“Los medios deben asumir un rol activo en la sociedad”: Wilbert Torre
El escritor y periodista habla entre entrevista de su libro ‘El despido’, donde analiza la relación entre prensa y poder a partir de la salida de Carmen Aristegui de MVS.
Los medios deben asumir un rol activo en la sociedad Wilbert Torre
(Foto: Planeta).

En El despido, Wilbert Torre reconstruye la historia detrás de la salida de Carmen Aristegui de MVS. A partir de la crónica, el ensayo y entrevista, el autor, otorga una narrativa a uno de los casos de libertad de expresión más controvertidos de los últimos tiempos. Su posición lejos de ser panfletaria, aporta al análisis sobre los derroteros que deben guiar las relaciones entre empresarios, gobierno y periodistas.

¿Qué leyó en el caso de Carmen Aristegui como para retomarlo como un ejemplo sintomático de las relaciones prensa-poder en México?

La salida de Aristegui del noticiero MVS representa una puerta de entrada para revisar una circunstancia siempre turbia y compleja como es la relación entre la prensa y el Estado. En el momento del despido de Daniel Lizárraga, Irving Huerta y todo el equipo, me encontré gente en el país posteando que detrás de este todo estaba la mano del presidente Enrique Peña. Entonces me propuse investigar alrededor de la relación Prensa-Estado para entender cómo era el trato entre el gobierno de Enrique Peña y la mayoría de medios impresos, digitales y electrónicos, y así entender lo que había pasado con Aristegui.

¿Cómo despojar las filias en términos de objetividad?, ¿cómo hacer un libro equilibrado a pesar de ser una historia que todavía se está escribiendo?

Se trata de iluminar algunos pasajes concretos para arrojar algo de claridad. Quería evitar que el libro fuera una especie de manifiesto o un texto de consigna porque si se convertía en eso perdería valor. Me propuse explicar que existen filtros y un volumen de obstáculos que impiden saber cómo suceden las cosas, era preciso por ello reconstruir una parte de la historia detrás de la investigación de la ‘Casa Blanca’.  En la medida en que el lector pueda entender cómo se hace una investigación de esa envergadura, comprenderá porqué es importante la presencia medios independientes.

A lo largo del libro circula el nombre de Slim y el tema de la banda ancha. Todo en su conjunto plantea el panorama de las relaciones entre los dueños de los medios y el gobierno.

Investigué cuál era la situación de los Vargas en el momento en que Aristegui sale de MVS y hay una serie de preguntas sin respuesta. A finales del año pasado todavía se reunieron los tres Vargas (Ernesto, Alejandro y Joaquín) con Aristegui y parte de su equipo de investigación. Alejandro Vargas celebró los resultados de las investigaciones. Unas semanas después renovaron el contrato de trabajo con una serie de condiciones muy precisas y un par de meses más tarde ocurre el despido. Es importante conocer qué sucedió en esas ocho semanas. Un mes antes, una de las empresas de los hermanos Vargas -Dish-, había recibido una multa por cuatro millones de dólares y de manera secreta estableció una alianza con Carlos Slim -el hombre más rico del mundo y empresario incómodo para el régimen peñista-. Es un círculo de relaciones muy complejo porque son demasiados los intereses. Actualmente los empresarios de los medios tienen más y diferentes negocios, como puede ser un banco, un equipo de fútbol, una flotilla de aviones o  un conjunto de hospitales. Esto de manera natural, hace mucho más extensa la red de intereses.  En el caso que nos ocupa es preciso recordar el roce de MVS con el gobierno de Calderón, cuando en una situación inédita Joaquín Vargas denunció presiones y reveló grabaciones que relataban cómo el gobierno lo había presionado para que echara a Aristegui.

¿Cómo revertir este esquema donde los periodistas quedan en medio de los empresarios y el gobierno, y no se toma en cuenta a la audiencia? 

Hay dos situaciones en particular, la primera es el código de ética que Aristegui y Javier Solórzano empiezan a construir hace más de veinte años cuando los despiden de otro medio de comunicación del Estado. Lo aplicaron mientras tuvieron los programas, En blanco y negro y Círculo rojo. Incluso Emilio Azcárraga aceptó estas reglas. Esto nos dice que sí es posible que en una empresa particular o concesionaria haya un periodista que se mueva en un espacio de total libertad. La segunda situación tiene relación con la defensa de Aristegui y con que en este país ha existido una especie de sábana negra sobre las concesiones de radio y televisión que otorga el Estado. No se trata de martirizar la situación, ni de un conflicto entre particulares, estamos hablando de un derecho constitucional: el derecho a la libertad de expresión. Es importante subrayarlo porque los empresarios de medios deben liberarse de las ataduras que han soportado durante décadas, deben  caminar  de lado de la libertad de expresión y de la ciudadanía, no de la censura e intereses particulares del Estado.

¿Cómo evaluar la relación entre Prensa y poder actualmente?

Es un escenario diverso. Hay una mayor libertad de expresión y que cada quién puede decir lo que quiera en redes sociales, pero persisten las presiones del Estado. Hay un buen número de periodistas y columnistas cercanos al régimen que han dicho que no se acaba la libertad de expresión con la salida de Aristegui dado que continua su programa de CNN, mantiene su espacio en Reforma y su sitio de internet; éste me parece un argumento tramposo porque todos sabemos que hay diferencias sustanciales en el alcance de los medios y sabemos que la radio llega a millones de personas. López Dóriga que tiene un espacio muy importante con un noticiero televisivo, además un programa de radio y un blog, eso está muy bien. El problema es cuando sólo unos cuantos tienen estas plataformas y cuando casualmente son los que están alineados al régimen. La situación del país exige de todos los dueños y directivos de medios, así como de los periodistas un ejercicio de reflexión y la adopción de algo que podríamos llamar una cláusula de consciencia nacional para ser autocríticos y críticos de la realidad. Es tiempo de que los medios abandonen su posición de testigos y asuman un rol activo en la sociedad y la construcción de la democracia. Los medios deberían hacer a un lado sus puntos de vista complacientes y alentar un debate abierto y democrático sobre los problemas nacionales y la nación que debemos construir.

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