Falta de dinero, medios y soberbia provocaron derrota de AMLO: Luis Costa Bonino
El ex asesor de la campaña presidencial de López Obrador señala los errores del candidato que, asegura, tenía lo necesario para conquistar la Presidencia el 1 de julio de 2012.
AMLO 11 DE ABRIL OK OK OK
(Foto: Gustavo Sánchez/ Aristegui Noticias)

Luis Costa Bonino, asesor de Andrés Manuel López Obrador en la elección presidencial de 2012, rompe el silencio a poco más de un año de su salida del círculo cercano del ex candidato perredista.

El consultor político, quien presume haber asesorado a “Pepe Mujica, Ollanta Humala y López Obrador”, publicó un amplio texto este 7 de julio en su blog, donde cuenta su versión de lo que ocurrió al interior de la campaña lopezobradorista, hasta el día en que salió por la famosa grabación conocida como “el charolazo“.

La derrota de AMLO, según Bonino, se dio por la “soberbia” del ahora dirigente de Morena, sumada a un “cerco” en medios de comunicación, además de la falta de dinero y “amigos” del propio López Obrador, que tendieron trampas sobre la marcha de la campaña.

Se reproducen algunos fragmentos relevantes de lo publicado por Bonino este domingo:

Las cosas comenzaban bien. Pero al cerco mediático que había hecho una unanimidad de opiniones sobre la idea de que AMLO estaba excluido de toda posibilidad de triunfo, se sumaba un cerco mucho más asfixiante. Un cerco económico. Un cerco que decía, ante cada idea, ante cada contenido de campaña, que no se podía hacer, porque no había dinero.

La precampaña y el inicio de la campaña los habíamos hecho con el esfuerzo y la decisión unilateral de Luis Mandoki y yo. La productora acumulaba deudas, ni los partidos de la coalición que apoyaba a AMLO, ni la propia campaña de AMLO, cumplían sus compromisos y pagaban la campaña de aire, que era la que hacía crecer al candidato. Los millonarios de Monterrey que habían hecho muy notorios acuerdos con el candidato, no habían puesto, ni pondrían nunca, un centavo para la campaña. De ahí sólo salían ideas publicitarias y críticas, que era exactamente lo que no necesitábamos(…).

El mundo al revés.

A fines de abril teníamos más problemas que soluciones. La campaña de AMLO venía creciendo. Con Luis Mandoki habíamos podido darle racionalidad y buenos contenidos, pero nos pesaba mucho la creencia casi universal, en el electorado mexicano, de que ganarle a Peña Nieto era imposible. Teníamos pocas armas, y necesitábamos aprovecharlas íntegramente, porque había poco tiempo para dar un vuelco en la opinión de los electores.

Una de las armas con la que contábamos era el primer debate presidencial, que se había fijado para el día 6 de mayo. Sobre ese debate habíamos depositado muchas esperanzas. Era la primera gran oportunidad de hacer dudar al electorado de Peña Nieto. Considerábamos que la capacidad, experiencia y lucidez de López Obrador eran claramente superiores a las de Peña Nieto. Con esa premisa trabajamos duramente en la preparación del debate. Llegamos a lo que consideramos que iba a ser el gran golpe que iba a revertir buena parte de la situación electoral hasta entonces desfavorable para nosotros. Íbamos a hacerlo muy profesionalmente, con un ensayo y representación final en un estudio de televisión. La primera señal inquietante que recibimos, fue la cancelación de la sesión inicial de preparación del debate con el candidato. No demoramos mucho en saber lo peor, que López Obrador había decidido no preparar el debate con nosotros, ni con nadie. Según dijo, y lo dijo a la prensa, él no necesitaba prepararse para el debate. Ya estaba preparado.

