“Cárdenas y Gómez Morín viven”, artículo de Miguel Barbosa
Germán Martínez explota en una lluvia de adjetivos contra el cardenismo, que reafirma la naturaleza golpeadora del ex líder panista. El otrora operador del gobierno de Felipe Calderón realizó un festejo pírrico por la supuesta muerte del cardenismo, señala el senador del PRD.
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El coordinador de la bancada perredista en el Senado, Miguel Barbosa.(Foto: Archivo/Cuartoscuro)

Se reproduce un fragmento del artículo del senador del PRD, Miguel Barbosa, publicado este miércoles en Milenio Diario:

“Cárdenas y Gómez Morín viven” 

Periódico Milenio 

Miércoles 6 de agosto 2014

Algunos textos, como el publicado en un diario nacional por Germán Martínez Cázares hace unos días, desnudan la posición  de la derecha, sus fobias, anhelos y, también, fracasos.

Germán Martínez explota en una lluvia de adjetivos contra el cardenismo, que reafirma la naturaleza golpeadora del ex líder panista.

El otrora operador del gobierno de Felipe Calderón realizó un festejo pírrico por la supuesta muerte del cardenismo. Su beligerancia obnubiló sus palabras y evidenció la ausencia cada día más grande de personajes con ideas en el PAN.

Durante el gobierno de Cárdenas se llevó a cabo el mayor reparto agrario de la historia del país, la defensa y organización de los trabajadores, el impulso a la educación socialista, incluida la creación del Instituto Politécnico Nacional (IPN), y la expropiación de la industria petrolera. Rompió relaciones con la dictadura de Francisco Franco, dio asilo a los republicanos españoles y a los disidentes políticos, como al comisario del Ejército Rojo en la Revolución de 1917, León Trotski.

La derecha que representa Martínez Cazares quisiera borrar a los millones de campesinos beneficiados del reparto agrario del cardenismo. A esta derecha, tan proclive a la existencia de los latifundios y de peones acasillados, siempre ha resultado incómodo que los campesinos pudieran usufructuar la tierra que legítimamente les pertenece.

Esta visión política desearía acabar con los derechos de los trabajadores, como lo intentaron hacer los secretarios de este ramo  durante los dos gobiernos panistas.

La educación socialista,  basada en los conocimientos científicos, es una gran molestia para los partidarios de la instrucción religiosa y la doble moral.

A la derecha le molestó el rompimiento del gobierno mexicano con la dictadura de Francisco Franco, porque no pudieron y no pueden  ocultar sus simpatías por la falange ni evitar el regocijo que les provocó la destrucción del gobierno democrático de la segunda República española, con las bombas de Mussolini y Hitler.

La derecha nunca entendió que el asilo a Trotski fue el distanciamiento del cardenismo con el estalinismo y lo que éste significó años después en la URSS y Europa.

Por supuesto que la derecha se opuso a la expropiación petrolera que nos dio soberanía sobre nuestros recursos energéticos y que ha sido el motor del desarrollo de México.

Con Cárdenas hay un antes y un después en el sistema político mexicano. Antes estuvieron el impulso democrático de Francisco I. Madero, la determinación constitucionalista de Venustiano Carranza, la inteligencia militar y política de Álvaro Obregón, el firme control de Plutarco Elías Calles y el arraigo popular de Emiliano Zapata y Francisco Villa. Después, para cada presidente en turno resultaba inevitable la comparación con el general. Solo uno de los presidentes priístas había intentado medirse con Cárdenas en el campo de la política: Carlos Salinas de Gortari. Fracasó.

Carlos Salinas de Gortari fue la cabeza de un grupo compacto de la élite neoliberal priista. Un equipo político que reunía una alta preparación académica y que estaba convencido de poder construir  un país diferente, para lo cual tenían que sepultar a la Revolución mexicana. El salinismo implicó el desmantelamiento del Estado de bienestar.

Privatizó el ejido, los ferrocarriles, las telecomunicaciones, pero ante las posibilidades de un estallido social; solo avanzó en la primera parte de la privatización energética. Después vino el terrible año de 1994, el levantamiento zapatista, los magnicidios de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu y el error de diciembre, que echaron por tierra los sueños modernizadores salinistas (…)



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