‘En México parte de la cultura política es populista’: Álvaro Vargas Llosa
El escritor coordina el libro ‘El estallido populista’.
(Twitter/Planeta).

¿Es en verdad el populismo uno de los principales males de Latinoamérica? Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez y Enrique Krauze, son algunos de los periodistas, intelectuales y liberales que responden a esta pregunta en el libro El estallido populista (Planeta) coordinado por Álvaro Vargas Llosa.

Los ensayos ponen la mirilla en Donald Trump y las izquierdas radicales de América Latina. Desde Cuba hasta Venezuela, pasando por el Reino Unido del Brexit, la extrema derecha escandinava o los Estados Unidos, advierten de los riesgos del esta forma de hacer política.

En entrevista, Álvaro Vargas Llosa define el concepto y reconoce que la corrupción desmedida de la clase política ha beneficiado al resurgimiento de esta clase de liderazgos.

Tal parece que el populismo es el origen de los males latinoamericanos…

Ha crecido tanto como fenómeno internacional que ya no es exclusivo de ciertos países latinoamericanos. Hoy es una preocupación en Europa, Estados Unidos y Asia. Una característica nueva es que ataca a países desarrollados y subdesarrollados.

¿Qué es ser populista en el siglo XXI?

No es fácil definirlo porque no es una ideología. Una característica de todos los populismos es la idea de que la comunicación directa entre caudillo y la masa es más importante que las instituciones, por tanto se les puede menospreciar o subordinar para obtener resultados más veloces. Otra característica es que busca enfrentar al pueblo con una élite económica o política. Un rasgo más es la concentración de poder económico en el Estado, puede ser con una justificación nacionalista o anti capitalista, depende de si es de derecha o izquierda.

Dedica un capítulo a Donald Trump, a quien se puede identificar con un populismo de derecha.

El caso de Trump es interesante en el sentido de que ocurre en una democracia muy avanzada. Ejemplifica al caudillo que intenta pasar encima de instituciones muy sólidas. Esta lucha es una constante  en su gobierno.

¿Pero el resurgimiento del populismo se debe al menos en algo, a las fallas del neoliberalismo y los tecnócratas?

Sí, un elemento muy importante fue la crisis financiera de 2008. El hecho de que los responsables políticos y financieros manejaran con tanta irresponsabilidad sus competencias sentó las bases para una reacción populista. Además los partidos políticos se han convertido en grupos de interés. No han sabido renovarse y no hay en ellos una verdadera democracia interna, lo que ha provocado un enorme rechazo de la gente. El populismo está alimentado por gente que rechaza la política tradicional. Quizá la revolución de las comunicaciones ha erosionado la intermediación. Antes el gran intermediario de la información era la prensa; y en la política, los partidos. Hoy la gente piensa que puede prescindir de ambos. Si bien este fenómeno tiene un aspecto positivo, también puede ser peligroso porque la gente menosprecia a los medios, partidos y crea un ánimo comunista.

Peligroso, pero en cierto punto justificable dada la decepción ante los políticos…

Sí, tenemos una herencia terrible de concentración del poder político y económico que ha creado una gran desigualdad. El gran reto de las democracias latinoamericanas consiste en combatirla. Si nos inspiramos en los países que han tenido éxito y entendemos que un sistema democrático liberal con economía de mercado competitiva y descentralizada da más oportunidades a la gente que el sistema contrario, entonces deberíamos optar por él. La cuestión es que en Latinoamérica tenemos gobiernos que preservan la herencia que reciben en lugar de cambiarla. Por eso tenemos gobiernos populistas al estilo de Venezuela y compañía. Frente a la alternativa populista hay otra que no hemos jugado a fondo y que es la liberal. La mejor manera de combatir los males sociales es con una propuesta de signos distintos al populismo.

En el populismo hay matices. No es lo mismo Chile que Venezuela, ni Venezuela es lo mismo que México.

Claro, el caso venezolano es extremo. A cada obstáculo respondió con una versión radical del populismo con resultados dantescos. Frente a eso había que defender una izquierda distinta. Hay una diferencia muy importante entre una izquierda moderada como la uruguaya y la venezolana. Los países donde la izquierda tiene fuerza deben pensar cuál de los extremos prefieren.

¿A la izquierda de López Obrador donde la ubica?

López Obrador, haciendo las diferencias obvias, ha dado señales de estar más orientado a Venezuela que a Uruguay, sin ser tan radical o ideológico. Es populista en un sentido múltiple. Por un lado, la comunicación del caudillo con la masa; promueve un discurso nacionalista en lo económico; mantiene un tono fuerte hacia la clase política. Habrá que ver cómo evoluciona, pero hasta ahora esa ha sido la proyección que manifiesta.

Pero en México, ¿no representa el PRI el origen del populismo con medidas como el subsidio a la pobreza, medidas que incluso fueron heredadas al PAN?

Aquí hay una discusión interesante. Hay liberales mexicanos que piensan que el sistema priista no era populista porque no había un caudillo interno. Sin embargo, yo sí creo que había un populismo real en la relación entre el partido y la clientela política. Salvo en los últimos años, hubo una política económica tradicionalista, un ejemplo es la forma en que se manejó el petróleo y como bien dice, la forma en que se administra la pobreza. Por eso en México parte de la cultura política es populista, y eso probablemente facilita la tarea de López Obrador.

¿Antes que el populismo no será que el verdadero problema es la corrupción? De Brasil a México la corrupción política es enorme. ¿No tendríamos que dirigir ahí la crítica?

Sí, de hecho uno de los elementos que ha alimentado el populismo ha sido la corrupción. El problema es que las instituciones latinoamericanas son débiles, en especial las dedicadas a la justicia. Aun así Brasil está dando un gran ejemplo porque su sistema de justicia está reaccionando muy bien, pero en general la complicidad entre el poder político y económico para intercambiar favores ha sido determinante en el incremento de la corrupción. Sin duda esto ha provocado un divorcio entre la clase política y la gente, y en ese vacío el populismo ha encontrado una gran oportunidad. En México la corrupción ha sido un elemento central.

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