Esa actitud no era solamente una inmensa y penosa demostración de soberbia, sino que era un golpe durísimo a su propia campaña. Llegado el día, fuimos a ver el debate a la productora. Cuando AMLO inició su exposición sin plan, sin estrategia, sin criterio, sin rumbo, aludiendo de manera paranoica a las fuerzas ocultas que controlaban toda la historia política mexicana, con gestos vagos, inciertos, con silencios interminables, con una exasperante lentitud, quedamos todos convencidos de que nuestro sacrificio y trabajo había sido en vano, y que caeríamos en picada perdiendo todos los puntos que habíamos logrado subir hasta entonces.

Por otra parte, nuestro adversario, Enrique Peña Nieto, conocía sus limitaciones, pero hizo muy bien su trabajo. Preparó el debate, aprendió bien la lección, se desempeñó muy bien frente a las cámaras, mostró todo lo mejor que podía esperarse de él.

La primera mitad del debate fue todo a favor de Peña Nieto, sin embargo, fugazmente, la suerte le sonrió a AMLO y en un momento, en medio de la esgrima, Peña Nieto se defendió de ataques a presuntos hechos de corrupción de su parte, contraatacando a personas cercanas a AMLO. En ese momento AMLO le devolvió una fulminante estocada: Sí, pero ellos están en la cárcel. Usted está aquí.

El debate no alteró ningún equilibrio en la campaña. No perdimos, pero tampoco ganamos, que era lo que teníamos que hacer, abrumadoramente, si queríamos ganar la elección.

La búsqueda de los jóvenes.

Un componente central de nuestra estrategia fue, finalmente, ganar los sectores jóvenes. La “reconciliación” apuntaba a los electores de más edad, los que habían vivido el “Plantón de Reforma” y la imagen de un AMLO crispado y conflictivo. Pero en el cuerpo electoral mexicano había una enorme cantidad de jóvenes, gran parte de los cuales votarían por primera vez. Para ellos hicimos el spot “El Eco”, donde una chica muy joven, enviaba un mensaje a toda la nueva generación en un avioncito de papel.

Mientras tanto, en nuestras reuniones con AMLO, yo trataba de moderar su discurso, y sobre todo sus ataques violentos a Enrique Peña Nieto. Él me decía que sin esos ataques “no llegábamos”. Yo le respondía que la campaña de Josefina Vázquez Mota y del PAN, estaba haciendo ese trabajo por nosotros. Que no podíamos hacer una campaña de paz y amor para que él la desmintiera cotidianamente con una actitud violenta. Le advertía que los jóvenes no iban a acercarse a él si mostraba crispación y enojo. Él, por otra parte, ironizaba sobre nuestro spot del “eco”. Me decía: mira que con “palomitas” no vamos a ganar.

AMLO nunca creyó que el movimiento de jóvenes fuera a prosperar. Lo veía como un movimiento sin identidad y sin destino. Por otra parte percibí que él no creía posible el triunfo. De alguna manera, su actitud conflictiva y polémica frente a Peña Nieto era motivada por un sentimiento de impotencia. La tarea más difícil que tuve en la campaña fue convencer al candidato y al equipo de campaña de que ganar las elecciones estaba a nuestro alcance.

Un día le confesé a Luis Mandoki que estaba convencido de que AMLO se veía siempre a sí mismo como un mártir perdedor, pero nunca como un héroe ganador. Por algún complejo condicionamiento psicológico, él hacía exactamente lo necesario para perder, aún en las campañas y en los momentos en que tenía la elección ganada (…).

El Cerco

El crecimiento de López Obrador no mejoró, sino que por el contrario tensionó más, el clima interno de la campaña. El cerco económico se hizo más estrecho. La hostilidad hacia Luis Mandoki y hacia mí se hizo más evidente en círculos presuntamente cercanos a AMLO.

En una oportunidad le dije a López Obrador que iba a abandonar la campaña, porque no teníamos la posibilidad de producir los spots de televisión necesarios para ganar, debido a que no teníamos dinero. Él, preocupado, me dijo que no hiciera eso, que estaba muy contento con la marcha de la campaña y con mi trabajo. Me aseguró que se encargaría de resolver ese problema, e indicó a su asistente administrativo y financiero, frente a nosotros, que nos diera los recursos que necesitábamos. Si bien esta persona se comprometió a hacerlo de inmediato, después de días de demora terminó facilitándonos sólo una parte ínfima del monto que AMLO nos había adjudicado. Cada día nuestra planificación estratégica colisionaba con un entorno que parecía decidido a hacer perder, y no a hacer ganar, a su candidato.

