Pedro Salmerón asegura que Villa y Zapata tenían un proyecto de nación
En su libro ‘1915. México en guerra’, el historiador propone una revisión de lo sucedido con la División del Norte.
(Foto: Redacción AN/Planeta).

Durante más de 20 años, el historiador Pedro Salmerón se dedicó a investigar y revisar lo que sucedió con la División del Norte más allá de la visión de los vencedores. El resultado de sus estudios es el libro 1915. México en guerra (Planeta), donde otra versión que apuesta a cambiar la imagen que se tenía hasta ahora de personajes como Francisco Villa y Emiliano Zapata.

En el libro cuestiona las tesis de Katz, Gilly o Arnaldo Córdova, sobre por qué perdió la División del Norte.

Les reconozco que son los mejores pero ellos fueron historiadores en un momento en que la historia militar se consideraba menor y por lo tanto dieron por hecho la explicación de los vencedores. Su búsqueda va por lo social, lo político, económico o diplomático y lo hacen de manera maravillosa. En la cuestión ideológica y diplomática los retomo por completo pero la historia así se construye, cada generación encuentra cosas que no están respondidas.

Su investigación sobre lo sucedido en 1915 reivindica a Villa y Zapata.

Es falso que Villa y Zapata tenían todo a su favor al principio de la guerra. En términos militares encontré una situación equilibrada. Es falso que no tenían un proyecto de nación, sí lo tenían y bien completo; como también lo es que no tuvieran una visión nacional de la guerra ni una estrategia para la toma del poder. Hubo momentos donde la guerra pudo haber sido de otra forma por lo tanto no creo en una fatalidad que condene a los campesinos a perder. La visión de los vencidos en esta historia estuvo escondida y nunca se contrastó con la visión de los vencedores. Descubrí también la enorme capacidad del pueblo de México para organizarse y proponer un país distinto y democrático.

Habla también de que Villa y Zapata proponían un régimen parlamentario.

No hay duda de ello y tampoco de la manera en que discuten a los clásicos del liberalismo radical como Francisco Zarco, Ignacio Ramírez o Melchor Ocampo. Estos campesinos que apenas habían terminado la primaria se pusieron a leer y a discutir estos temas antes de que llegaran los intelectuales.

¿Por qué se les despoja de esta formación teórica?

Los vencedores tienen que plantear que los otros no eran alternativa, así se justifican y cancelan otras posibilidades. Al descalificar a la izquierda descalificas su herencia política y reduces su posibilidad de debate político.

¿Qué tanto nos falta conocer de Villa o Zapata?

No es tanto lo qué nos falta conocer sino lo que cada generación de los mexicanos queremos preguntarles. Sobre Villa hay dos espléndidas biografías la de Katz y la de Paco Ignacio Taibo II; está a punto de salir un libro sobre el Villa bandolero de Jesús Vargas Valdés que no están en los libros anteriores. La historia siempre se discute asimisma y se recrea.

¿Qué me dice de Felipe Ángeles?

Ese es uno de los temas más polémicos del libro. No discuto su hombría de bien, tampoco su honestidad y compromiso con el pueblo. Pero sí discuto la versión dominante que dice que él tenía razón en todas las polémicas con Pancho Villa. En lo personal creo que Villa tenía razón y lo fundamento. Muestro también que el mando militar de la época en todo el mundo estaba anquilosado y le faltaba imaginación por eso la Primera Guerra Mundial no se resuelve en el campo de batalla. Cada que un militar con estudios como Felipe Ángeles que conoce la técnica militar emprende una campaña, es apaleado.

¿Cómo no dejar que el mito o la simpatía por ciertos personajes invadan las interpretaciones del historiado?

Si eres un historiador honesto, apasionado y amas a tu patria, entiendes sus problemas. El historiador no puede negar sus simpatías o antipatías. Hay que reconocerlo y tener conciencia de ello. Sin embargo, la objetividad consiste en hacer que esto influya lo menos posible, esto es la honestidad intelectual. Si encuentras documentos que dejan mal parado a tu héroe o grupo social, ni hablar hay que asumirlo.

Plantea que las “verdades históricas” no siempre son verdad.

Las “Verdades Históricas” me dan escalofríos cuando las dicen los pseudohistoriadores al servicio del régimen, hablo de falsificadores canallas como Macario Schettino. Y me dan aun más miedo cuando las hacen políticos para dar carpetazo a heridas sangrantes de la sociedad mexicana. Los historiadores creemos en la posibilidad de encontrar verdades que expliquen cosas y que siempre estén sujetas a juicio y revisión.

¿Qué nos dice 1915 cien años después?

Nos dice que en la organización y la resistencia popular está la posibilidad de fundar otro país. La persecución contra el periodismo crítico como el de Carmen Aristegui y su equipo de trabajo es una prueba más de que vivimos en un régimen porfirista.

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