegadores web. “Hoy, por primera vez, millones de ustedes tienen la oportunidad de usar WhatsApp en el navegador Web de su computadora”, decía el post del anuncio.

Y con aquello de los millones de usuarios no exageraban: WhatsApp ya ha superado los 900 millones de usuarios activos mensuales, según un mensaje de su cofundador y CEO, Jan Koum.

El vertiginoso crecimiento de WhatsApp (del 55 % en sólo un año) se debe al aumento —también vertiginoso— de los teléfonos inteligentes entre la población mundial. Actualmente resulta extraño encontrar un smartphone que no tenga instalada la popular aplicación de mensajería instantánea.

Aumentan los móviles y aumentan los usuarios de WhatsApp. Un estudio de EMarketer pronostica que para finales de 2016 habrá más de 1.900 millones de smartphones en el mundo. Y para WhatsApp, un crecimiento del casi 17 %, que significaría más de 100 millones de nuevos usuarios.

La integración de la tecnología móvil en la vida cotidiana, especialmente en la Generación Millennials, es total. De cara al año 2018, se espera que las ventas del sector superen los 178 millones de unidades, lo que supondría que más de 340 millones de personas en todo el mundo levarán algún tipo de tecnología encima.

La política debe ver un aliado en esta herramienta. Quien no lo haga, llega tarde. Es el tiempo de la tecnopolítica, y en este marco, algunos partidos y ayuntamientos se han animado a probar WhatsApp como herramienta de comunicación y empiezan a esculpir estrategias aún sin conocer muy bien su impacto o consecuencias.

A mediados de enero, el PSOE publicaba en su página su número asociado al perfil de WhatsApp; en las primeras 48 horas de funcionamiento se habían inscrito más de 3.000 personas, según palabras de su secretaria de Ciencia, Participación y Política en Red.

También, recientemente, el portavoz de UPyD en Murcia, Rubén Juan Serna, publicó en su Twitter: «Hoy he puesto mi nº de WhatsApp a disposición de todos los murcianos. Dudas, opiniones, quejas, etc.». Tiempo atrás, en Cataluña, Esquerra Republicana lo había probado en las elecciones europeas de mayo de 2014 y el colectivo Ara és l’hora en la campaña del 9N.

En lo que se refiere a administraciones locales, el Ayuntamiento de Mataró (Barcelona) cuenta con un servicio de atención ciudadana a través de WhatsApp y Telegram, por el que obtuvo un reconocimiento en el V Congreso de Excelencia en la Gestión de las Administraciones Públicas; y el Ayuntamiento de Boadilla del Monte (Madrid) directamente proponía: “Wasapea con el Alcalde”.

En el marco de algunas de las últimas elecciones presidenciales latinoamericanas, también encontramos algunos ejemplos de utilización de WhatsApp: el candidato uruguayo, Luis Lacalle Pou, incorporó la herramienta para la segunda vuelta; y Aécio Neves, quien fuera candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), viralizó un video suyo —de tipo casero— en grupos de WhatsApp, también faltando pocos días para el balotaje.

Sin embargo, el ejemplo internacional que ha tenido más repercusión, en lo que a la utilización de WhatsApp en campañas electorales se refiere, lo encontaremos en la India.

Durante la campaña para las últimas elecciones para la Lok Sabha, la Cámara Baja del Parlamento indio, los dos partidos mayoritarios —Congreso Nacional Indio y Bharatiya Janata Party— crearon sus propias cuentas de WhatsApp para difundir sus mensajes, hacer encuestas y organizar a sus voluntarios.

Como vemos, la gran mayoría de estos maridajes entre política y WhatsApp se han dado en el contexto de campaña electoral. A continuación, apunto sólo algunas de las numerosas posibilidades que se abren:

1. Coordinación del equipo de campaña. Los conocidos grupos de WhatsApp permiten que el equipo de campaña pueda estar totalmente coordinado e informando de todo lo que sucede y de las decisiones de última hora. Se ahorra tiempo y dinero de reuniones presenciales que son evitables y se mejora considerablemente la capacidad de reacción ante los imponderables.

2. Movilización de militantes y voluntarios. Además, a través de WhatsApp y durante toda la campaña, se puede mantener vivo el espíritu de las bases y establecer una vía de comunicación directa para su movilización. Se agiliza la campaña en el territorio. El candidato puede motivar a sus militantes y voluntarios a través de mensajes personalizados. Para la organización interna, algunos partidos han optado por la aplicación Telegram porque, aunque su uso está bastante menos extendido, permite grupos de hasta 200 miembros, no impone restricciones de formato y tamaño para los archivos que se transfieren y presenta mayores garantías de seguridad.

3. Estrategia postacciones. Una acción concreta de campaña —como puede ser un acto, un mitin, un diálogo con un determinado colectivo, una visita sorpresa, etc.—, siempre genera nuevas imágenes, vídeos y… relaciones. Si se han recogido los teléfonos de esas nuevas personas, si se han convertido en contactos, se podrá alimentar y mantener viva la relación enviándoles información que pueda ser de su interés, sobre ese acto en concreto o sobre otros temas. De este modo, se crean nuevas relaciones y se amplía el radio del nosotros.

4. Antena. Una cuenta abierta de WhatsApp podrá también convertirse en una nueva vía de comunicación de la ciudadanía con el candidato o los partidos. Una nueva herramienta para escuchar sus necesidades y demandas. Y, sobre todo, una nueva forma de acercar la política a la gente.

5. Big data. La cuenta abierta de WhatsApp será también una manera de conseguir nuevos datos. Aumenta el big data electoral. Con esto, se reforzarán seguramente las cuestiones éticas y legales sobre privacidad y uso de datos personales.

6. Recepción de ideas: Los comentarios que se reciben a través de WhatsApp y que, gestionados por un buen equipo comprometido, pueden ayudar a inspirar y materializar las campañas en proyectos, ideas y acciones. La inteligencia colectiva brinda la oportunidad de generar más posibilidades, más ideas, mejores acciones políticas… adaptadas a un electorado que quiere participar, pero que, sobre todo, quiere influir.

Si hace casi un año me preguntaba si WhatsApp podía cambiar las campañas electorales, hoy, con la llegada de su plataforma web, parece que no quedan dudas. La plataforma que permite utilizar WhatsApp en ordenadores facilitará enormemente la gestión de las cuentas ampliando sus posibilidades políticas. Rapidez, coordinación, datos, relaciones. Todo indica que la nueva política y las nuevas campañas serán móviles o no serán.

Como señala Ignacio Escolar, “por ahora, los cambios que la tecnología está provocando en la política se notan más en la sociedad que en las instituciones: en las movilizaciones que en los gobiernos.” Este retraso (¿olvido, ignorancia, desidia?) puede ser la nueva brecha digital para la política formal. O el marco de oportunidad para la transformación del ecosistema de una nueva política.

Antoni Gutiérrez-Rubí

Asesor en comunicación.



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