“La computadora es mi nuevo hogar”: Martín Caparrós
El escritor argentino publica ‘Lacrónica’, volumen donde reúne algunos de sus mejores trabajos periodísticos.
entrevista con martin caparros
(Redacción AN).

Martín Caparrós es cronista y testigo de su tiempo. Dos terceras partes del año se las pasa viajando y a través de sus textos se puede tomar el pulso de los últimos treinta años. El periodismo le ha enseñado a viajar ligero de equipaje literal y metafóricamente hablando. Enemigo de los lugares comunes, el heroicismo periodístico y de la sinonimia, el argentino no hace distinción entre la buena literatura y el buen periodismo. Los trabajos reunidos en Lacrónica, (Planeta), son ejemplo de ambos. En entrevista, el autor de El hambre, Comí y Contra el cambio, reconoce haber aprendido a viajar con cuatro cosas. “Tardo cuatro minutos en empacar. Lo que de algún modo me acompaña es mi nuevo hogar: la computadora”.

¿En esta compilación de crónicas se lee usted?

Sí, en algún momento me di cuenta de que el libro era una autobiografía profesional, sobre todo de la parte periodística. En realidad es una compilación de trabajos que supongo, podrán tener algún interés; y por otro, los comentarios complementarios que sirven de reflexión sobra la forma en qué se hace este oficio.

Regresa también a autores como Tomás Eloy Martínez, Rodolfo Walsh o Italo Calvino, lo que en suma termina por unir literatura y periodismo.

Para mi es lo mismo. No hago diferencia entre uno y otro. El periodismo bien hecho es un género literario. Si entendemos que la literatura pretende contar el mundo con palabras, obviamente el buen periodismo entra igual que una buena novela o ensayo. Por eso los libros que he leído confluyen en mis trabajos. La única diferencia entre escribir ficción y no ficción, es el pacto con el lector. Las herramientas o formas las uso indistintamente.

¿Hay también una forma distinta de ver al mundo?

No creo que haya cambiado demasiado mi forma de mirar al mundo. Uno de mis últimos libros, El hambre, habla sobre un tema terrible pero con la esperanza de que sirva de algo para mejorarlo. Invertir tanto tiempo de trabajo es una forma de esperanza.

La lectura de sus crónicas muestra también un cambio en el mundo. 

Sí, aún sigo encontrando en el mundo cantidad de cosas que merecen ser contadas. Hace treinta años la religión no era un tema. El catolicismo estaba de lado y el islam no era tan relevante en términos geopolíticos. Hoy Dios resucitó, y la religión es algo de primer orden. Ahora vivimos en una época de hipercomunicación; de una redefinición de las categorías sexuales; la derrota de los discursos revolucionarios de la modernidad. El mundo es fascinante por eso me paso la mayor tiempo viajando Siempre estoy listo para salir.

¿Tiene algo que siempre lleve de viaje?

Tengo una forma muy sencilla de viajar. Mi sistema de ropa está muy definido, viajo con una maleta muy pequeña. Nunca registro equipaje. Tardo cuatro minutos en empacar. Lo que de algún modo me acompaña es mi nuevo hogar: la computadora. Cuando abro la pantalla me siento en casa. Cada vez me interesan menos las cosas, vivimos atiborrados. Me mudé a España y sólo me llevé una maleta. Lo que realmente necesitas son cuatro tonterías.

¿Y sus libros?

Mi biblioteca la dejé en mi casa de Buenos Aires. Ahora todo lo leo en pantalla.

¿Cree en las fronteras?

Creo porque las veo todo el tiempo pero estoy en contra. Me parecen un invento ridículo y del cual nos han convencido con mucho éxito. Es curioso que algo que hace doscientos años no existía, hoy sea tan importante, eso nos habla de nuestra poca conciencia histórica. Tendemos a creer que las cosas siempre fueron así y así seguirán; el ejemplo de las fronteras es muy claro. Después se quejan de que no haya un espíritu latinoamericano. ¿Cómo hacerlo cuando llevamos doscientos años construyendo diferencias? Uno los grandes éxitos del capitalismo fue convencernos de que no hay alternativas. Los sistemas políticos no duran para siempre.

Ni la vida es para siempre. ¿Le preocupa la muerte?

Sí, me rompe las bolas tener que morirme. Quisiera vivir más tiempo pero parece que no se puede. Pero no me gusta el heroicismo de los periodistas. Una cosa es pasar miedo y otra presumir de la presencia en las situaciones de peligro.

¿Qué le da miedo?

Caer en una situación donde otros van a decidir por mí; estar en manos de otros, como un asalto, creo que esa es la quinta esencia del miedo.

¿Es workaholic?

No sé, trabajar es mi placer. No lo pienso en esos términos, sino en el gusto que me produce hacer esto. No soy muy apegado a la idea de familia, tengo un hijo al que adoro y veo cada vez que puedo, quizá eso sea lo más permanente.

De no haberse dedicado a esto, ¿qué otra cosa habría hecho?

No sé porque siempre me he dedicado a esto. Me hubiera gustado tocar bien el saxo tenor, tengo mucha envidia del momento en que los músicos inventan algo juntos, de la improvisación en el jazz. El trabajo del escritor es lo contrario, solitario y aislado. Yo trato de producir música con las palabras pero no es lo mismo.

¿Es perfeccionista?

Soy muy perfeccionista. Me gusta prestarle atención a cada palabra. Cada palabra es una decisión. Hay miles y eliges una, debes ser consciente de ello. De lo contrario las palabras te controlan y terminas diciendo cosas que no querías. Sabiendo que esa pelea siempre ganan las palabras, por lo menos intento dar una buena batalla.

¿Tiene alguna palabra favorita?

Tengo una palabra que es una especie de sellito personal: Tremebundo. Cuando la encuentro me río y pienso: “Ahí está el tarado haciendo de las suyas”.

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