Estado de México: Grietas en la fortaleza, artículo de Christy Thornton
Las elecciones en el Edomex revelaron el creciente poder de la izquierda mexicana y las medidas extremas a las que el partido gobernante recurrirá para reprimirla.
(Foto: Armando Monroy/Cuartoscuro)

Grietas en la fortaleza

Christy Thornton

 

Los votantes del Estado de México que circunda la capital y es el más poblado del país con dieciséis millones de habitantes, fueron este domingo a las casillas a elegir un nuevo gobernador. En las semanas finales quedó claro que la contienda se reduciría a una competencia entre dos: Alfredo del Mazo Maza del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y Delfina Gómez Álvarez del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).

De muchas maneras, la elección fue un referéndum para el PRI, ya que el estado ha sido por mucho tiempo el bastión del partido en el poder. El PRI gobernó México como un partido de Estado por más de setenta años hasta que perdió la elección presidencial en el año 2000.

Desde entonces, el Estado de México ha tenido aún más importancia para el partido. El priista Del Mazo es hijo y nieto de dos gobernadores anteriores en el estado y es también primo del actual presidente, Enrique Peña Nieto, quien fue gobernador antes de lanzarse como candidato presidencial. Todos ellos representan una corriente sombría dentro del partido, llamada el Grupo Atlacomulco por la ciudad desde donde esta maquinaria política ha operada por décadas.

Pese a declaraciones que consideran a Peña Nieto y a Del Mazo como representantes de un “nuevo PRI” –y no como los dinosaurios del autoritarismo suave del pasado mexicano, insisten– el proceso electoral demuestra a qué grado la maquinaria de corrupción del partido permanece profundamente arraigada, haciendo increíblemente difícil que pueda haber elecciones libres y justas.

Viajé al Estado de México como parte de un equipo de observadores internacionales con la iniciativa #NiUnFraudeMas, un grupo de ciudadanos enfocados en prevenir y descubrir actividades de elecciones fraudulentas en el estado. Desde antes que las casillas abrieran, mi grupo se encaminó rumbo a la municipalidad de Ecatepec, un área periférica y muy empobrecida al noreste de la Ciudad de México y hogar de casi 1.7 millones de personas.

Durante la mañana de la elección, el hashtag #NiunFraudeMás ya juntaba docenas de denuncias e irregularidades electorales. Nos dirigimos a una “casa amiga” reportada, donde los operadores del PRI coordinaban varios tipos de actividades de coerción del voto: desde la compra directa hasta incentivar a los votantes para que trajeran cinco o diez electores más a las urnas. Mientras nos reuníamos en una esquina a las siete de la mañana para ir al sitio reportado, fuimos acordonados por un grupo de jóvenes que rodearon a nuestra comitiva y nos gritaban desde un edificio cercano: “Del Mazo! Del Mazo!”

Visitamos media docena de estas “casas amigas” en Ecatepec el domingo por la mañana, basándonos en pistas de ciudadanos preocupados por la situación. Incluso, un votante que ya estaba formado en la cola para votar, dejó su sitio para acompañarnos a un lugar cercano donde había presenciado actividades ilegales.

En cada sitio distribuimos información sobre las leyes electorales y las consecuencias de violarlas. También, realizamos la denuncia correspondiente ante la Fiscalía Especial de Delitos Electorales, que llegó con la Policía Federal para investigar las denuncias. Y así, en cada sitio, recibimos respuestas cautelosas y a la defensiva de las personas que nos fuimos encontrando, que enseguida hacían llamadas a los representantes locales de su partido y luego se dispersaban. Cuando no había denuncias ciudadanas de actividades ilegales, simplemente proseguían con normalidad –la normalidad de un estado dominado por el PRI.

Los operadores del partido también coaccionaban el voto al organizar el acarreo (transporte) de personas a las casillas de votación (lo cual es ilegal en México), obligando a los votantes a abordar autobuses para llevarlos a votar por el partido, llevando un registro de quienes participaban. Nuestro grupo vio docenas de microbuses, sin placas, que transportaban a la gente a las casillas de votación. Además, la Fiscalía Especializada detuvo a dos conductores de autobús por transportar ilegalmente a cientos de votantes a las llamadas “casillas especiales”, donde los ciudadanos podían votar si se encontraban fuera de sus distritos de origen.

Hacia el final del día, nos detuvimos en una de las casillas especiales, fuera del museo Torres Bicentenario de Toluca, donde habíamos visto largas filas de votantes al principio del día, y que ahora estaba rodeada por varios policías federales.

Supimos después que la policía estaba allí porque había habido una disputa entre los votantes y los que dirigían la casilla electoral. Cuando llegamos, una hora antes de que las urnas se cerraran oficialmente, el área de votación había sido acordonada con cinta amarilla por la policía y el funcionario encargado de la casilla estaba retirando y contando los votos de la urna.

Antes de que llegáramos, el encargado de la casilla había anunciado que se habían terminado las boletas de votación con cien personas aún haciendo cola para votar. Una disputa siguió cuando éstos exigieron que se respetara su derecho a votar.

