Humberto Beck rescata el pensamiento anarquista de Iván Illich
El escritor mexicano presentará 'Otra modernidad es posible', el próximo 6 de julio en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, en compañía de Javier Sicilia.
(Malpaso,Segio Galaz García).

A Iván Illich habría que rastrearlo entre lo más destacado de la tradición anarquista del siglo XX. A  decir de Humberto Beck (Monterrey, 1980), es necesario recuperar algunos de sus conceptos para encontrar algo de luz en una época convulsa.  De origen austriaco, Illich durante la década de los setenta y ochenta, pasó largas temporadas en Cuernavaca, y es precisamente en aquellos años, donde el escritor regiomontano encuentra la sustancia de su ensayo, Otra modernidad es posible. El pensamiento de Iván Illich (Malpaso), título que será presentado el próximo 6 de julio en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, en compañía de Javier Sicilia y Rafael Lemus.

 ¿Por qué regresar a Iván Illich ahora?

Es uno de los pensadores que han hecho una de las críticas más profundas a la modernidad. A pesar de que sus críticas son de los años setenta, sigue siendo actual. Lo notamos en la  tendencia a la desaparición del empleo formal y la necesidad de repensar otras formas de concebir la actividad social. Otra sería la multiplicación de las redes sociales, la digitalización o de la presencia de la tecnología en la vida cotidiana. A esto sumamos los temas clásicos de Ilich como son la crítica a la salud medicalizada y la educación escolarizada.

Aunque después de los años setenta cayó en el olvido…

Sí, porque en el mundo se instauró el neoliberalismo y la política se derechizó. Se comenzó a hablar de cómo optimizar los mercados y encontrar las maneras de reestructurar las economías, de modo que las propuestas distintas como la de Illich dejaron de interesar. A esto sumamos que él mismo cambió de método de investigación intelectual y se convirtió en un historiador. Pero ahora, hay un renacimiento de la expectativa del cambio social y en esa conversación vuelve a ser muy relevante.

Cierto, volvemos a ver radicalismos intelectuales que se habían perdido ante la tendencia de lo políticamente correcto.

Claro porque parecían poco viables y ni siquiera pertinentes. De lo que se trataba era de continuar la lógica burocrática de los mercados, pero eso ya llegó a un estado de crisis permanente por ello es pertinente recuperarlos. La educación, uno de los temas relevantes de Illich, vuelve a ser relevante porque contradice la idea de que el conocimiento se empaquete y venda como una mercancía. Esto que en principio parece un proyecto igualador, crea una discriminación más perfecta y estorba al aprendizaje personal.

¿Las reformas educativas se siguen guiando por una formación automatizada?

Sí. Incluso en países en los que se ha avanzado en niveles de escolarización, como Estados Unidos, se han creado problemas como la deuda estudiantil. Cada vez más gente termina la universidad y eso que en principio parece un avance no lo es,  porque los estudiantes terminan con una deuda de por vida que para fines prácticos la pone en otra clase social. Se supone que la educación escolarizada te ayuda a encontrar un empleo formal, pero la realidad es que las revoluciones económicas y tecnológicas están desapareciendo esas metas; y por lo tanto cada vez se convierte en un camino más absurdo. La educación formal no creó la igualdad que se esperaba y además no aporta las habilidades que debería; es decir su objetivo inicial está desapareciendo, ya es un sistema absurdo.

Hace poco el filosofó Rob Riemen, me decía que más allá de una revolución tecnología, necesitamos una revolución de pensamiento.

Algo incluso más radical que el marxismo, porque el marxismo sigue siendo una versión de modernidad industrial. Illich es más radical y busca romper con el paradigma productivista. Su crítica va más allá del socialismo industrial. Habría que encontrar sus antecedentes en corrientes como el anarquismo. Es un pensamiento anarquista que dialoga con el socialismo y con cierto liberalismo, pero de una manera original, por eso su pensamiento es tan renovador. El anarquismo tiene una sensibilidad diferente porque se fija en la forma de las instituciones y en sus repercusiones sociales, es decir su crítica a las instituciones es transversal.

Hay un renacimiento de pensadores anarquistas, quizá encabezados por gente como Noam Chomsky…

Cierto, todavía es algo marginal, pero son innegables sus brotes. Con la caída del socialismo a finales del siglo pasado, no se acabó la necesidad de tener nuevas formas de pensamiento radical. Ahí aparece una ventana para que el anarquismo surja como opción; incluso muchas formas de protesta contra la globalización tuvieron una forma de organización anarquista; el brote de ciertos movimientos radicales propositivos como el zapatismo conecta incluso con esta corriente; a esto sumamos las redes sociales e internet,  si bien son algo ambivalentes porque crean nuevas formas de control, también propician espacios para formas de organización más emancipadas y abiertas.

No obstante la percepción generalizada del anarquismo es como algo caótico.

Dentro de la tradición anarquista, a la que pertenece Illich, el caos es el Estado y el capitalismo. El anarquismo se basa en la premisa de una confianza radical en la gente. Si se deja que la sociedad se organice por sí sola encontrará la armonía y es la jerarquía económica o política, la que introduce el caos.

El pensador Peter Sloterdijk propone un sistema tributario basado en la voluntad de la gente. ¿No es demasiado utópico esto?

El anarquismo debería ser sólo uno de los puntos de vista en el debate sobre la organización social, porque claro que tiene límites. Pero hay algo de cierto en la confianza en la organización de la gente. El objetivo no es convertir al anarquismo en el nuevo pensamiento hegemónico, sino simplemente reconocerlo como otro punto de vista que tiene que ser tomado en cuenta. El problema es que esta hegemonía la ocupa el neoliberalismo y el estatismo burocratizado. El gran valor del pensamiento de Iván Illich radica en que creó un lenguaje anarquista afín para el último tercio del siglo XX y el principio del siglo XXI.

¿Qué nos dice Iván Illich ante problemas como el terrorismo o el resurgimiento de nacionalismos?

No se ocupó de estos problemas, pero sí trató las problemáticas sociales de manera tan profunda que son aplicables al presente. Respecto a la migración o los nacionalismos, se vuelve muy prudente su reflexión acerca de la confianza en el poder de las comunidades para organizarse a sí mismas y encontrar soluciones a sus problemas en su propia escala. Su propuesta es que las capacidades tecnológicas de la modernidad tendrían que ponerse al servicio de las comunidades locales, y en la medida en que lo moderno no arrasara con lo comunitario, y por el contrario lo potenciara, desaparecerían las circunstancias de crisis porque disminuiría el número de migrantes.

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