Trump, Arabia Saudí, Qatar y el yihadismo
Arabía Saudí, con la llegada de Trump, ha sabido jugar bien sus cartas y ha atacado para aislar a un molesto rival en el control de la región, escribe Pedro Cobo.
(Foto: Reuters)

Por Pedro Cobo/@pcobo 

Arabia Saudí, Bahrein, los Emiratos Árabes Unidos y Egipto han cortado comunicación por tierra, aire y mar con Qatar. ¿La razón? Que financia el terrorismo yihadista incluyendo el Estado Islámico. Excelente razón sin ninguna duda. A todos nos interesa –occidentales y musulmanes- que se deje de apoyar el radicalismo islámico y así poder tener una convivencia pluralista.

Pero hay un pequeño inconveniente. No parece que Arabia Saudita le vaya a la zaga a Qatar en eso de apoyar al yihadismo internacional; o así opina Thomas Friedmann del NY Times (15 de septiembre de 2015) cuando afirma que uno de los estados que más ha impedido la modernización del mundo árabe ha sido Arabia Saudita al repartir miles de millones de dólares en toda la zona para imponer su ideología wahabita –una de las corrientes más intolerantes dentro del islam- y dice: “No es un accidente que varios miles de saudíes se hayan unido al Estado Islámico o que las fundaciones caritativas de los países del Golfo Pérsico hayan enviado donaciones al Estado Islámico. Eso es debido a que esos grupos yihadistas suníes –Estado Islámico, Al Qaeda, el Frente al-Nusra– son los descendientes ideológicos del wahabismo inyectado por Arabia Saudí entre las madrasas desde Marruecos hasta Pakistán e Indonesia”. A esas mismas conclusiones llegaría una investigación realizada en el Reino Unido acerca de las fuentes que financian el yihadismo internacional y llevado a cabo bajo la égida de David Cameron (“Theresa May urged not to suppress report into funding of jihadi groups”, The Guardian, 5 de junio de 2017).

Para Raymon Barret del NY Times, 6 de junio de 2017, no queda la menor duda que la actuación de Arabia Saudita es hipócrita teniendo en cuenta su participación en la expansión del yihadismo así es que, deduce, que las causas reales son otras. Estas son, según el autor, las verdaderas razones: alejarse de la visión geopolítica que Estados Unidos, Arabia Saudí e Israel tienen de Medio Oriente. El grave pecado de Qatar habría sido pensar que Irán, Hezbollah y Hamas tienen mucho que decir en el juego diplomático de Medio Oriente. Qatar se sumó a la iniciativa de Obama de llegar a un acuerdo acerca de la energía nuclear con Irán; sin embargo, con la llegada de Trump el timidísimo acercamiento de Estados Unidos a Irán parece que ha llegado a su fin. Arabía Saudí, con la llegada de Trump, ha sabido jugar bien sus cartas y ha atacado para aislar a un molesto rival en el control de la región.

Trump, en su peculiar política de tuitear sus actividades no ocultó su participación en la jugada: “Durante mi reciente viaje a Medio Oriente afirmé que no se puede seguir financiando la ideología radical. Líderes señalaron a Qatar –Miren!”

Sí, sin lugar a dudas es cierto que Qatar ha colaborado en difundir el yihadismo, pero lo mismo se podría decir de Arabia Saudí. ¿Por qué no se cortan lazos con esta, por qué no se le imponen sanciones económicas? La respuesta en principio es sencilla: por los miles de millones de dólares que los saudíes invierten en Estados Unidos, pero también por que comparten una misma visión en la geopolítica de Medio Oriente. Arabia Saudí es el mayor oponente de Irán, es enemigo de Hezbollah y, por más paradójico que parezca, Arabia Saudí es un aliado oculto de Israel al no apoyar a Hamas en los Territorios Palestinos.

En su reciente visita a Arabia Saudí los medios criticaron a Trump por no haber hablado de la falta de Derechos Humanos en el país árabe. Razón no le faltaba a la prensa. En Arabia Saudita la homosexualidad es castigada con la pena de muerte, las mujeres sorprendidas en adulterio apedreadas, la crítica al gobierno se castiga con latigazos y cárcel, el tener una biblia en tu casa supone cárcel, las mujeres no pueden conducir y no pueden salir solas a la calle si no van acompañadas de un adulto de su familia, etc. Sí, sin lugar a dudas Arabia Saudita, después de Corea del Norte, es posiblemente el país donde más se pisotean los derechos de la persona. Sin embargo a la prensa, al criticar a Trump, tuvo un pequeño fallo de memoria histórica. Obama no citó a Arabia Saudita en su famoso discurso de El Cairo; tampoco lo nombró en su discurso sobre Medio Oriente y el Norte de África en el que se refirió a la llamada Primavera Árabe. En ambos pedía un islam más moderado y un apoyo a la democracia. Arabia Saudí fue la gran ausente. No interesaba molestar los intereses económicos y geopolíticos.

Esa ha sido la tónica desde que Roosevelt se encontrara con el rey Ibn Saud en febrero de 1945 a bordo de un yate en el Golfo Pérsico. Estados Unidos, teóricamente el gran defensor de los Derechos Humanos, lleva 72 años aliado con un país que es el prototipo de la ausencia de todos y cada uno de los derechos humanos establecidos por la ONU en 1948. Si Kennedy, Carter, Clinton o Obama no presionaron para que eso cambiara, no esperemos que Trump lo haga; pero por lo menos seamos sinceros: si criticamos a Trump, critiquemos también a los otros.





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