En el caos que siguió, una votante vio una pila de boletas sin llenar al lado del funcionario de casilla, contradiciendo su afirmación de que se habían terminado las boletas. Corrió entonces a la mesa de votación y las tomó, enseñándoselas a la gente alrededor. Estas boletas sin llenar eran la prueba, alegaba la votante, de que el funcionario de casilla había apartado boletas para los votantes priistas que serían especialmente enviados a ese sitio.

Mientras el transporte de grupos y las “casas amigas” se organizaban tras bambalinas, en otros sitios encontramos directamente en la calle a grupos coordinando la compra y la coerción del voto. En Ciudad Cuauhtémoc, un área pobre de las afueras de Ecatepec, nos encontramos con tres mujeres sentadas junto a una tiendita que tenían las listas de votantes y organizaban los votos del PRI en la banqueta.

De camino a ese lugar, un taxista junto a nosotros en el tráfico nos advirtió que tuviéramos cuidado, diciendo que ya había habido actos de violencia contra grupos opositores la noche anterior. Ciudad Cuauhtémoc ha crecido con la expansión de Ecatepec, ocupando las faldas de un monte bajo el zumbido constante de líneas eléctricas de alto voltaje que la atraviesan. En meses reciente, ha estado infestada de narco-violencia. Reportes dicen que el 50% de los pequeños negocios ahí han sido obligados a cerrar por no pagar derecho de piso a grupos narcotraficantes como los Zetas y, cada vez más, Jalisco Nueva Generación.

Además de ser un semillero de actividades del narcotráfico, Ciudad Cuauhtémoc es también un bastión del movimiento Antorcha Campesina, una organización política que ha sido acusada de violencia y extorsión y que tiene lazos cercanos con el PRI.

Llegamos a una casilla de votación frente a la que había un extenso mural de Antorcha. Aun si cada partido debía tener un representante en cada casilla, en ésta no había ninguno de Morena. Lo mismo sucedía en muchas de las miles de casillas en todo el estado. Los reportes mediáticos indicaban que numerosos representantes de Morena habían recibido llamadas el día anterior amenazándolos con actos violentos en contra suya y de sus familiares si se presentaban el día de la elección.

Estas amenazas fueron parte de un patrón más amplio de violencia en todo el estado. El sábado al amanecer, representantes en tres oficinas locales de Morena encontraron pilas y pilas de cabezas de cerdos ensangrentadas justo afuera de sus oficinas. A la medianoche, la policía estatal irrumpió en un hotel de Tejupilco donde dormían dirigentes de Morena, con el pretexto de estar buscando armas ilegales. No encontraron ninguna.

Luego, el domingo durante la votación, el Fiscal especial de delitos electorales anunciaba que estaban investigando la desaparición de dos representantes locales de Morena en Metepec y Atlacomulco. En otra delegación de #NiUnFraudeMás, miembros de nuestro grupo fueron amenazados a punta de pistola.

Estas tácticas de intimidación no sólo estaban destinadas a mantener a los representantes de Morena lejos de las casillas de votación, sino también a evitar que los votantes participaran en la elección. Durante todo el día, circularon informes falsos en Twitter diciendo que las autoridades habían pedido a la gente que permaneciera en sus hogares después de un incidente de violencia.

Las actividades que presencié personalmente y de las que se informó en los medios fueron sin duda parte de una campaña concertada para influir en el resultado de la elección. Desde que se cerró la votación se han producido varios informes, incluyendo pruebas en video, de un mal cálculo intencional de votos por las autoridades electorales del estado.

Dada la violencia, coerción y corrupción, los resultados preliminares (no oficiales) de la votación son reveladores: el priista del Mazo lidera la votación frente a Delfina Gómez, de Morena, con sólo tres puntos porcentuales. El 33% de los votos del PRI representa una disminución de casi la mitad respecto a las últimas elecciones en el Estado de México, donde el actual gobernador, Eruviel Ávila, obtuvo hace seis años el 65% de los votos.

Que el recién creado Movimiento de Regeneración Nacional, fundado como partido político en 2014 por Andrés Manuel López Obrador, sea un desafío serio para el PRI a pesar de una campaña masiva de coerción electoral, es una señal de lo mucho que los mexicanos quieren el cambio. También, es una señal de los avances que la izquierda ha logrado en los últimos años, luego de las protestas masivas de los diversos movimientos sociales contra la actual administración del PRI.

Dentro de un año, el país celebrará elecciones presidenciales. López Obrador, de Morena, el candidato más visible hasta el momento, ha liderado las primeras encuestas – a pesar de la propaganda que vincula a Morena y López Obrador con Hugo Chávez y Nicolás Maduro, diciendo que una “dictadura venezolana” llegaría en caso de elegirlo.

Aunque los resultados oficiales de la elección del domingo tardarán algunos días en ser anunciados, con una probable batalla judicial en ciernes, esta elección deja claro que las maquinarias políticas tradicionales realizarán grandes esfuerzos para proteger un status quo de pobreza, desigualdad y violencia. Pero la fuerte presencia de Morena en la cuna misma del priismo también demuestra que es posible un México diferente.

 

(Traducción: Nancy Trigueros, Luis Godoy y Roberto Valdovinos)
Christy Thornton es profesora de historia y estudios internacionales en la Universidad Rowan, y miembro de la junta de North American Congress on Latin America (NACLA).







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