Junto con la penuria financiera, comenzaron a generarse emboscadas cotidianas. Un día, uno de los miembros del “gabinete designado” y otra figura política cercana a AMLO, nos reunió en un bar con un presunto “especialista” en fundraising, que era un mafioso de baja categoría que buscaba comprometernos en cuestiones ilegales, tráfico de influencias y acciones sucias. En toda la noche ni Mandoki ni yo abrimos la boca. Cuando pudimos desembarazarnos de esa persona, les reprochamos a los “amigos” de AMLO la increíble falta de criterios políticos y de seguridad que habían tenido, exponiéndonos a nosotros y a la campaña en manejos de ese género.

Después de ese hecho, ni las estrecheces económicas ni las emboscadas parecían tener fin. La segunda trampa que nos tendieron, los mismos “amigos” de AMLO, fue la de un misterioso y millonario oaxaqueño que nos daría ni más ni menos que diez millones de dólares, que era bastante más que lo que necesitábamos para toda la campaña, y que debíamos ir a buscar, en uno o en varios viajes, a una casa en un pueblito del Estado de Hidalgo.

Esa inquietante oferta, venía con recomendaciones favorables desde gente perteneciente al entorno del Gobierno del Distrito Federal. Mi opinión fue que, si ellos querían traerlo, que así lo hicieran, pero que nosotros no estábamos dispuestos a caer en una trampa. Finalmente, y en un proceso muy hablado que duró varias semanas, esa operación nunca se concretó. Seguramente el tal oaxaqueño, de toda evidencia, no haya existido jamás.

Además de las emboscadas con aportantes sospechosos, hubo otros intentos, un poco más presentables, de desplazarnos de la campaña. En uno de nuestros encuentros regulares, me dijo López Obrador que Marcelo Ebrard le había insistido, y lo había presionado de manera muy tenaz, para que recibiera a Jaime Durán Barba, un consultor ecuatoriano que trabajaba con el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri. López Obrador le dijo que no necesitaba otro asesor, que la campaña iba muy bien, pero finalmente, frente a la insistencia de Marcelo Ebrard, lo recibió.

El relato que me hizo AMLO de la entrevista seguramente estuvo muy simplificado y caricaturizado, pero con una mezcla de fastidio, ironía y diversión, me dijo que Durán Barba lo había parado frente a un televisor y que le había mostrado un discurso de él sin sonido. “Este hombre me explicó que lo único importante era lo que se veía, no lo que yo decía”, contaba AMLO. Se reía y sacudía la cabeza. “Le dije muchas gracias y se fue. No lo volví a ver más”.

La campaña, por aire y tierra, se fortalecía. López Obrador continuaba creciendo. Ya había desplazado a Josefina Vázquez Mota, la candidata del PAN, al tercer lugar, y se encaminaba a ganarle a Enrique Peña Nieto. Era una tristísima paradoja que, con una campaña brillante, AMLO subiera de manera incontenible en las encuestas, pero que ese crecimiento no le hubiera permitido recaudar, ni le hubiera dado ninguna holgura económica a la campaña.

Todas nuestras ideas de campaña naufragaban en el eterno “no hay dinero”(…).

Como para pasar la página, uno de sus asistentes le informó que Luis Creel y un grupo de empresarios habían organizado una cena en su casa de Lomas de Chapultepec y querían verlo, para apoyarlo económicamente en la campaña. Agregó que habían pedido una entrevista con él desde hacía meses y que nunca había querido recibirlos. Yo no quiero verlos! Dijo López Obrador, y nos miró a Luis Mandoki y a mí:

“Vayan ustedes!” (Leer texto completo). 





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  1. lopez obrador 1 de julioAMLO y la desolación en el Hilton
    julio 2, 2012 3:04 am
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