“Frente democrático”, artículo de Manuel Camacho
El senador del PRD, Manuel Camacho Solís, escribe este lunes para El Universal sobre la "alianza" entre panistas y perredistas para trabajar juntos, como un "contrapeso" frente al próximo gobierno de Enrique Peña Nieto.
El senador defendió la alianza entre los partidos de la izquierda con el PAN, que pierde el poder presidencial este mes. (Foto: Archivo/Cuartoscuro)

“Frente democrático”

Manuel Camacho, El Universal

5 de noviembre del 2012

El contrapeso al intento de restaurar una presidencia autoritaria y patrimonialista está en la mayoría opositora del Senado. La mayoría que se construyó para incorporar los contenidos de democracia, transparencia y rendición de cuentas en la reforma laboral —PAN, PRD, PT, MC y para uno de los artículos, también Panal— es la mayoría que hace posible la separación de poderes en México y con ello aporta un sostén fundamental al estado de derecho. Esa mayoría hace viable un frente democrático (en favor de la democracia, la transparencia y la rendición de cuentas) para el cual se han dado los primeros pasos.

En la opinión pública, algunos leyeron la decisión como la conformación de un frente anti-PRI o anti-Enrique Peña Nieto. No es ese el objetivo a alcanzar. En la reunión donde se tomó la decisión de avanzar en la alianza política ninguno de los participantes lo planteó así. En cambio, todos vieron en esta alianza la posibilidad de frenar acciones contra la democracia, el estado de derecho, la falta de rendición de cuentas y de transparencia. No es un frente contra el poder, sino contra la prepotencia.

Para el PAN, el movimiento implica la conciencia de que ya no será gobierno, sino de nuevo oposición. Para la izquierda la conciencia de que, para poder hacer valer sus 15.8 millones de votos, necesita hacer alianzas que le permitan dar respuesta al mandato popular que recibió en las últimas elecciones.

Para el PRI y para el presidente electo, lo ocurrido el día de la votación del Senado y con el acercamiento entre el PAN y las fuerzas progresistas debiera ser una llamada de atención. No tendrán problema para gobernar si aceptan la pluralidad de la elección, pues incluso podrán contar con un respaldo que no conseguirían ni con todo el dinero y la propaganda a la que tendrán acceso.

Pero si el nuevo presidente no respeta esa pluralidad —esos equilibrios— sí podría ir de tumbo en tumbo, de derrota en derrota. Peor aún, podría perder valiosos apoyos opositores que mucha falta le harán al régimen al momento de enfrentar los formidables retos de la gobernanza que se avecina.

Nuestro país es plural y el electorado quiso que siguiera habiendo un gobierno dividido. Nadie tiene la mayoría. El PRI tiene poco más de una tercera parte. La izquierda tiene la tercera parte. La derecha tiene también cerca de la tercera parte. Eso que ocurrió en las urnas también se refleja en una correlación general de fuerzas. Unos tienen más poder sobre el capital, otros sobre la calle; unos gobiernan centros neurálgicos, otros población extendida en el territorio; unos cuentan con el apoyo de los grandes medios, otros con el de los líderes más prestigiados de la opinión.

Si dentro de los equilibrios constitucionales del régimen político se reconoce la pluralidad y se le aprovecha, todo va a ser más fácil. Habrá gobierno y habrá oposición. Y ambos contribuirán a la gobernabilidad. Pero si no se reconoce esto, ni uno ni otro harán bien su papel y todo ello irá en detrimento de la gobernabilidad.

El nuevo cuadro político —con seguridad— no es el que quisiera el nuevo presidente. No es su medio, no está acostumbrado a ello. La política en el Estado de México dista mucho de la pluralidad. Sus métodos no han sido los de la democracia, la transparencia y la rendición de cuentas. La inercia, por lo tanto, lo llevará a un rumbo diferente. De ahí la importancia de un contrapeso, de un contrapoder.

Existe otra posibilidad: que el pragmatismo de quien será presidente lo lleve a reconocer los nuevos hechos y actuar en consecuencia. Si se aferra a las viejas prácticas quedará rápidamente evidenciado. Si reconoce su nueva circunstancia, se le facilitará el cumplimiento de su responsabilidad. En uno o en otro caso, ya se anticipa que las oposiciones harán valer su peso electoral.







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